martes, febrero 02, 2010

Vamos a un bar, no puedo más.

Ayer dije en voz alta y enérgico tono una cosa que pienso en firme desde hace mucho tiempo:

- ¡Estoy hasta los huevos de los bares de modernos! –
Lo cierto es que si salgo de cañas por el centro de mi bienamada Madrid y te dejas llevar por gente que presume recordar el nombre de los garitos a los que ha ido un par de veces, lo más normal es que te arrastren (después de haber andado una buena caminata) a bares infectos en los que además de soplarte una pasta por lo más prosaico como pueda ser un caña de cerveza o un bitter kas. Yo no encuentro ninguna mejora objetiva en relación con el bar –mal llamado cutre- de toda la vida. Además siempre que alguien, seguramente por hastío, hace el intento de entrar a tomar algo en el primer garito que se cruza, siempre hay algún visionario que tenga la poca vergüenza de menospreciar el concepto de bar tradicional utilizando el término ‘fritanga’. Esta tendencia sinceramente me enerva.

Por ello, con el simple ánimo de demonizar en contra de aquello que me subleva y la paupérrima esperanza de que el mundo cambie a mejor, procedo a esbozar unos preceptos que nos ayuden a valorar correctamente un bar.

a) La música en un bar está fuera de lugar.
Si lo que aparentemente quieres es conversar con tus acompañantes escuchar música carece de sentido. Si lo que intentas es que la gente disfrute de la música es necesario poder bailar y un lugar destinado para ello, pero este local no es un bar de cañas es un disco-pub o discoteca. Si no quieres bailar y lo que quiero es oír música lo mejor es ponerte unos auriculares.


b) La higiene de un bar es un concepto relativo.
La mayor farsa que yo observo entre los dos tipos de bares que conozco es el tema con respecto a la higiene. No sé porque razón el inconsciente colectivo tiene la idea que los bares de todalavida-mal-llamados-cutres son un estercolero de infecciones. No estoy diciendo que estén limpios como una patena, pero me da la sensación de que al ver alguno escrito en un cartel alguno de los siguientes conceptos: ‘patatas bravas’, ‘torreznos’, ‘oreja a la plancha’… o ver las paredes decoradas con baldosines o azulejos blancos; ya hay que pensar que es un sitio poco higiénico. Ayer oí como alguien llamaba a esto bares cuarto de baño. Mientras que si entras en un local mal iluminado en el que en las mesas haya manteles de colores en tonos pastel y taburetes de madera viejunos, todos distintos y mal pintados con un bote de pintura morada hay que razonar que es un sitio encantador incluso con un halo de misterio. Pista importante: La oscuridad impide que veas la suciedad lógica que hay en un local público de restauración. La limpieza la debería determinar el servicio, no la decoración.

c) Un bar tiene su propia idiosincrasia.
Un buen bar debe tener máquina tragaperras y palilleros. Esta sentencia no es original mía, pero me lo vuelvo a apropiar una vez más porque considero que es completamente certera, yendo en proceso inductivo desde lo más intrascendente hasta la sublimación del concepto 'bar'. Este precepto no suele fallar y desconfía de un bar si carece de uno o ambos elementos.

d) El camarero de un bar ha de ser un buen profesional.
Un camarero debe estar pendiente de su trabajo. Esto que es una aparente tontería, visto lo visto cada vez parece más raro de ver. Seguramente es muy injusto generalizar, y de todos mis argumentos este es sin duda el más prejuicioso y menos racional, pero si hago una lista de todos los bares que he estado en mi vida y pongo en un montón los camarer@s uniformados (con pajarita a ser posible) y en otro montón l@s camarer@s ti@s buen@s con piercings, tatoos y peinados guays, no tengo ninguna duda qué montón se lleva peor nota media teniendo en cuenta el servicio que me han dado. Lo que realmente quiero decir es que en un bar se me debe atender correctamente, tan rápido como sea posible y con cierta amabilidad. Que me atienda una maciza o un macizo me debería importar cero patatero.

e) El desarrollo temporal de un bar debe ser amplio.
Un bar no debe ser un tugurio nocturno, debe tener un horario amplio y en consecuencia atender las necesidades del día: desayunos, aperitivo, comida, merienda, merienda-cena y cena. Un bar que sólo sirve copas y sólo abre por las tardes-noches no es un bar.

f) Un bar es un lugar de reunión social.

Es decir para mí, un bar debe ser un lugar donde haya gente de los más diversos pelajes y no un guetto de corrientes socioculturales. Acostumbro a ver bares en los que sólo hay un tipo de clientela ya sean modernos con flequillo, gays con barba, opositores a notaria con el Lacoste sobre los hombros o aficionados a la tauromaquia, la homogeneidad no es un valor positivo para un bar. El ideal de un bar es aquel donde nada más entrar vislumbras a un cincuentón con pinta de tarado con gafas de culo de vaso escuchando un transistor, junto a él un grupo de universitarios ebrios y unos taxistas jugando al julepe. Cada vez esto es más raro de ver y llegará un momento que debamos encontra este tipo de sitios esto en novelas. El tipo de bar que aborrezco y que antes he denominado como ‘bares de modernos’ se caracteriza por esta homogeneidad social; raro es ver un alguien que no esté dentro de un perfil 20-30añero en su interior. Imaginemos una situación hipotética, si yo entro en una frutería y veo que esta repleta de clientas jubiladas lo que pienso es que esa frutería está genial y seguro que la relación calidad-precio es óptima. Sin embargo, si entro en una frutería y me encuentro que sus clientes son mayoritariamente actores, estudiantes de bellas artes, periodistas, filólogos y toda suerte de tirarrollos, lo normal es huir estratégicamente de ese local como de la peste.


g) El alcohol no es lo único que sirve un bar.
Es muy importante que un bar tenga un respaldo culinario detrás de la ingesta de alcohol. Generalizando again, en este punto es donde más falla el bar cutre tradicional que bien es cierto que peca de falta de originalidad en lo que respecta a sus cartas. Muchos caen en la repetición de tapas (chorizo-morcilla-bravas-calamares-etc…) y descuidan la calidad de las mismas. Que algo se sirva en muchos sitios no implica que en muchos sitios lo sepan hacer bien. El ‘bar de modernos’ aunque bien es cierto que suele tender a la originalidad de platos, y hay muchos sitios donde puedes comer cosas ricas, también encuentras una irritante desproporción calidad/tontería étnica. Aquí no sé decantarme y tengo que recurrir al criterio individualizador, según el sitio comes mejor o peor. Aún así un par de dogmas para equivocarse lo mínimo. En un bar cutre si encuentras una carta de sándwiches extensa y con especialidades propias (por ejemplo: Sandwich Las Nieves) arriesgate a probar. Busca la especialización. En un ‘bar de modernos’ si lo que te ofrecen de comer está presentado en el formato ‘Tosta’ hay elevadas probabilidades de que sea una castaña con un poco de pimentón y/o perejil por encima. Evita las tostas.


Con esta guía inútil de lo que a mí me gusta en un bar, me despido hasta más ver.
7/11/09

5 comentarios:

  1. Tras releer tu post de nuevo, creo que lo mío son las cafeterías esas como el Star y el Manuela en las que hay juegos, de hecho, prefiero el Star que es más intimista y la camarera es una señora muy maja. Hace tiempo que no vamos.

    Sobre los bares de viejos, como los llamamos mi hermana y yo, a ella también le gustan mucho, a mí pues no demasiado, si eres tía y vas sola a un sitio de esos puede haber algún incidente desagradable, incluso.

    Me gustan las cafeterías, como por ejemplo un Valor, un Jamaica o una iniciativa personal en ese sentido, que no sea franquicia, incluso mejor, o un irlandés que te traten bien, vamos un Cheer's en el que encajéis tus amigos y tú; también que no haya mucho ruido y se pueda hablar, aunque eso en Madrid ya es imposible, parece.

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  2. Lo que daría yo por un bar con Torreznos y Oreja en Barcelona (ojo, digo en barcelona y no en pretorianas cercanías, que haberlos haylos!)

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  3. Verdades como puños, Pablo. No puedo estar más de acuerdo. Yo tengo la suerte de vivir en el Barrio de la Concepción donde hay una sobre abundancia de bares "mal llamados cutres". Creo que la última vez que entré en un bar "modelno" fue hacia 2006 y fue por equivocación.

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  4. ¡Diga usted que sí!
    Totalmente a favor del bar de toda la vida.
    Que en esos sitios (siempre que no tengan la tele atronando) estoy yo más a gusto que en brazos.

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  5. ¡Que vivan los bares son suelo de baldosa y barra de acero!

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