domingo, enero 24, 2016

El tebeo de esta semana 4: Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares

Esta semana toca hablar del último premio nacional de cómic. Un premio que desde mi perspectiva no garantiza nada. Por supuesto es solo mi opinión, pero la mayoría de los premiados; ni fú ni fa. Solo salvo Ardalén como una historia redonda y en un segundo escalón Arrugas y Amarillo que me parecen "apañás", (pero no es lo que más me gusta tanto de Paco Roca como de la serie Blacksad). Los demás aunque tienen su valor, simplemente no son mi rollo y me aburren más que otra cosa.

Con cierto escepticismo me acerqué a leer el ganador de 2015. Un tebeo que por estética de hojear/ojear sus páginas no llamó demasiado mi atención y mucho menos por el temor de caer el soporífero tono que se suele caer en el género del biopic (biografía de personaje ilustre que muchas veces queda solo en el monocorde tema de ensalzar y repetir tópicos ya sabidos por todos). Por supuesto esto es una generalización injusta. Pero a mí este género me tira mucho pa'trás. El protagonismo de Diego Velázquez y su pintura más célebre no despertaban mi interés apriorístico. Soy un ZOTE en lo pictórico, no lo escondo, y desde que cursé historia del arte en COU (hace una vida y media) puedo contar con los dedos de una mano mis conocimientos adquiridos sobre pintura y bellas artes en general.



Pues bien, todo esta negatividad inicial se viene abajo según avanzaba la lectura del cómic. Las Meninas es una historia contada con una estructura a saltos cronológicos. Las escenas escogidas sobre la vida de Diego Velázquez y sus relaciones de histórica-ficción con sus contemporáneos (Felipe IV y su corte, su relación autores como Rubens, Ribera, Zurbarán o su maestro Pacheco...) se entrecruzan con constantes insertos de escenas de diferentes autores de la pintura española y universal; que se imbrican y relacionan en un juego de mutuas influencias con Velázquez (incluyendo a Goya, Dalí, Picasso, Tiziano, Rafael, equipo Crónica, etc...) que consigue enganchar y mantener interesado al lector. La narrativa del dibujante Olivares se adecua perfectamente a la historia y echa abajo mi indiferencia inicial.

En resumen mi impresión de esta novela gráfica no es importante tanto el qué se cuenta como el interés que despierta la historia por cómo se relata. A mi torpe juicio, es una obra estupenda. Reconozco que no soy capaz de identificar anacronismos u otros errores de brocha gorda en la historia contada. Total a mí eso me es indiferente. Según lo veo yo se logra que resalte más lo que se sugiere que lo que se señala. Y eso es lo trascendente del arte ¿no?

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