miércoles, junio 23, 2010

Tauromaquia de COU

Quiero dar mi opinión acerca de la tauromaquia y la fiesta nacional.

Para entrar en antecedentes, he de decir que si algo me da auténtico asco y crea en mí verdadera repulsión, esto es la violencia hacia los animales. Desde que tengo memoria de mí mismo he sido muy bichero. En mi hogar familiar siempre hubo perro, cuando no hamsters, pájaros, tortugas y hasta en una ocasión tuvimos un gato [Donato se llamaba, pues era negro como un demonio y tenía ojos amarillos - viva encarnación del mal como todos los de su especie -]. Si me daba por meter un cangrejo de río en un cubo con agua en la terraza, sálvandolo de la paella, el muy mamón lejos de palmar al día siguiente, duraba dos o tres semanas contra todo pronóstico.

Si bien es cierto que tengo un interés nulo por la naturaleza y todo aquello que no esté debidamente asfaltado, el reino animal goza de mi total simpatía. Sin lugar a dudas soy de aquellos que dice llevándose la mano al corazón que quiere más a sus perros que a cualquier ser humano. Además recelo de todos aquellos que no piensan igual pues me parecen aunténticas personas desalmadas. Con esto quiero recalcar que si algo es capaz de traumatizarme y hacerme apartar la mirada es una escena de violencia hacia los animales. Es superior a mí. Pensar en peleas de perros, escenas de zoofilia o cualquier otra aberración similar implicando bichos, consigue revolverme el estómago más que ninguna otra cosa.

Hasta aquí mi postura hacia la tauromaquia está meridianamente clara: no me gusta el espectáculo taurino. Me apena la tortura que sufre el toro y entre dientes anhelo la devolución del castigo al torero.

Pero por otra parte encuentro que en el mundo de la tauromaquia no todo es igual de desagradable y reprochable. Es donde surge la fígura del experto taurino. Esa suerte de proto-hombre superior que todo lo que dice hace que suba el pan. Personajes poseedores de ese lexicón infinito que le hace emplear registros obsoletos y arcaizantes con total soltura y naturalidad, dotándolos de una pátina de absoluta modernidad. Ejemplares vivos de lo que viene a ser un auténtico PUTO AMO intemporal.

Y es aquí donde lo que me dice el corazón entra en conflicto con lo que alega mi cabeza. ¿Merece la pena que todo siga como hasta ahora con el conflicto que supone? -Vive y deja morir - ¿O es mejor prohibir la fiesta y hacer que una especie humana tan pintoresca se extinga?, ¿se debe coartar una tradición porque no se ajuste al canón moral actual? Sinceramente, no tengo respuesta. Aunque si me dejaran votar por prohibir las corridas de toros seguramente votaria por su extinción.
Uff! que debate tan trepidante digno de segundo de bachillerato ha dado lugar mi post de hoy. Disculpad pero estoy oxidado.


P.D. Todo esta parrafada de sandeces viene a mi descabalada cabeza a dos días de mi examen de oposición mientras estudiaba en la biblioteca junto a los tropecientos volúmenes de 'El Cossio: Los toros tratado técnico e histórico' Enciclopedia taurina completa que daría lustre la estanteria Billy de cualquier hogar.

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