lunes, enero 28, 2008

The inches we need are everywhere around us.

Llegan momentos en la vida de todo el mundo, en que hay que afrontar la acuciante dificultad de sanear tus círculos sociales y conocer gente nueva, las opciones son complicadas uno ha dejado de estudiar, no cambia de trabajo cada cuarto de hora y sólo queda apuntarse a algún cursillo CCC de guitarra o ligar en bares o por internet. Francamente, se presenta un panorama desolador para aquellos que aún necesitamos del refrescante aroma de la carne fresca en la interacción social. Por causas inexplicables para mí, debido a mis múltiples taras mentales, suelo tener la capacidad de sociabilizar con ciertafacilidad allá donde voy (¡y que se mantenga!). Este findesemaneo he hecho algo que me flipa y es irme de viaje con tres absolutos desconocidos (de hola, de adios y de un par de cañas), agradables personas de mi trabajo y muy diferentes a mí, que por circunstancias de la vida teníamos este lunes como festivo laboral. Esta coincidencia en forma de puente vacacional, llevó a alguno de ellos a embarcarse en un absurdo viaje a un destino igualmente inexplicable al que me apunté en cuanto oí su 'secreta' preparación. Ese destino era una insulsa ciudad europea de la que nada remarcable puede mencionarse pero que posee un aeropuerto explotado por una de las múltiples compañias aéreas de bajo coste (pensad cualquier ciudad que no os llame para nada la atención) cuyo gracejo principal era que nos salía por dos duros. Un punto de destino con poco más que ofrecer en estas épocas del año más que un frío polar. Al final, la conclusión que saco es que si bien podría haber fenecido sin pisar esas tierras (y puedo poner la mano en el fuego garantizando que no volveré) me alegro enormemente de haberme metido en este invento. Ojala este tipo de ocasiones y experiencias sigan apareciendo en mi vida y siga siendo capaz de apuntarme a un bombardeo.


EL MAPA DE LOS LUGARES QUE OBJETIVAMENTE NUNCA HABRÍA QUERIDO CONOCER.

Para terminar os remito a unas imagines que en cualquier momento puedo emplear como subidón de vitalismo.


PACINO DESENCADENADO.

domingo, enero 13, 2008

Empleo de la nostalgia.

Camposanto en Colliure.

Aquí paz,
y después gloria.
[...]
Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.

Ángel González

No es una buena anécdota y no tiene más chispa que la de un sentimentalismo nostálgico y de garrafón, pero es lo que quiero contar hoy. No me considero amigo de los cantos eligiásticos a personajes públicos. Cuando alguien conocido o famoso (con el que por supuesto no he tenido ni la más mínima interacción) muere, mi reacción está lejos del plañidero extremo de – pobrecico, ¡qué bueno era! – y me sitúo más en el extremo del – ¡anda y que le den por saco! – Por supuesto a veces hallo excepciones cuando el cariz del personaje me toca más de cerca, éste caso es el caso del panegírico personal de hoy.

Ayer falleció Ángel González. Mi conocimiento de su vida y obra se limita al de haber leído un par de sus libros, especialmente uno que me chifla y es el que voy a mentar hoy. Se trata de la selección que el mismo autor hizo de sus poemas para el número ciento veintiuno de la celebérrima colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra. Libro que a poco de conocernos, cuando yo aún era un pipiolo universitario, MB. me recomendó un ejemplar en la última planta de la fnac de Callao. Y que poco después compré sólo para leerlo y posteriormente se ha dado la circunstancia de que he ido regalando mi ejemplar (sobretodo como vano intento de impresionar a jovenzuelas con ínfulas literarias que se cruzaban por mi trayecto vital) y volviéndolo a comprar inmediatamente. Que recuerde así a bote pronto este proceso se ha dado en unas siete u ocho ocasiones, produciendo el record personal de ser el libro que más veces he regalado en mi vida. Este libro es para mí el canon de la poesía que me interesa, ni mejor, ni peor simplemente es el tipo de poemas que puedo leer constantemente y sin aburrirme. Hoy lo he metido en mi cartera para ver si encuentro a alguien a quién me apetezca regalárselo y acto seguido volvérmelo a comprar.


Unas pocas muestras de mis favoritos:

Me basta así, Glosas a Heráclito, Empleo de la nostalgia,
Inventario de lugares propicios para el amor, Eso era amor, Todo amor es efímero, etc...

martes, enero 08, 2008

Propósito de enmienda 08

XLIV
Para hacer un viaje nocturno no necesito
ni barcos, ni trenes.
La luna se encuentra sobre el damero del jardín.
La ventana abierta. Estoy preparado.
[...]
Vladimir Nabokov.

Una vez acaban las fechas navideñas, recojo el belén de los clicks y todo vuelve a la aparente normalidad de las rutinas. Como cada año intento hacer el propósito de llevar a cabo un objetivo de compleja resolución. Propuestas que año tras año caen en saco roto debido a la inherente inconstancia de mi carácter. Lejos de darme por vencido este año en el que cumpliré la treintena (aún quedan once meses) -sofoco - sofoco - y haciéndome eco del lema de los gabatxos del 68 'seamos realistas, pidamos imposibles' busco una rocambolesca vuelta de tuerca a mis intenciones. Lo que me he propuesto es intentar ser un poco menos gilipollas en mi vida. Digo 'intento' y 'un poco' porque soy consciente de que no se puede conquistar Roma en un sólo día. ¿Conseguiré algún resultado?

Veremos. Un saludo.

martes, enero 01, 2008

It sucks to be me

Finalizar el año con un viaje allendepirenaico es la mejor receta para escaquearse de las fechas navideñas en Madrid. Más si cabe cuando este cenizo 2007 me había imposibilitado por múltiples causas picar la ficha de la promesa realizada a mí mismo de ‘al menos un viaje internacional por año’. El destino ha sido Londres. Capital europea del consumismo non stop. Como dice Mi. Que ha sido uno de mis acompañantes de el viaje, puedes ir a Lisboa y comer un marmitaco por cuatro perras y no gastarte un puñetero duro en nada más, pero Londres despierta el deseo de gastarte hasta tu última rupia el las más variopintas chorradas desde el celebérrimo colacao de chocolate blanco de whittards, o un monopoly londinense, hasta camisetas ilustradas con el careto de Sigmund Freud. Y en mi caso el deseo de consumismo británico era si cabe aún más acuciante que desde hace tres años no había vuelto a pisar las tierras pobladas por hijos de la gran bretaña. Procedo a listar unos breves highlights de las cosas que más me han chanado en esta visita:

1. Museo de Star Wars.

Una atracción itinerante que encontramos de puñetera casualidad. Con los vestuarios de las seis entregas de la saga, reproducciones a tamaño ‘real de las naves’ y múltiples chorradas que en mi persona causaban inusitada ilusión. Un lugar donde casi bato el record de hacerme fotos en un mismo evento, aunque no lo logre y la plusmarca olímpica sigue en el museo del comunismo de Praga. Como os podéis imaginar tras esto los demás museos palidecieron. Yo no puedo prestar atención a un cuenco etrusco, los frisos del Partenón o una desmejorada momia egipcia después de haber visto en sus respectivas vitrinas los trajes de la reina Amidala, Han Solo en carbonita o un Trooper del imperio a tamaño real. No hay color.



2. Musicales.

Abducido por MB. que es fan de estas cosas e hizo el trabajo de campo y documentación sobre que obras podrían ser las más cool del momento, debute en una actividad de ocio que normalmente me la trae más floja que nada. El género musical. Acostumbrado a ver en los antiguos y fenecidos cines de la Gran Vía, los carteles de las adaptaciones de Queen o Mecano entre otras de similar calado, mi desinterés estaba más que justificado. Pero una vez en pleno apogeo turístico me dejé arrastrar por las recomendaciones de un colega y me trague un par de ellos. Por un lado uno titulado Wicked basado en las brujas del Mago de Oz de gran producción y factura, y por otro lado un musical llamado Avenue Q cuya particularidad es que los actores/cantantes llevaban en sus brazos muppets a modo de personajes de la historia (como en barrio sesamo). Esta chanantada unida a temas musicales como ‘it sucks to be me’, ‘everybody’s a little bit racist’, ‘if you were gay’, ‘internet is for porn’, etc. hicieron que me lo pasase bomba.



3. Comics.

Visita obligada para mí en Londres es hacer circuito por todas las tiendas de comics conocidas. Especialmente en las de vintage y bucear en los cajones de tebeos a 50p. en busca de huecos en mis colecciones y must have inéditos en tierras iberas tales como el especial one-shot de los Supersoldados soviéticos y otras joyas similares. No parece muy espectacular pero para mí es lo más.



4. La Premier.

Una de las ilusiones de mi vida es ver en directo un partido de la Premiere League. Por desgracia a mi llegada sólo encontré entradas de reventa a precios prohibitivos y he tenido que postergarlo para futuras ocasiones. A pesar de esta decepción no ceje en mi empeño de conocer el ambiente y el sábado fui a White Hart Lane, campo de mi equipo favorito inglés el Tottenham Spurs, para vivir en mis carnes la experiencia de estar rodeado de hooligans en su ambiente en los prolegómenos y después acercarme a un pub y ver el partido con parroquianos locales. El primer punto de conexión fue descubrir el Londres no turístico y que la zona de Tottenham es el equivalente madrileño a por ejemplo, Carabanchel. Después ya en el pub viendo un partidazo contra el Reading que terminó a favor del equipo local 6 - 4 después de múltiples empates, goles en contra y remontadas. Ocasiones de oro que un parroquiano jubilado y alcohólico a mi lado aprovechaba para cargar contra el especialmente torpe portero de los Spurs, Paul Robinson, con comentarios despectivos del tipo - ‘Es el portero titular de Inglaterra’ – haciendo ver a todos la necesidad de tener un portero extranjero. Yo interpelado por él le intenté trasmitir que también podía ser un grave problema tener un paleto entrenador español. Lo cual me hizo ganarme su eterno respeto y amistad, pudiéndome tomar unas pintas completamente integrado viendo a Dimitar Berbatov meter cuatro goles en un partido.



Bueno me parece más que de sobra para amortizar cualquier viaje. Ahora solamente queda recuperarme de la pasta gastada y pergeñar la próxima escapada. Feliz 2008, por cierto.

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