martes, julio 20, 2010

El ciclista.

‘Lo que Anquetil necesitaba era fe. Y para tener una fe inquebrantable no hay como estar equivocado.’ Tim Krabbé

He perdido mi hábito lector.

Desde hace un par de años apenas leo libros. Lejos quedan mis registros de lecturas anuales que superaban la media de novela por semana. Las razones de mi cambio son muchas, pero se condensan en la progresiva desilusión vital hacia cualquier actividad que otrora me causara placer. Más muescas de podredumbre existencial que voy acumulando con la vejez. Esto se tiene que acabar aquí. Debo patalear entre estas arenas movedizas antes de hundirme del todo. Por dejcontado que no busco aprender nada, ni mejorar como ser humano, ni anhelo esa ruindad de tirarse el rollo cultureta con jovenzuelas post-universitarias, ni nada por el estilo. Sólo quiero recuperar el placer que antes sentía al devorar una novela y que por alguna razón se ha diluido en mi vida.
Este verano (entre otros propósitos) me he propuesto desoxidarme y trincarme una novela por semana. Total, poco más tengo que hacer.

Aunque ya había empezado con un libro sobre la génesis e historia de la pornografía norteamericana [El otro Hollywood: Una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno – de Legs McNeil y Jennifer Ousborne], es otro libro el que me ha dado el pistoletazo de salida. Se trata de ‘El ciclista’ del holandés Tim Krabbé.

Un libro del que puedo presumir de haberlo leído de un tirón en un solo día. Llegué a él de la forma más peregrina, por su título y a continuación por su argumento. No sé por qué desde hace mucho tiempo he tenido la impresión de que estaría bien leer una novela que hablase sobre el ciclismo desde la óptica de sus sufridos protagonistas. Seguramente habrá escritas cienes de ellas. Seguramente novelas de narradores objetivistas gabachos que habrán dado su testimonio coñazo acerca del Tour de France, pero nunca habían llegado a mis manos.
El ciclismo no es que me interese mucho, seguir las retransmisiones me parece soporifero aunque al menos valoro el sobrehumano esfuerzo humano que conlleva. Eso es un deporte y no las careras de coches y motos. El caso es que no recuerdo haber estado al tanto de una competición ciclista desde que tuviera edad de jugar a las carreras de chapas. Los tiempos heroicos de Laurent Fignol, Marino Lejarreta, Gianni Bugno, Tony Romminger y sobre todos ellos el gran Prudencio Indurain (¿Miguel qué?). Por alguna razón rondaba por mi cabeza la idea de que el tema ciclista que sería excelente material literario y al ver una ocasión de comprobar su concreción en un libro no perdí ocasión.

Saqué el ejemplar de la biblioteca hace un par de semanas y anteayer de buenas a primeras decidí empezarlo para no dejarlo en todo el día. La novela trata de una carrera en 1977, el tour de Mont Aigoual en la que el narrador/protagonista va relatando su participación en la misma durante sus 137 kilómetros y en los que va intercalando historias y anécdotas sobre el ciclismo y sus celebridades. Puede que no suponga la invención de la rueda, pero es un librito que me ha encantado por su impecable desarrollo y por tener el tono adecuado para el tema que trata. No voy a desvelar nada del argumento pues es irrelevante(y de pésimo gusto de cara a que alguien que desease leerlo), pero si puedo dejar constancia de mi enérgica recomendación. Ojalá mis próximas lecturas veraniegas den igualmente en el clavo.

Hasta pronto.

1 comentario:

  1. Muy bien eso de leer libros en verano, el de Lecgs McNeil tiene muy buena pinta, yo me leí de ese autor la historia oral del punk y me encantó ese libro.

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