martes, septiembre 29, 2009

El barrio de Maravillas.

- Oye, ¿Tú has escuchado algo alguna vez sobre el padre de Franco? -


Hay una tienda que visito ocasionalmente en el centro. Un lugar donde además de la búsqueda y adquisición de bienes de consumo que empleo para colmar mis enormes ‘aBujeros’ existenciales, y donde además encuentro la cordial charla de su tendero. Un hombre que dice tener cincuentaymuchos años, aunque te habla como si tuviera muchos más. Un individuo que intenta paliar su aburrimiento contándole sus cosas a cualquiera que pase por allí. Como un buen profesional en hablar con desconocidos contándoles su rollo, estos descubrirán que es complicado ignorar la charla o simplemente cortar para despedirse. Esto no quiere decir que lo que te esté contando sea un tostón, ni mucho menos. Tampoco que siempre sea la repanocha, a veces las peroratas se desvían a temas de poco interés: política local, música ye-ýe, hembras, el tiempo meteorológico, lo mal que va el mundo, etc… Pero el buen oyente sabe esperar a que la cabra tire al monte y termine por encauzarse a sus 'greatest hits'. Lo sé porque hoy mismo he escuchado como relataba a una pareja, palabra por palabra, unas historias que me contase hace un mes y pico. He de reconocer que esto me resulta más entrañable que pesado. El tema que más le gusta es la analepsis del Madrid de los años 50 y 60. Un tema en mi opinión fascinante porque como un juglar moderno sabe empatizar con su audiencia. Primeramente hace un recorrido por la zona centro y como han cambiado las zonas de lo que eran a lo que son. Pero su mayor logro es que sabe captar la atención de su público objetivo, salpimentando su relato con dos técnicas narrativas infalibles: las leyendas (cotilleos) de celebridades (de la época) y aderezar las historias con prostitutas.
Con estos dos ardides narrativos cualquier historia anodina colma de interés y expectación al más pintado. Y si las sabes combinar adecuadamente, podrás alcanzar la gloria con facilidad.

Un ejemplo de lo que digo es como este señor empieza a contar sus cosas de cómo ha cambiado Madrid, y como cuando no había Corte inglés, existían unos grandes almacenes por Fuencarral donde iban a comprar las señoras de tronío como la reina Fabiola. Pero donde también acudían los más insignificantes pelagatos. Entonces hace referencia a una señora mayor que ejerce la prostitución en las calles aledañas desde hace 40 años y como en aquella época acudía a esos almacenes a comprar tela y patrones para hacerse sus vestidos. Allí los mismos empleados que atendían a Fabiola de Mora y Aragón consorte de Balduino I de Bélgica, se llevaban a la señora puta a un aparte y a cambio de que le enseñase las tetas, se dejase magrear o hiciese otras aplicaciones se llevaba gradualmente más metros de tela.

Aunque mi historia predilecta de este hombre es una que empieza de cómo donde ahora se enfilan las pubs, tiendas y outlets de moderneo en las calles de Malasaña (antes conocido como Barrio de Maravillas), otrora estaba la calle más comercial de Madrid, con las mejores joyerías de la capital y encima de esas joyerías estaban los lupanares de alto standing, donde sólo podía subir uno si era ministro o similar. Pero allí también estaba guardado uno de los mayores secretos celosamente ocultos del régimen franquista. La residencia del padre del caudillo, donde vivía amancebado con su ‘Querida’. Y en ese momento te pregunta si alguna vez has oído algún dato sobre el padre de Franco. Y lo normal, creo yo, es contestar que no. Entonces te explica como Franco no soportaba a su padre que había abandonado a su madre y en represalia no dejaba que su progenitor cumpliera con el sueño de su vida que era ser miembro de la masonería.

Por más que pienso en estas historias, poco o nada me importa su rigor o si son o no ficción. El que alguien pueda contarte estas cosas es para mi completamente reconfortante.

martes, septiembre 22, 2009

La vuelta al cole & [CBDIDS XII]

Ya me adentro en la segunda semana de desempleo. El plan hasta Junio 2010, es dedicarme a estudiar para el examen de oposición. Aunque ya he tenido tiempo más que de sobra para mentalizarme, empiezo a darme cuenta de lo duro que me va a resultar imponerme a mi mismo una rutina y una obligación sin que nadie me vigile: un jefe, un profesor, el miedo a que se enteren mis progenitores... esos benditos agentes externos de presión. Me gusta decir que soy la inconstancia hecha carne y en cierta medida es verdad. Llevo unos días tonteando (no tiene otro nombre) con el temario de oposición y miro hacia delante con vértigo, ¡cuántos meses me quedan!, y como ahora ¡lo poco que me preocupa lo mucho que tengo por hacer!

Voy a intentar volver a escribir en el bloj. Como siempre me va a salir más barato que la terapia (parece ser que me saldría carísimo) y podré escribir tochos enormes haciendo más patente si cabe mi victimismo (eso dice un test de feisbuc sobre mis patologías) a los demás. Algo que espero sirva para desahogarme y para ustedes mis bienamados lectores (¿quedará alguien?) que me deis un buen par de ostias de realidad de vez en cuando. Buena falta me hacen/harán.

Bueno siento volver con esta entrada tan patética, pero es que me encuentro bastante desorientado (bueno, incluso más de lo que es habitual) y esto al fin y al cabo versa sobre mí.

Por contar algo más lúdico y sin aparente relación con lo anterior, (puede que sí, puede que no) contaré últimamente estoy teniendo unos sueños rarísimos (de los cuales tengo ya alguno para relatar aquí como en otros tiempos), lo cual me alegra porque llevaba mucho tiempo sin tener sueños tontos con tanta prodigalidad. Por ejemplo, esta mañana me he despertado alterado a causa de que mi yo onírico tuviese un conejillo de indias que me daba grandes preocupaciones.

(INTERLUDIO EXPLICATIVO)Antes de empezar al meollo de la historia contaré que un referente que aparece con recurrencia en mis sueños son los hamster. Unos bichos que tuve durante grandes fases de mi infancia y a los que visto ahora con perspectiva del siglo XXI les daba una vida terrible por culpa de mi “cariño”. El leit motiv que se ha repetido innumerables veces en mis sueños con los hamsters es que sigo teniéndolos, pero me olvido completamente de ellos. Alimentarles, limpiarles, prestarles atención, etcétera. En cualquier momento en el transcurso de cualquier sueño, sea lo que sea, aparece esta preocupación y me sumerge en un vórtice de ansiedad por ir a mi casa, comprobar si siguen vivos y pueda darles de comer. Una sensación terrible amigos que me lleva aquejando años. Ahora volvamos a la vuelta de tuerca sobre el tema que tuvo mi última ensoñación…(FIN DEL INTERLUDIO EXPLICATIVO)


El intrépido roedor era todo el Houdini de los jerbos. Conseguía escaparse por mucho que le cambiase de jaula y este hecho hacía que tenerlo como mascota fuese un continuo quebradero de cabeza. En mi fuero interno no me preocupa que el conejillo de indias se escapase y se perdiese, o que royese un cable eléctrico y se quedase pegado al pulirse la protección de plástico (razón por la que murió uno de mis hamster de niño) o cualquier otra catástrofe que pusiese en peligro su vida. No. Mi preocupación se encaminaba hacia sus vecinitos jaula: mis (una vez más) hamsters. Una intuición me hacia pensar que si el conejillo podía salir de su jaula era para introducirse en la de los hamsters.

Cada vez que pillaba al bicho maligno con apariencia inofensiva intentando escaparse de su cárcel de inexpugnables hierros, manifestaba mi intención de separar ambas jaulas. Por supuesto, mis intenciones eran frustradas por múltiples motivos y visto con recelo y desconfianza por otros humanos (es decir, mis progenitores). Al final se resolvió el misterio que hizo despertarme con taquicardia a las ocho de la mañana. Al coger al conejillo de indias en un último intento de fuga, acercándose con aviesas intenciones a la otra jaula, el conejillo intentarme dar un mordisco reconociéndome como su enemigo. Yo lograba zafarme del mordisco conejil, pero me percataba de que había algo irregular. Al fijarme descubría que el roedor tras sus característicos dientes delanteros (los paletos de toda la vida) tenía dos colmillos de vampiro. En ese intante me despertaba saliendo de la tremenda tensión del sueño.

Me fascina como soy capaz de tener los sueños con las historias más bobas del mundo y que (seguramente) sean el reflejo de mis más hondas preocupaciones. Pero eso sí, a saber cuáles son.

Hasta la próxima.

Lo + seguido