martes, mayo 15, 2012

White trash

Basura blanca. Con este título parece que se imponga hablar del reciente campeón de la liga de fútbol español, pero no van por ahí los tiros. En este caso la denominación se refiere a mí mismo y a la justa denominación que creo merecer. Justo derecho por varios motivos pero sobremanera por lo que he hecho el pasado fin de semana: Viajar a Barcelona. Este hecho no es digno de escarnio, todo lo contrario visitar la ciudad Condal siempre es un placer. No es ningún secreto que me declaro abiertamente catalanista  y aunque madrileño siempre veo todo lo procedente de els païsois catalans con una mezcla de afecto y (en algunos aspectos) envidia sana.


El problema estriba en que en esta ocasión no he entrado precisamente por la puerta grande, sino todo lo contrario y además con premeditación.  Lo hice del modo más vil e impropio de un hombre que se vista por los pies. Como he dicho antes, viajando en autobús. Con absoluta claridad recuerdo haber levantado el puño en alto y haber jurado ante testigos que jamás volvería a realizar un autobús de un trayecto superior a tres (o máximo) cuatro horas. Con ese tipo de promesas que uno empieza a ir acumulando según va superando los veinticinco años. Unos compromisos –normalmente por aparentes naderías- que son las metáforas pintiparadas del tránsito a la madurez y a una vida más digna. Por ejemplo, me vienen a la cabeza: no sentarme en el suelo, o jamás cometer el pecado de beber chupitos, bajo ningún concepto ir unos días de camping, o acudir a un festival de conciertos que dure varios días, o lo antes mencionado de no hacer viajes  largos en autobús.  Juramentos que inevitablemente se han manifestado tras perpetrar esas mismas acciones con fatídicos resultados. Con una voluntad de hierro te comprometes  a no recaer en lo mismo; con los ojos vidriosos por la emoción y las mejores intenciones, sabiéndose uno que ha dado por zanjada una época de lerdo aprendizaje y máxima estulticia que no debe tener vuelta atrás.

Sin embargo, si uno es un “costras” con poca o ninguna palabra (como sin duda es mi caso) puede suceder que se den los condicionantes apropiados para que se coma sus palabras y vuelva a perpetrar aquello que certificó no repetir. Hipótesis: Imagina que una moza de veinticinco años procedente de Europa del este (por ejemplo) me invitase a ir de camping; o a sentarme en el suelo; o a beberme un chupito; o a ver un festival de música de tres días para ver a Manu Chao; o todo esto junto. ¿Estoy completamente seguro de que no iba a obnubilárseme el cerebro y haría a alguna de esas cosas o quizá todas? Habría que verlo.
Volviendo al hilo de la historia que estaba intentando explicar;  la causa de fuerza mayor por la que me metí entre pecho y espalda dos viajes Madrid-Barcelona (ida y vuelta) en un espacio de tiempo de 25 horas fue el siguiente: Ir a ver un partido de Balonmano. El año pasado el BM Ciudad Real transfirió su equipo para convertirse en el BM Atlético de Madrid. Desde que saltó la noticia. Cho. y yo nos hicimos socios del mismo(*) y hemos disfrutado toda la temporada de liga Asobal y partidos europeos en Vistalegre. A estas alturas de la  temporada, el equipo estaba a dos puntos del líder, el FC Barcelona intersport, por lo que el partido en el campo del Barcelona era trascendental para poder aspirar a ser campeones de liga. Nos enteramos que una peña estaba organizando un viaje para animar al equipo por un precio casi ridículo. Como principal inconveniente el viaje se realizaba para llegar el mismo día del partido y regresar tras su conclusión.
Sopesamos las opciones, pros y contras, posibilidad de hacer el viaje de ida en autobús y volver por otros medios. Pero finalmente  (considerando principalmente el factor económico) valoramos la experiencia como un todo. A pesar del palizón físico que supondría para nosotros, bastante talluditos para estas lides, el aliciente real estaba en pasar un día entero conviviendo con aficionados al balonmano del Atléti  y así lo haríamos. Habría que dejar una visita a Barna más convencional  para otra ocasión.  ¿Qué nos íbamos a encontrar? Como era previsible “lo peor” se dio cita en el viaje y aunque entre los compañeros de viaje había gente agradable y razonablemente educada, también aparecían esa suerte de ultras que hay en todas las aficiones deportivas que yo sólo puedo calificar como chusma. Este tipo de “personas” que va buscando bronca, rezumando prejuicios y violentando a la gente que esta a su alrededor quienes merecen mi más agrio desprecio. Me da igual que alguien tenga veintipocos años, si tu nivel de ingenio es decir “hijodeputa” en cada frase es que eres un tarao sin gracia. Bajo mi criterio el momento más lamentable del viaje fue cuando al llegar a Cataluña y atravesar una cabina del peaje algunos de estos, empezaron a gritar paletadas como “Yo soy español” o proclamas anticatalanistas sacando una bandera de España por la ventanilla. Aún me pregunto que pretendían demostrar y porqué cojones tenían que intentar ofender al trabajador de una cabina de peaje. La respuesta es un misterio. Por más que hubo un par de puntos negros de este tipo; el viaje fue bastante agotador; el hecho de que solo estuvimos  ocho horas en Barcelona y no nos movimos más que por dos manzanas en las cercanías del Camp Nou… he de reconocer que el viaje mereció la pena. El partido fue absolutamente espectacular (ganamos aun equipazo como el Barça Intersport, aunque nos faltó un gol para igualar la diferencia de goles.), pudimos ver a Q., tomarnos unas cañas con él y un anecdotario que aumenta nuestros conocimientos sobre las intrigas maquiavélicas para conseguir el trabajo de ser la mascota del Atléti “Indi” o las variantes socio-estéticas que tiene un jevi de hoy en día. Estas cosas sí me merecen la pena.


Siendo un cutre a veces se consiguen óptimos resultados.

2 comentarios:

  1. Mierda, yo te iba a proponer el dcode con los killers y sigur ros pero como no soy una nubil joven me diras que no

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  2. Iñaks: No he he entendido ninguna de las palabras entre la séptima y la decimocuarta de tu mensaje. Siguiendo el ejemplo de Alicia Silvestorne en "Clueless" te diré que como soy mayor que tú(todo un año y tres días), eso me hace más maduro y por tanto te insto a sentar la cabeza.

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