domingo, enero 01, 2012

Celebrity death match -Christmas edition-

Mi anécdota predilecta de esta navidad la ha protagonizado mi señora madre. Objetivamente puede que no tenga nada de interés pero a mí me hace taco de gracia.

Para comenzar los antecedentes: Desde siempre mi progenitora ha hecho “promesa” (atención a este concepto como de posguerra, actualmente en desuso, mediante el cual alguien se compromete a acometer una empresa con diverso grado de dificultad a cambio de algún tipo de bien recibido) de acudir cada uno de los viernes de su vida a una iglesia conocida en el Madrid popular como “Jesús el pobre”. Dicha visita matinal confluye con la ocasión de reunirse con otras matriarcas de la familia y alguna “consigliere” del círculo interno de amistades para desayunar algo tan pedestre como café con churros.

Pues bien, el viernes antes de nochebuena mi madre madrugó desde la lejana Coslada para cumplir su promesa vitalicia. Salió del metro y sintió junto a ella la presencia de un misterioso caballero de una edad aproximada a la suya, vestido de traje con el que cruzó una mirada. Ante dicho estímulo su cerebro reaccionó: conocía a ese hombre mas no sabía ubicarlo en los recovecos de su memoria. Destilaba una suerte de familiaridad que la hizo sentir incomoda al no saber reconocerlo. Siguió su camino andando por la calle y se percató que el hombre al que no era capaz de reconocer y un acompañante la seguían a pocos metros de distancia. Al darse la vuelta, sus miradas volvieron a coincidir y de nuevo recorrió por su espinazo la sensación de mutuo parentesco, pero seguía sin poder identificarlo. Poco después al torcer alguna calle sus caminos se separaron y mi progenitora fue al encuentro de su hermana P. desempeñando su rutina semanal.

Cumplió con sus quehaceres. Un par de horas después despedida de sus comité romano semanal, volvía por el mismo camino dirección a la boca de metro. De pronto, esperando en un paso de cebra a que el semáforo se colocase en verde para los peatones, se topó con hombre misterioso acompañado por su amigo y por tercera vez sus miradas volvieron a encontrarse. El tiempo transcurrido no le había servido para solventar el enigma de quién era ese hombre y de qué podía conocerlo mi madre. No podía confiar en sus seis décadas de memoria y dejar al azar si podría recordar exactamente quién era él. Así que ni corta ni perezosa mi madre tomó la iniciativa, se dirigió hacia él, interrumpió la conversación que tenía con el otro y clavándole la mirada le dijo: -Disculpe, ¿me conoce usted de algo?- A lo que el misterioso hombre respondió quedamente: - Soy José Bono.
Estrechó la mano de mi madre, inconsciente de la trama ianflemminejca que ella se había montado y dejándola con un palmo de narices, continuó su charla como si tal cosa.


Es dificil elegir una imagen de Pep Bono, pero esta está ineludiblemente en el top 3.

Como conclusión del anodino relato recuerdo como explicaba mi madre la historia en los días sucesivos con todo lujo de detalles de cómo conoció a un famoso.

3 comentarios:

  1. me das unos sustos cada vez que salen en el lector.

    ¿tu promesa de año nuevo es actualizar?

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  2. Iñaks: ¿Quésesodellectorylossustosquedices?

    Mis promesas de este año van por otro lado. No me comprometo a actualizar esta cosa viejuna del bloj pero me gustaría escribir más, Odín quiera que tenga de qué.

    P.D. Cuándo hacemos lago pa que te dé tu regalo deste año.

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  3. Jajajajaj ¡Espectacular anécdota! Bienvenido a la blogosfera... uff, eso suena muy 00's ¿no?

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