martes, diciembre 22, 2015

No quiero ser un personaje de Bergman.

Esto es de lo que quiero escribir.



Muchas veces he dicho y he pensado que soy alguien pesimista. El optimismo desde luego no  va ganando. Mas no sé bien hasta qué punto esto es dar en el clavo. De un tiempo a esta parte no me preocupa ser una cosa, creo incluso que no tienen por qué ser excluyentes una de otra, pero eso también da igual. Sé que sigo siendo capaz de disfrutar de las cosas de un modo apacible o moderado, pero lo que me preocupa es haber estado perdiendo la facultad de disfrutar de las cosas de la vida a tumba abierta (quizá la metáfora no sea muy acertada).  Pero esto no creo que sea porque sea más o menos optimista. Lo que de verdad me preocupa es hasta qué punto estoy amargado y si hay vuelta p’atrás. Pasa el tiempo y no visualizo a mí mismo llorando como un colegiala que espera en la puerta de un hotel donde se aloja mi cantante favorito, ni creo que al leer un libro me vaya a cambiar la vida de cabo a rabo, o que alguien a quien conozca me vaya a maravillar y cambie todas mis filias y fobias, ni me voy dando abrazos a desconocidos por la calle con una sonrisa amplia bajo el influjo de ninguna situación (o sustancia) … todos estos ejemplos y otros equivalentes ahora mismo veo difícil que me sucedan de modo natural y espontáneo. Como poco son muy infrecuentes. Quizá sea simple y llanamente que me hago aún más viejo y pellejo. 

En este punto, lo normal es que estés extendiendo tu mano por si se presenta la feliz ocasión de calzarme una soberana ostia con la palma abierta. Si esta mierda de autoindulgencia te está indignando, seguir leyendo será aún peor. Porque de lo que quiero hablar en realidad es de la nueva película de Star Wars y de lo que me pareció a partir de lo anteriormente esbozado.

El pasado viernes acudí la noche del estreno a ver la nueva peli de "SW El despertar de la fuerza" y con mis expectativas e ilusión en todo lo alto. Pero esa sensación de subidote se desvaneció según empezaba la película. No voy a catalogar lo que me parece bien, ni lo que me pareció mal. Eso es pasto para otro campo. Lo único que puedo decir es que me pareció entretenida pero que no hubo ni un solo momento que me emocionase como si tuviera once años. Y fue una completa decepción.Eso es lo que me preocupó. Al parecer por lo que he oído y leído a la mayoría de los aficionados, dentro de lo normal, les ha gustado y les retrotrae a la mocedad. Yo solamente lo experimenté al ver el tráiler meses atrás.

Enlazando con esto, cuando el sábado ya en casa procedí a cumplir la costumbre adquirida de valorar las películas que no he visto antes y las que voy viendo registrándolas en la web de filmaffinity. Costumbre que pongo en práctica desde finales de 2008. Así de constante soy en mis friqueces. Star Wars EDDLF se mereció un mísero 6. Según he comprobado poco antes de empezar a escribir este post, llevaba algo así como cuatro años sin poner una nota superior a un 8, lo cual apoya la tesis de que sí puedo estar roto en la joie de vivre.

En la tarde de hoy, resacoso tras una última jornada laboral y posterior a una cena de compañeros de trabajo, me he puesto a ver otra película que contradice la sensación que me abate hace unos días. Una peli de las muchas que tengo pendientes y para las que no saco todo el tiempo que debiera. El filme en cuestión era “La Gran Belleza” de Paolo Sorrentino. Una película que lo petó hace un par de años y que por sus muy buenas críticas y su eficaz boca-oreja despertaba mi curiosidad. En otros tiempos de mayor grado personal de cinefilia galopante, no habría dejado pasar  tanto tiempo sin ver. Desde luego no es mi tipo de película favorita y hay partes que me han gustado más y otras que menos, pero lo que no puedo negar es lo mucho que me he emocionado.

La puntuación que le he puesto hace un rato es un 9



Sirva esta entrada como ferviente recomendación y prueba a mí mismo de que no estoy roto del todo.
(aunque ojalá hubiera sido la de los androides, las naves y los sables de luz... –AÑADE UN EMOTICONO CON CARITA TRISTE-)

sábado, mayo 30, 2015

En todas partes hay tesoros

Sin dar más explicaciones (por ser demasiado tediosas) estaba buscando unos apuntes de mis años mozos de la universidad en la buhardilla de la casa de mis padres (refiriéndola así mientras se pueda). En un arcón de mimbre sé que tengo guardados un número considerable de apuntes -mayoritariamente fotocopiados. Estos son de las más peregrinas asignaturas de filología, junto a aquellas también se encuentran las carpetas del instituto y la facultad decoradas con imágenes que me molaban en aquellos momentos (valen su peso en oro).  Dentro de las mismas toda suerte de recordatorios de tiempos pasados. Por ejemplo, me ha molado mucho  una carta -salida de la nada - que me escribió una muchacha en la cual me animaba porque me veía muy deprimido y ofrecía su apoyo para que le contase lo que me pasaba. Pfff... pobrecica cómo iba a saber que ese spleen era una de las "vigas maestras" de mi personalidad. Lo peor es que apenas recordaba haber tenido más que un leve grado de conocimiento casual con esa muchacha y he deducido quién era por las otras personas que mencionaba y a las que al parecer mi comportamiento les resultaba muy agresivo (un saludo!).




Pero lo que  realmente me ha sorprendido es el hallazgo de la portada (mítica a mi entender) del diario La Razón en su número 1806 con fecha de 30 de Octubre del año 2003. Doblada sobre sí misma, pero bien conservada todavía la célebre portada de los clicks de playmobil sobre el mapa del estado español, como alegoría del peligro del exceso de funcionarios públicos que teníamos entonces. Aunque podía haberlo puesto sin más explicación en otra de las redes sociales de moda, creo que pegaba mejor  primero aquí.

Aquí la enseño mientras interrumpo mi estudio para la tediosa oposición de este año:


Ay Ibarreche, ¡menudo trasto estabas hecho!

Lo + seguido