sábado, agosto 25, 2007

El último Dundee.

El título del post de hoy merece una explicación, ya que hace unos años una compañera de carrera -en un curso muy avanzado la misma- tuvo a bien cedernos a varios colegas sus apuntes, de alguna insípida clase de Literatura SXX impartida en la Universidad Complutense de Madrid , para fotocopiarlos. Allí descubrimos que la encantadora M.L. desconocía como se escribía el termino dandy y en vez de escribirlo como yo mismo hubiese aceptado: "dandi" o "dandie" retrotrajo de su educación sentimental el palabro "dundee", sin lugar a dudas extraído del clásico film Cocodrilo Dundee. Del mismo modo que seguramente yo sabía escribirlo bien debido al perfume masculino definitivo: Varon Dandy. De este modo cada vez que escucho esta palabra en cualquier contexto no puedo evitar visualizar la palabra "dundee" con la caligrafía de mi compañera en sus apuntes No puedo evitarlo soy un tonto sentimental.


Una vez aclarado el título procedo a relatar la historia que hace una semana me contase su mismo protagonista, el querido e inimitable CSV. Que para mí es la personificación de lo que debe ser un dandy en el siglo XXI. Él se lo ha ganado. Desde los casi tres años que hace desde que le conozco no ha parado de sorprenderme con su personalísimo ’way of life’, revelándose como un filón caviar inagotable. La aventura que hoy nos ocupa se podría denominar como: La asombrosa historia de cómo a CSV le guindaron su teléfono móvil y lo que acaeció después.


En una agradable mañana estaba nuestro protagonista sentado en una terracita desayunando mientras leía su diario de información general. Como él reside en Huertas, un barrio madrileño donde sólo viven gente de provincias recién aterrizados en la capital, guiris varias y otras gentes de mal vivir, tiene que sufrir en su hábito matinal las molestias de toda suerte de pedigüeños que se empeñan en molestarle a cada rato. En este día concreto en el que situamos nuestra historia tras recibir la visita de un yonqui pidiendo unas monedas o tabaco, CSV se percata de que el teléfono móvil que tenía sobe la mesa había desaparecido misteriosamente. Sin prisa pero sin pausa, visualiza al yonqui que se marcha calle abajo. Uno de los detalles que más me deleitaron de esta historia mientras CSV me la contaba es como antes de salir a la captura del presunto ladrón no se fue sin abonar su consumición con un billete y diciéndole a un perplejo camarero que después volvería a por el cambio. CSV demostrándose a sí mismo que ante todo uno debe de ser un señor.

Inmediatamente después procedió la escena de persecución a lo John Frankenheimer. CSV aceleró sus pasos hasta conseguir alcanzar a su politoxicómano sospechoso de hurto. En este punto es donde CSV demuestra tener una lógica interna distinta, no solo de mí sino de una amplia mayoría. Una vez alcanzado el presunto ladrón, lo normal sería enfrentársele con alguna joya como:- ¡Eh, tú escoria! ¡devuélveme móvil! – y después dependiendo del carácter agresivo de cada uno añadiendo muletillas como – O te arranco la cabeza. – u otros improperios de similar estructura. Después si la sospecha resultaba errónea, con vergüenza torera se pedirían las disculpas oportunas. Pero este no era el aktionsart o modo de acción (gracejo lingüístico) de nuestro héroe que no podía sobrellevar la posibilidad de acusar a alguien injustamente. Así que continuó siguiendo a su presa a una distancia prudencial esperando acontecimientos. Su presa al percatarse del aliento de CSV en el cogote, decidió no aguantar más el acoso y dándose la vuelta precipitó la confrontación dándole conversación a su sagaz perseguidor.


Atendiendo a la cháchara del sospechoso ya acorralado (mataría por saber de que coño hablarían), cuando CSV parecía no tener otra salida que acusarle del hurto, sacó su as en la manga para jugar la baza magistral:

¡¡¡¡Invitar al yonqui a desayunar!!!!

Lejos de hacer un acto altruista con un elemento marginado de la sociedad, CSV emulando a los grandes como Filip Marlou, Sam Espeid, Mis Mapol, Sherloc Jolms, August Dupin, Hércules Puarot o Llesica Fletxer... urdía un plan retorcido para salirse con la suya. Tras haber entrado en un bar pedir un café con tostada, por ejemplo, CSV se excusaba para ir al baño y con más perfidia que un vecino. Al fondo del bar sacó unas monedas y desde el teléfono público se llamo a sí mismo esperando a que su ingenuo rival no hubiese tenido tiempo a desconectarlo. Entonces se volvió a acercar para disfrutar de su maquiavélico ardid. Por supuesto el teléfono sonó y CSV con la prueba del delito pudo reclamar la devolución de su propiedad.

Lo que más me mola esta historia son los pequeños detalles, aunque como moraleja final me quedo con la de tonterías que pudo hacer mi colega con tal de evitar un momento violento de vergüenza rodeado de desconocidos. ¡Dios le bendiga!

viernes, agosto 17, 2007

Largo camino a Estocolmo

En estos días vacacionales en los que paso el rato leyendo el Marca de cabo a rabo deleitándome con los cotilleos de los últimos fichajes se vayan a producir o no; como de las noticias de la sección internacional de fútbol que me recuerdan la grandeza de este deporte que tantas horas de mi vida me hace perder. Pero en estos días (hace poco más una semana) también he tenido tiempo para cumplir una de las tareas que tengo en mi lista personal de cosas que quiero hacer antes de morir. En este caso no se trataba de una tarea de importancia mayúscula como podría ser no sé, por ejemplo, saltar la banca del casino de Torrelodones o incluso de mayor rango ser el escaparatista de la policía que se dedica a coger los enseres que se extraen de las redadas (tales como paquetes con droga, pasaportes, pistolas, kalashnikovs, y un largo de cosas molonas), los coloca y ordena en una mesa con un mantel blanco debajo para que salgan bonitos en las noticias. Mataría por dedicarme a hacer esto! En este caso se trataba de un anhelo de vital de lista B, es decir un poco menos importante, pero aún así algo de lo que me siento orgulloso: Haber asistido en el estreno de un centro ikea.



Después de mucho tiempo decirlo, recién cobrado el desempleo del mes, convencí a mi progenitor para que sirviese de chofer y poder paliar mi frustrante problema con el espacio, adquiriendo las estanterías que me faltaban para tener colocar los libros y demás. Una vez adquiridas mis dos nuevas estanterías (Billy 202x80 chapa haya), tras arrastrarnos entre las multitudes que se apiñaban en la inauguración de Ikea Madrid-Este, pase un buen rato dedicándome al montaje de un mueble idea. Una vez más constate mi incomprensión hacia aquellos que disfrutan del mundo del bricolaje como afición. A mí que hasta el sencillo ajuste de piezas made in sweden me resulta una molestia no quiero ni pensar si tuviese que hacer algo mínimamente más complejo. Uno de mis sueños para el futuro es tener un nivel económico suficiente para campear estos temporales contratando los operarios correspondientes para cada una de estas engorrosas tareas. En este caso y tras haber realizado el montaje de la primera estantería con pasmosa eficiencia, al realizar la segunda (exactamente igual) cometí el lapso de colocar una de las baldas al revés. Es decir con el lado de madera rugosa de cara al ‘público’ dejando el lomo barnizado en la parte no visible donde se estaca con clavos al contrachapado del fondo. Como es obvio no me cosqué de este fallo hasta que ya creía finiquitado el trabajo y estaba sinceramente hasta las narices de los muebles eslavos. Así que en un arrebato de clarividencia total para no desmotarlo y volverlo a montar, tomé la determinación de dejar la balda al revés por una parte como muestra de mi inmensa inutilidad y por otro como protesta personal ante la globalización (que tanto me molesta y preocupa pfffff) cuyo resultado es que todos tengamos los muebles iguales. ¡Toma autojustificación de mierda! Para terminar con un final feliz (al menos para mí), me gustaría explicar lo bien ordenado que lo tengo todo con hueco para libros y tebeos. Lo mismito que una fnac casera ordenados por gran formato, sección de bolsillo, comics... En resumen es mirar el total de mis estanterías y henchirme de orgullo.



Billy 202 x 80 Chapa Haya

jueves, agosto 09, 2007

Puesta a punto

El tema de hoy es aquello que mencionaba en mi último posteo que hacia para cubrir mis necesidades de una buena y sana ración de rutina diaria para paliar el aburrimiento del desempleado vacacional. Algo que me avergüenza reconocer pues no es nada más ni nada menos que una nueva traición a mi mismo. Haciendo que alguna vez brillo en mis ojos reflejando la más pura inocencia a estas alturas del partido no sea más que un cada vez más y más pequeño reducto en el interior de mi corrupta personalidad. Si amigos, desde hace un par de semanas me apunté a un gimnasio. Si me viese mi yo quinceañero, no podría más que sentir pena y asco por su yo futuro que le ha traicionado tan vilmente haciendo lo que él menos se hubiese esperado. Pero el devenir de las cosas es inmisericorde, cuando menos me lo espere (si todo va bien) me veré a mi mismo firmando una hipoteca a medio siglo. En fin, esta decisión se acelero al recibir una oferta de un gimnasio/spa de reciente apertura junto a mi hogar, la cual ofrecía una semana de prueba completamente gratis y un circuito spa con cinco euros. Mi ociosidad galopante y una ligera preocupación por mí (lo diré suavemente) penosa forma física que se me ocurre definir sin mucho eufemismo como: 'Presencia semiconstante de la muerte', me hicieron dar el paso a pesar de mis temores ante lo que esperaba encontrar.


Imaginemos que yo viviese en el centro en vez de una localidad de extrarradio, y que en vez de tener un gimnasio en medio de un descampado enorme rodeado de urbanizaciones, me inscribiese en un gimnasio en una zona cool como por ejemplo me viene a la mente la calle Fuencarral (pffffffff) donde se me garantizase una heterogénea mezcolanza de oficinistas de horario partido sin nada mejor que hacer, yuppies noventeros en peligro de extinción, musculocas, mariliendres, aspirantes al gremio actoral, radicales de la vida sana que reniegan del orgásmico sabor da la Mahon 5 estrellas, profesionales liberales de todas las calañas, capoeiristas, budistas y otros sectarios new age, unidos a todos aquellos que toman las tendenciosas doctrinas de ElPaísSemanal como modo de vida. En resumidas cuentas toda esos topicazos de gente de la que no tengo el más mínimo interés en conocer y entran dentro de mis fobias más recurrentes. Sería injusto no reconocer que esta imagen mental tiene más de fantasía fruto de mi mente enferma con reminiscencias a la estética de referentes como ‘American Psycho’, ‘Armas de Mujer’ y solo dios sabe de que más.


Así una vez he intentado transmitir la tétrica imagen que tenía de lo que me iba a encontrar, mejor comprenderéis mi reacción ante lo que realmente me encontré. Las coordenadas espaciotemporales no podían ser más determinantes, ya que al encontrarse dicho gimnasio en las afueras de un núcleo de extrarradio y mi acertada elección de horario al de media mañana, garantizaba un homogéneo grupúsculo de postadolescentes universitarios de vacaciones y prejubilados que afrontan sus desocupadas jornadas picoteando en las distintas facetas del ocio deportivo. Es decir a parte de mi mismo, apenas he visto a nadie de entre 25 y 50 años, lo que la sociedad etiqueta como masa útil y reconozco que ni elegidos a dedo hubiese dado con unos sectores sociales más acertados. Aquellos que yo denomino: gente de biencon la que si me apetece hablar de los fichajes del Atleti o de lo puta que parece la penúltima eliminada del Gran Hermano de turno. Dicho lo cual, todo esto me anima a seguir las indicaciones de mi jovenzuelo ‘entrenador’, entre otras cosas para correr en la cinta, hacer bici estática, o la cacharra esa donde haces círculos con los pinrreles mientras mueves dos palos con los brazos adelante y atrás, todo al ritmo del mejor bacalao de gym. Únicamente para lograr un fin a medio-largo plazo de poder subir unas escaleras sin echar los higadillos. De momento estoy yendo con pasmosa regularidad sorprendiéndome a mi mismo.


La semana de prueba pasó y quede engatusado de tal manera que ya he pagado tres meses de gimnasio. Un factor determinante ha sido el tema del spa, pues aunque me podría extender en ello creo que es bastante posible que haya nacido para estar inmerso de orejas para abajo en un jacuzzi, andar entre chorros de agua y sauneos variados. Tengo que pulirme veinte ‘circuitos’ en tres meses así que no perderé ocasión de invitar a algunos allegados para que den su opinión y agradecidos tenerlos comiendo de mi mano.

A plus!

Lo + seguido