lunes, enero 30, 2012

Acerca del oficio de vender burras.


"No se me ocurre ninguna circunstancia en la que la publicidad no sea un mal." - Arnold Joseph Toynbee.

"El ajedrez es el más grande desperdicio de la inteligencia humana después de la publicidad."
- Raymond Chandler.


Cuando era mucho más jovenzuelo recuerdo que me encantaban los Maratones de Publicidad que emitía Canal+. Por si no los habéis visto se trata de unos programas que se emiten anualmente donde se combinan la emisión de los mejores anuncios del año (premiados en festivales internacionales de publicidad –suena bastante ridículo, la verdad-.) y salpicados por las opiniones de diferentes publicistas hispanohablantes. Literalmente me patronchaba de risa viendo las ocurrencias publicitarias de los diferentes productos y países que se me mostraban. En aquel entonces veía embelesado la sucesión de anuncios y pensaba qué guay sería trabajar como creativo publicitario.

Según pasaban los años, cuando he podido ver esos mismos maratones televisivos de anuncios y la ilusión que otrora profesaba se ha ido erosionando hasta prácticamente quedar en nada. Ahora veo a esos mismos publicistas dándose pisto y repetir año tras año los mismos clichés insubstanciales para dignificar su oficio: aperturas de mercado, revoluciones del mundillo, dinamizaciones, sectores emergentes, innovaciones, proactividad… y todo en aras de una entelequia denominada creatividad, pero yo sólo observo tiradas de rollo, locuaz desvergüenza, mensajes superfluos y vacíos de contenido. Sinceramente, me asquea su rollo. Con el paso del tiempo hay que aprender a desconfiar de todo aquel al que se le llene la boca hablando de creatividad. Si escuchas en cualquier contexto a alguien justificándose esgrimiendo sin rubor su propia creatividad (ya sea publicista, poeta, escritor, fotógrafo, músico...) ten por seguro que es un inútil y un sobrado tirarollos (por otra parte, benditos sean). Opino que generalmente si alguien es verdaderamente talentoso o creativo no tiene que justificar nada, lo demuestra en lo que sea que haga. Si tiene que decirlo, casi seguro que no lo es. En fin, que divago… los publicistas son de entre toda la tropa de colectivos supuestamente creativos, los más risibles pues tras toda una capa de barniz de persuasión y ombliguismo que intenta dar lustre a su labor se observa que realmente su función es de lo más baladí: vender bragas y detergentes. En origen algo completamente digno.

El diciembre pasado me llamó la atención cómo un día en la red social en que mis amigos, mis conocidos y yo pasamos el tiempo con la afición favorita de nuestra generación -hablando de nosotros mismos-; observé como un vergonzante número de personas se dedicó a compartir un novísimo comercial de una marca de embutidos. Lo compartían alegando que dicho spot era el mejor del año, la ostia en verso, un gol por toda la escuadra, etc…. Desde el primer visionado, he de confesar que me pareció desde todos los ángulos una mierda absoluta. Un falaz intento de explotar una nostalgia colectiva de mediopelo con el mismo valor creativo que pueda tener una obra de teatro con la palabra ‘Espinete’ en su título o por extensión cualquier monólogo cómico del club de la comedia.


Pero, ¿qué tiene que ver esto con el chopped?

Por el contrario, los anuncios que ahora sí me gustan son aquellos que van a lo que van, vender las cualidades de la burra, de un modo franco y cuánto más zafios sean pues mejor, y con la retórica justa:


Ejemplo del no va más publicitario.

En resumen, ya no quiero ser creativo publicitario de más mayor. Ahora quiero ser cowboy o heraldo de Galactus.

1 comentario:

  1. Menos mal que en la cosa esa del fiambre no aparecieron Faemino y Cansado. Así por lo menos puedo seguir distinguiendo entre buenos y malos.

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