miércoles, febrero 15, 2012

Españoladas de cine: febrero 2012.

Segunda entrega de las opiniones sobre las 24 películas españolas de estreno (y pagando) que veré en 2012. Primer y segundo plato del mes han sido:

PROMOCIÓN FANTASMA
Ficha en filmaffinity y Trailer:
Fecha de visionado: 7/02/2012
Cinematógrafo: Acteón.
Sesión: Martes tarde (18:15h.)
Número total de espectadores en la sesión: 15
Puntuación: 3 (sobre 10)
Docta opinión: Esta película es una hez, es una comedia que no tiene la más mínima gracia, lo cual es grave y no pasa de ser una sucesión de tópicos cutres hilados sin mayor justificación unos detrás de otro. Los personajes son completamente planos, sin profundidad, ni individualidad. Me siento incapaz de diferenciar la personalidad de cada uno de los fantasmas o de los profesores más que por que van vestidos de diferente y son actores distintos. Lo peor es que no es graciosa no sólo porque sus responsables (todos) no tengan la pericia o el talento para conseguir un solo momento divertido; sino porque supuestamente es un producto comercial sin más ánimo que entretener pero lo que realmente parece es un insulto a la capacidad intelectual del público al que se dirige.
Escena predilecta: La aparición de los títulos de crédito. Sus ochenta y ocho minutos se hicieron eternos.
La nominaría a los Goya 2013 por: Efectos especiales (son tan cutres que merecen resaltarse).
Probabilidad de revisionado: Hablaré de volver a verla a cambio una retribución económica no inferior a los 50 euros. Y con el dinero por delante.
Merecía una subvención de dinero público: ¿Un producto con objeto únicamente lúdico y comercial debiera recibir una subvención? Yo creo que no. Yo pienso que estas películas "comerciales" debieran autofinanciarse y que jamás debieran recibir dinero público, ni siendo divertidas y disfrutables, ni (por supesto como en este caso) siendo malas.




KATMANDÚ, UN ESPEJO EN EL CIELO.
Ficha en filmaffinity y Trailer:
Fecha de visionado: 14/01/2012
Cinematógrafo: Acteón
Sesión: Martes tarde (18:15h.)
Número total de espectadores en la sesión: 11
Puntuación: 2 (y no le pongo un uno o un cero pues para ello además de soberanamente mala debería resultarme moralmente censurable)
Docta opinión: He de reconocer el mérito de Iciar Bollaín, si su intención a la hora de abordar esta película es ponerme de mala ostia, esta directora es "una genio". Si no es así, creo que es una castaña. Bastante peor que la anterior película de este mes si las tengo que comparar (al menos la otra es únicamente estúpida).
En esta película y su historia debiera esperar dos cosas: denuncia social y, simple y llana emoción humana. Normalmente tengo prejuicios hacia el cine denominado social pues suelen caer en trillados estereotipos, mensajes pretenciosos, unidireccionales y fatuos; salpimentados de un blandengue dramatismo. En conjunto suele ser siempre lo mismo: sota, caballo y rey… y ahí suele terminar mi crítica.
Aquí me he enfrentado a una absoluta nadería que no cumple ni siquiera con lo que se espera de su historia. Y mucho menos consigue trascenderla. Una película que debería ser un vehículo para mostrar algo, no sé: la fortaleza del espíritu humano ante la adversidad o señalar los problemas de un entorno corrompido por equis problemas… La película tiene a mi juicio la misma calidez humana que pueda tener un electrodoméstico desenchufado. Una historia donde se tratan temas como la pobreza, el hambre o la prostitución infantil, desde una perspectiva superficial, sin visos de retratar un compromiso verdadero, solamente impostado y que sinceramente me han entrado por un oído y salido por el otro dejando sólo un poso de sopor y vergüenza ajena. ¿Por qué contar una historia que sucede en Nepal y no en un poblado gitano de las afueras de una ciudad española cualquiera? Quizá porque Nepal es exótico y queda muy cool, pero no hay ninguna profundización en el entorno y sus problemas, que parecen dar un poco igual. Todo lo que ocurre es previsible y además carente de un dramatismo auténtico. La historia no tiene nada, en ningún momento he sentido ninguna identificación o comprensión por la profesora y su labor. Todo sucede por que sí, con una linealidad de vergüenza y qué me hace preguntarme si realmente soy yo quien está podrido por dentro. Pero creo que esta vez sospecho que no es eso, pues si me diese realmente igual no me molestaría con el cómo y el porqué. ¡Manda cojones que YO crítique una película por ser frívola y superficial!
En cualquier caso, creo estar ante una seria candidata a la película que menos me gustará en este año porque además de todo lodicho anteriormente lo peor de todo es que además es mortalmente aburrida. Ojalá no tenga que ver ninguna peor que esta.
Escena predilecta: En un momento en la escuela un niño siente la necesidad de defecar e inmediatamente después hay un primer plano (sostenido unos segundos) de un excremento rodeado de lombrices. No es que me haya gustado o hecho gracia, sino que he de decir que me parece la metáfora perfecta para calificar la película.
La nominaría a los Goya 2013 por: Si no hubiese otros competidores, por mí todos los premios quedarían desiertos.
Probabilidad de revisionado: Negativo.
Merecía una subvención de dinero público: Deberían devolver hasta el último céntimo recibido.




Las pelis de enero resultaron ser un espejismo (siendo aprobados pelados) y en febrero ya hemos visto lo que puede deparar el cine español.
Este mes sólo quedó un estreno español al que optamos dar de lado, una película titulada Lo mejor de Eva y que visto lo visto, difícilmente pueda ser peor que lo que elegimos.

Bueno, ya van vistas cuatro y quedan aún otras veinte para los próximos diez meses.

P.S. Como rito al inicio de cada una de las película hemos decidido aplaudir y vitorear como necios en los créditos del inicio de las películas cuando aparezca el logotipo del Ministerio de cultura y el logo de los créditos ICO.

domingo, febrero 12, 2012

Acertar no es nada fácil.

Ayer sábado, con motivo de la asistencia a un convite de cumpleaños y la búsqueda de un regalo para la anfitriona, comentaba Cho. -al que vuelvo a robar una idea para un post- la cantidad de libros regalados en las más variopintas ocasiones que tenía por casa sin haberlos tocado y sin tener la más mínima intención de hacerlo a largo plazo.

Hoy he estado cotilleando mis estanterías y han aparecido un buen montón de estos ejemplares que descansan en el panteón de los libros cubiertos por una sempiterna capa de polvo (muchos de los cuales no fueron regalados sino comprados por mí mismo y están esperando pacientemente su quimérico turno de lectura). Por desgracia, no todos han corrido esta suerte pues otros libros de regalo menos “afortunados” fueron inmediatamente descambiados mediante ticket-regalo tras haberlos recibido. Estos, queda claro que no me interesan en absoluto e incluso me pudo avergonzar tanto tenerlos que hube de deshacerme de ellos con la mayor celeridad; pero qué sucede con los otros, los que conservo. ¿Por qué razón me los quedé, si ahora cuando los miro me pregunto si verdaderamente he tenido alguna intención de leerlos? Resulta ser todo un enigma y seguramente debiera hacer análisis de mi enfermizo deseo de poseer bienes materiales y valorar concienzudamente si se trata de un bonito síndrome de Diógenes o algo mucho peor.

Pero eso no toca hoy; dedicaré la entrada de hoy a confeccionar un ranking de aquellos libros que me han regalado en los últimos años y que conservo aún sabiendo que no tengo ninguna intención de leerlos debido a los más caprichosos de los motivos.
La razón para realizar este inútil listado no es más que demostrar que soy un completo desagradecido y una especie de sociópata o gilipollas; y más sabiendo que algunos de los regaladores de estos ejemplares leerán este agravio contra ellos en breves fechas. Mas espero no ofenderos en demasía y lo entendáis como una broma cruel o un ajuste de cuentas… no os incomodéis, son gajes del oficio y bien sé que vosotros conserváis en vuestras bibliotecas personales otros muchos ejemplares regalados con características de similar desinterés y quizá con algo de fortuna incluso habrán sido regalados por mí (agradeceré en este caso compartáis los títulos y vuestras inquietudes al respecto en los comentarios). En cualquier caso, aunque no acertéis con el objeto material, yo siempre agradezco el gesto y entiendo que es muy complejo dar con algo que me guste y no me haya comprado yo mismo antes. Además, en el riesgo de no acertar con los gustos de tus conocidos está la gloria ¿no?.

El criterio organizador a día de hoy será el de la mayor ojeriza me provocan y cuanto más altas sean las probabilidades de no leerlo en un futuro cercano. Pasemos al “top 10” con mis opiniones basadas únicamente en prejuicios sin fundamento alguno:

10. – Bien dotado. Lawrence Schimel. Edita Laertes (Col. Rey de bastos)
Ejemplar regalado en plan broma graciosa o mala idea por Cho. hace una década. Se trata de un libro de relatos eróticos gay y no tiene pinta de ser ni siquiera divertido.

Posibilidad de lectura futura: Poco probable después de una década esperando su ocasión, aunque siempre recuerdo otro título de la misma colección que aparece en la solapa ("El gladiador de Chueca") y que solo por su denominación, de caer en mis manos leería al instante.

9. – Perdona si te llamo amor. Federicco Moccia. Edita: Planeta internacional.
El penúltimo de la lista ha sido elegido para representar a los libros que un alumno adolescente (o más bien sus padres) le regala a su profesor de literatura con las más peregrinas justificaciones: haber caído en la desgracia que te toque el profe en el amigo invisible de navidad, un detalle amistosos para limar asperezas o el simple y clásico peloteo. En cualquier caso, estos regalos suelen ser cambiados inmediatamente con su ticket regalo por algo más de mi agrado, pero en esta ocasión me contuve por dos motivos: la niña que me lo regaló no me dio ticket, y en segundo lugar; me molaba tener en propiedad todo un best-seller adolescente.

Posibilidad de lectura futura: Caer en un reto o apuesta para que me lo lea.

8. - La Venus de las pieles. Leopold von Sacher-Masoch. Edita Tusquets editores (Col. La sonrisa vertical)
Este volumen fue el regalo de un antiguo compañero de trabajo al que invité a un cumpleaños y debió sentirse comprometido a llevar un regalo. Debía pensar que tenía toda la pinta de un perverso sexual o un sátiro y tendría interés por la literatura erótica, lo cual me pareció bien e incluso halagador. Hasta que llegué a leer la contraportada con el siguiente fragmento: “Según el filósofo francés Gilles Deleuze, que dedicó un largo estudio a Sacher-Masoch, y concretamente a La Venus de las pieles, «la obra de Masoch concentra todas las fuerzas del Romanticismo alemán. En mi opinión, ningún otro escritor empleó con tanto talento los recursos de la fantasía y del suspense. Tiene una manera muy particular de desexualizar el amor pero, a la vez, de sexualizar por entero toda la historia de la humanidad».” Tras leer esto, perdí todo el interés con la intuición que el interior del libro sería un soberano coñazo (Advertencia: Si lo recomienda un filosofo francés, malo).

Posibilidad de lectura futura:
Un elevado nivel de aburrimiento e imposibilidad de acceder a otras formas de pasar el rato, no sé, estando en prisión o algo similar.


7. – Berlín, ciudad de humo, Vol. 2. Jason Lutes. Edita: Astiberri (Col. Sillón orejero)
Esta novela gráfica me la regalo mi amigo CSV a sabiendas que me gustan los cómics, lo que él no debía saber es que no me gustan “todos los cómics”. El caso de este cómic es la prueba fehaciente de que los comics underground y gafapasta me parecen aburridísimos. Por supuesto, no me lo he leído pero sí me leí las primeras 100 páginas del primer volumen y me dio un punzante dolor de cabeza.

Posibilidad de lectura futura: Sólo se me ocurre que me quede sin ningún otro cómic por leer, cosa harto improbable.

6. – El último deseo. Adrezej Sapokowski. Edita Alamut.
Un regalo del ex.novio de una amiga mía que advertido sobre mis gustos hacia los tebeos y en especial, los superhéroes; sumo dos y dos y pensó que era seguro que también me chanase la literatura de fantasía, espada y brujería o como a mí me gusta llamarlos: los engendros del Timun mas. Por supuesto se equivocó, las sagas de libros de este tipo me causan total desinterés.

Posibilidad de lectura futura: Sufrir un grave accidente que me postre en cama meses y meses, y ante la imposibilidad de hacer nada mejor dedique mi tiempo a leer cualquier cosa a mi alcance y aún así tengo mis dudas que me picase la curiosidad.

5. – El legado I: Eragon. Christopher Paolini. Edita: Roca.
Este tocho fue un regalo de amigo invisible de una compañera de trabajo de cuando trabajaba de teleoperata. La literatura destinada al público juvenil no puede causarme más que pereza, si se trata de best-sellers, más todavía.

Posibilidad de lectura futura: Imposible. Por curiosidad malsana, vi la adaptación cinematográfica basada en este libro y ni siquiera la película me apetecería volver a ver.

4. - Crezco. Ben Brooks. Edita: Blackie books.
Este libro es el típico caso de coger manía a un objeto nada más verlo y sólo por prejuicios. Se trata del regalo de M.L. que me hizo en mi último cumpleaños, al abrirlo y ver su título lo crucifiqué pareciéndome un abominable libro de autoayuda. Al ver el semblante de desagrado que debí manifestar M.L. intentó venderme la burra diciéndome que estaba guay y que lo había escrito un chico de solamente dieciocho años. Eso fue la último clavo para cerrar el ataúd de mis prejuicios, pues no creo que un púber (ceniciento) tenga nada interesante que decirme, mientras que si quien habla es un yayo mi interés por lo que tenga que decir se acrecienta exponencialmente a su edad.

Posibilidad de lectura futura: Quiero que sepas M.L. que no lo voy a leer ni en mil años, ni tampoco voy a dejar que nadie lo lea… aunque eso sí, conmigo se queda.


3. – Visión desde el fondo del mar. Rafael Argullol. Edita: Acantilado.
Un regalo a pachas de PPP y M.L. como buenas filólogas siempre andan ojo avizor a los “nuevos” nombres literarios que hay que conocer y recomendar. En especial PPP quien siente especial predilección por este autor y a quien (diciéndolo burdamente) se le hace el culo Pepsicola cada vez que sale su nombre a colación. Pues bien, a diferencia de todos los demás libros de esta lista, con este sí tuve la tentativa de empezar y leí poco más de sesenta páginas de un tirón, distribuidas en diversos capítulos, pero no me pispé de nada y no hallé sentido alguno a lo que leía. Abrumado por mi fracaso y por las 1212 páginas del libro, decidí aparcarlo para una mejor ocasión: como mínimo, en mi jubilación.

Posibilidad de lectura futura: Reitero. Empecé, no me moló y tiene mil doscientas páginas. ¿Tengo que decir más?

2. – El libro de la almohada. Sei Shonagon. Edita Alianza.
1. – Kitchen. Banana Yoshimoto. Edita: Tusquets (Col. Andanzas)

En los dos primeros puestos pongo dos libros que me regaló a la vez CSV. Ambos de procedencia japonesa aunque fechados con diez siglos de diferencia. Seguramente CSV estaría pasando una fase pro-nipona. Desde el primer instante que los vi, no me atrajo ninguno de los dos, e incluso sabiendo que uno de los autores se llamaba Banana. Nada, cero curiosidad. La razón por la que el de Banana está en el primer puesto, es que prácticamente cada vez que hablo con el regalador del mismo, me pregunta si ya me lo he leído. Por supuesto, le digo que todavía no y entonces me cuestiona sobre si he leído el otro. Lo siento, CSV. Ya han alcanzado un status irreversible, pero no pierdas la esperanza.

Posibilidad de lectura futura: Me niego, esto es algo personal contra su regalador. Aunque el infierno se hiele o cualquier otro paradoja imposible que ocurra.


Todos nuevecitos.

Bueno con esto concluyo otra patochada de domingo. La próxima vez que hable de libros garantizo que será por que me los he leído y quiera comentarlos.

viernes, febrero 03, 2012

Juramento de no intervención.


¡Soy... el vigilante!
Desde tiempo inmemorial, yo y otros de mi raza hemos contemplado la miríada de maravillas del universo. Nuestra misión, nuestro sagrado deber, es observar siempre, sin interferir jamás.

Uatu el Vigilante en el clásico "Uncanny X-Men #137".

Con esta entrada –la octava del año- ya supero las plusmarcas de entradas escritas en este bloj en los dos años precedentes. Ahora en lugar de regodearme en mi record, voy a ser modesto y pensar en cotas más altas. Sólo queda volver a tener una media decente, no creo que llegue a acercarme siquiera a los doscientos sesenta y ocho mensajes escritos en 2005 [¿De qué cojones escribiría tanto?].
Hoy me he acordado especialmente de aquella época: pues he presenciado un par de conversaciones ajenas que me han hecho especial gracia. Recordaba como en aquellos días del primer lustro del siglo XXI me dedicaba sin rubor en fusilar las conversaciones, anécdotas y aspavientos de otros que encontraba en mi camino. Normalmente acaecían en el autobús, en el metro o en la Renfe… aquellos cotilleos de desconocidos que desde que tengo uso de memoria me han hecho más gracia que casi cualquier otra cosa en el mundo. Es más, el primer título que pensé para esta bitácora fue plagiar el del libro de Roger Wolfe: “Días perdidos en los transportes públicos” pero después me decanté por la denominación actual. Situémonos en los dos relatos de hoy:


Ayer por la mañana, como he empezado a hacer desde hace un par de semanas, decidí ir a la piscina municipal para echarme unos largos y ver como mi lamentable estado de forma me pone en evidencia una vez más. Mientras me deslomaba con todas mis fuerzas a nadar a crol, veía como me doblaba en otra calle una señora mayor nadando a braza o incluso a estilo perrito. Tras haber chapoteado y bajado mi autoestima lo suficiente, procedí a ir a las duchas del vestuario masculino. Un lugar donde el macho íbero sufre el estigma de la incomodidad y el pudor propio y ajeno. En ese entorno coincidía en las duchas con otros tres maromos. Entonces cuando cada uno enjabonaba su propio cuerpo, un muchacho le preguntaba a otro la frase que ninguno esperaba en ese contexto y que bordeaba la utopía filogay: - Oye macho, ¿ya no traes bollitos?

Entonces el otro muchacho y yo cruzamos una mirada que sólo puedo calificar como de extrañeza y estupefacción. Por suerte, no se trataba de una tosca metáfora sexual. Digo “por suerte” no por prejuicio homofóbico, sino porque la conversación que vino después y que se alargaría hasta el proceso de vestirnos me encandiló completamente.
Al parecer, uno de los colegas de la ducha era un trabajador de la fábrica de Bimbo y el otro sabiéndolo intentaba lucrarse de su condición para conseguir unos buenos tigretones, panterasrosas u bucaneros por toda la patilla. Entonces el empleado de la panificadora le ha informado al otro (y a los escuchas de las cercanías) como aunque seguía perteneciendo a la sección de bollería de la empresa, en la fábrica de Madrid ya no se hacían bollos como los conoce la plebe inexperta. La sección de bollería se dedicaba única y exclusivamente a realizar los panecillos de hamburguesas para todos los Burguer King de España y Portugal. Los ‘tigretones’ se hacían en la fábrica de Almansa. Después ha contado todo tipo de cotilleos de pan de molde: cómo el pan de molde Bimbo se hace con materiales diferentes que los panes de molde de marcas blancas de Mercadona, Día o Hipercor. Llegando incluso a lavar las máquinas de hacer pan cuando hacen el de la propia marca Bimbo y segregarlo completamente del otro. Aunque (esto lo ha contado con especial énfasis) la masa del panbimbo de sehgunda categoría del Mercadona, Día e Hipercor es exactamente el mismo, y solamente cambian el envoltorio y el precio. En este punto ya no tenía excusa para seguir escuchando, estaba vestido y me tenía que marchar, aunque yo quería seguir sabiendo más información de pan Bimbo para soltarla como conocimiento inútil a la mínima oportunidad que se me presente.


La segunda conversación del día la he interceptado viajando en autobús. Me he sentado detrás de dos jóvenes veintimuchiañeras que salían de trabajar del supermercado que hay en las cercanías de mi hogar. En lugar de abstraerme en la lectura, la audición de música o la navegación 3G de mi teléfono móvil he procedido al ruin arte de cotillear sin rubor al prójimo. Una de las chicas le decía a la otra que por fin iba a poder cumplir su sueño de asistir al teatro. Entonces ha confesado que en otra ocasión había intentado conocer el mundo de las artes escénicas de primera mano pero había sido un fraude porque no era de (palabras textuales) actores famosos sino de actorcillos de arte dramático y claro ésta, eso no contaba. Además al parecer no hubo ni butacas sino que en público se tenía que sentar en bancos. La obra que iba a ver en fechas próximas era de Carmen Machi y eso le daba el crédito suficiente de saber que esta vez no la iban a tomar el pelo otra vez. Entonces su colega, dándose aires de superioridad por conocer lo que su amiga desconocía le ha soltado como si tal cosa: -Ya verás (tía), no tiene nada que ver con como actúan en el cine; los actores gritan más.
En ese momento, mientras intentaba aguantarme el despolle sabía que todo lo dicho era la crítica más cruel y certera que había escuchado nunca contra el mundillo teatral, y que suscribo punto por punto. Pero aún quedaba el último canto de cisne de las chicas antes de tener que bajarme del bús. La aficionada experta al teatro le ha explicado a la otra como el finde pasado había ido al “Primark” con su sobrina y le había comprado una caja con doscientas horquillas decoradas con los ‘monster’. Y claro molaban tanto que se había comprado otra caja para ella. Entonces, ha metido la mano en el bolso y ha sacado la mano llena de horquillas teenagers y le ha dicho a la otra: -¡Pilla las que quieras!-


¡Viva el extrarradio una y otra vez!
¿Qué queréis? Estas tontás son las que me molan y me dan la vida.

Hasta la próxima.

Lo + seguido