martes, febrero 17, 2009

Tengo el corazón contento.

Azuzado por Cho me pongo a ver videos de lo que es una verdadera artista completa con una carrera intachable de varias décadas repleta de chanantadas y sin un videoclip malo. Atención a unas muestras predilectas (siendo incapaz de elegir solo uno):



CHUTAZO ADRENALÍTICO (Trágicamente han quitado del Llutub la versión de la coreografía en la gasolinera con Jaime de Mora y Aragón).


BOLLYWOOD CAÑÍ.


AUNANDO TRADICIÓN Y PROGRESO.


Nuff said! Valerio Lazarov es un genio nunca lo suficiente ponderado.

P.S. A última hora MB me recomienda este:

martes, febrero 03, 2009

Todo da lo mismo.

Oigo dos fragmetos de conversación en la renfre que me subyugan. Entrando en acción definiré a mis protagonistas como dos 'Chonis de Facultad', es decir lo que yo entiendo por algunos ejemplares que hay en las distintas universidades españolas y que están allí por que es lo que hay que hacer y por como se expresan o sus temas de conversación findesemanera uno podría confundirlos perfectamente con por ejemplo fruteros, torneros fresadores o dependienta de frutos secos (dignísimas todas).


Fragmento 1.
PAQUIRRÍN - No soporto la gente que va todos los días con los cajcos puestos.
TECHI - Sí y no es bueno para el oído.
PAQUIRRÍN - Desde luego yo cuando me acerco a un desconocido para pedir un cigarro, directamente se los quito.
TECHI - ¿Qué?
PAQUIRRÍN - Les quito los cascos para que me oigan.


Fragmento 2.

TECHI - Eso es parecido a 'diario de un Skin'
PAQUIRRÍN - Yo me lo leí en un rato. Pero yo estoy muy acostumbrado a leer.
TECHI - Yo también leo rápido pero cuando llego a lo del medio.


También quiero comentar como por una peregrina recomendación llego a un escritor polaco desconocido para mí. Aunque no encuentro el libro que me recomendaron, ('El árbol') lo encargo, y me llevo uno de cuentos que sí estaba allí ('La Vida difícil'). Al subir en el autobus hojeo el contenido y leo el primer relato de solo dos páginas de extensión. Quedo impresionado y decido copypastearlo aquí.

LA REVOLUCIÓN

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo... Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

SLAWOMIR MROZEK.

domingo, febrero 01, 2009

Mira a ver como te arrimo una ostia.

No me considero una persona violenta. Es más soy de los que piensan que dada la ocasión, con las orejas gachas y sin pudor recurriré a la cobarde huida ante cualquier conflicto que pueda desembocar en violencia física (no así a la verbal o cualquier variante de terror psicológico). Probablemente se deba a que temo que recibiré mucho más de lo que pueda dar, o que sé que no sacaré nada en claro, o que sigo anclado en algún rol de pardillo de instituto y no salgo de ahí. En cualquier caso esta decisión me lleva siempre a mirar con desdén liberal y por encima del hombro como garrulos y gañanes a todos aquellos/as que a la mínima ocasión recurren a la violencia física (los malotes). En definitiva esta pacifista y poco-viril opción vital es la que me caracteriza desde siempre.

El pasado sábado, con posterior sorpresa me descubrí a mí mismo con ganas de pegar a otro ser humano. Salía yo de la oficina de Correos cuando en dirección opuesta a mí iban un hombre, una mujer y un niño. En eso que según se acercan a mi altura, el niño recibe una patada sobredimensionada del adulto. Es decir, una patada de verdad. La madre se queja y le dice que no se sobre y que se ha pasado. Él responde puerilmente que el niño (de unos 7 y 8 años) no deja de chincharle dándole pataditas. En ese momento crece en mi una inexplicable reacción y me acerqué al adulto con la sola idea de provocarle para devolverle el recado. Henchido de furia me pongo a su altura, sólo para descubrir que el supuesto adulto es un adolescente de unos dieciseis-diecisiete años con el cuerpo de un hombretón. Mi furia se contiene y le dejo con una sola mirada de odio visceral. Al final, sigo como siempre y huyo del conflicto.

Al seguir mi camino y dejarlos atrás, un hombre que está con su mujer y sus dos niños que mira hacia atrás me pregunta qué ha pasado pues ha escuchado un golpe. Le digo que el chaval le ha dado un patadón al niño. En ese instante y sin saber por qué le empiezo a decir a ese pobre hombre para mostrar mi repulsa que de no haber sido un adolescente, le habría reventado la cabeza. El hombre debió flipar conmigo debido a ese absurdo arrebato de violencia expontánea delante de sus hijos. Por lo que al final terminé quedando como un absoluto gañan. Lo peor de los dos lados del espectro: Cobarde y violento.

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