martes, enero 10, 2012

Promesas que no valen nada.

Con el nuevo año llegan los propósitos que uno se hace para cambiar en algún u otro sentido hacia lo que uno espera que sea una vida más plácida: dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio, aprender inglés y todas esas fruslerías que todos nos planteamos en modo colectivo como lemmings. Yo también caigo en esos sinsentidos y ondeo la bandera del autoengaño año sí, año también, pero en lugar de buscar una mejora vital, suelo caer en el barrizal de las tonterías por que sí. Ya se habló años ha de eso en este bloj (tres entradas y ya me estoy repitiendo -¡bien hecho, chavea!-) pero ahora quiero centrarme en el propósito que va a ocuparme este año y el cual no ha sido idea mía, sino que sólo ejerzo de cofrade en el castigo.

Me explico: El pizpireto Cho. me planteó su propuesta a realizar durante el año dosmildoce, sin duda buscando un idiota que le acompañase e inmediatamente accedí a ser ese idiota. La actividad consiste en acudir durante todo el año dos veces cada mes al cine de estreno. Hasta aquí todo parece lícito, entretenido y normal, mas no lo es, pues la segunda parte de la actividad encierra el más maquiavélico de los escollos. Las dos películas de cada mes deben ser películas de nacionalidad española.

Obvia decir que tanto Cho. como el menda y como cualquier persona que tenga sangre corriendo por sus venas (y salvo puntuales excepciones) carecemos de interés alguno por las producciones nacionales que conforman las inmensas planicies de mediocridad cultural, artística y lo peor de todo lúdica; que pelean cada año por erigirse con algún premio Goya.

Ahora bien, ¿qué motivos tenemos para hacerlo?

No puedo hablar por Cho. pero yo sólo tengo una respuesta y esa es: flagelación.

Si algo he rajcao de mis lecturas en la wikipedia sobre las religiones mayoritarias, ya sea a través del concepto de culpa judeo-cristiana, las recompensas en las vidas más allá de la muerte, la abstinencia de los placeres mundanos de los eremitas, místicos y ascéticos o del concepto del equilibrio kármico en el budismo; es que hay un poso común de fe en que la aceptación sufrimiento personal puede servir para alcanzar una recompensa en forma de una suerte de vida mejor. Yo también quiero creer.

Ahora pensemos en Belén Rueda, la familia Bardém, Santiago Segura, el cine de fatua denuncia social a lo Fernando León de Aranoa, las historias que aún tenga por contar Ventura Pons, el salto al celuloide de las estrellas adolescentes de las series de antena 3, Nawja Nimri, cualquier cosa que tenga detrás a Miliquito, Isabel Coixet, las coproducciones con otros países, Benito Zambrano, los actores argentinos, Imanol Arias, thrillers de posguerra con suceso misterioso que rezume truculencia, Orsoncito, las adaptaciones fílmicas de personajes populares, la pavisosería de Lola Dueñas o Mercedes Sampietro

Ríome yo de las torturas y martirios de la Santa Inquisición.
De esta me tengo que ganar un bungalow en el cielo.


Pues bien a lo largo de este año me comprometo a ver en salas de cine un mínimo (y seguro que también un máximo) de veinticuatro películas españolas de estreno y hacer mensualmente pequeñas reseñas en este bloj intentando justificar cuál de todas me parece la menos mala. En la tarde de hoy diez de enero, empezamos con el visionado de la primera pelí...

Esperemos que "XP3D" sea buena.

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