martes, septiembre 22, 2009

La vuelta al cole & [CBDIDS XII]

Ya me adentro en la segunda semana de desempleo. El plan hasta Junio 2010, es dedicarme a estudiar para el examen de oposición. Aunque ya he tenido tiempo más que de sobra para mentalizarme, empiezo a darme cuenta de lo duro que me va a resultar imponerme a mi mismo una rutina y una obligación sin que nadie me vigile: un jefe, un profesor, el miedo a que se enteren mis progenitores... esos benditos agentes externos de presión. Me gusta decir que soy la inconstancia hecha carne y en cierta medida es verdad. Llevo unos días tonteando (no tiene otro nombre) con el temario de oposición y miro hacia delante con vértigo, ¡cuántos meses me quedan!, y como ahora ¡lo poco que me preocupa lo mucho que tengo por hacer!

Voy a intentar volver a escribir en el bloj. Como siempre me va a salir más barato que la terapia (parece ser que me saldría carísimo) y podré escribir tochos enormes haciendo más patente si cabe mi victimismo (eso dice un test de feisbuc sobre mis patologías) a los demás. Algo que espero sirva para desahogarme y para ustedes mis bienamados lectores (¿quedará alguien?) que me deis un buen par de ostias de realidad de vez en cuando. Buena falta me hacen/harán.

Bueno siento volver con esta entrada tan patética, pero es que me encuentro bastante desorientado (bueno, incluso más de lo que es habitual) y esto al fin y al cabo versa sobre mí.

Por contar algo más lúdico y sin aparente relación con lo anterior, (puede que sí, puede que no) contaré últimamente estoy teniendo unos sueños rarísimos (de los cuales tengo ya alguno para relatar aquí como en otros tiempos), lo cual me alegra porque llevaba mucho tiempo sin tener sueños tontos con tanta prodigalidad. Por ejemplo, esta mañana me he despertado alterado a causa de que mi yo onírico tuviese un conejillo de indias que me daba grandes preocupaciones.

(INTERLUDIO EXPLICATIVO)Antes de empezar al meollo de la historia contaré que un referente que aparece con recurrencia en mis sueños son los hamster. Unos bichos que tuve durante grandes fases de mi infancia y a los que visto ahora con perspectiva del siglo XXI les daba una vida terrible por culpa de mi “cariño”. El leit motiv que se ha repetido innumerables veces en mis sueños con los hamsters es que sigo teniéndolos, pero me olvido completamente de ellos. Alimentarles, limpiarles, prestarles atención, etcétera. En cualquier momento en el transcurso de cualquier sueño, sea lo que sea, aparece esta preocupación y me sumerge en un vórtice de ansiedad por ir a mi casa, comprobar si siguen vivos y pueda darles de comer. Una sensación terrible amigos que me lleva aquejando años. Ahora volvamos a la vuelta de tuerca sobre el tema que tuvo mi última ensoñación…(FIN DEL INTERLUDIO EXPLICATIVO)


El intrépido roedor era todo el Houdini de los jerbos. Conseguía escaparse por mucho que le cambiase de jaula y este hecho hacía que tenerlo como mascota fuese un continuo quebradero de cabeza. En mi fuero interno no me preocupa que el conejillo de indias se escapase y se perdiese, o que royese un cable eléctrico y se quedase pegado al pulirse la protección de plástico (razón por la que murió uno de mis hamster de niño) o cualquier otra catástrofe que pusiese en peligro su vida. No. Mi preocupación se encaminaba hacia sus vecinitos jaula: mis (una vez más) hamsters. Una intuición me hacia pensar que si el conejillo podía salir de su jaula era para introducirse en la de los hamsters.

Cada vez que pillaba al bicho maligno con apariencia inofensiva intentando escaparse de su cárcel de inexpugnables hierros, manifestaba mi intención de separar ambas jaulas. Por supuesto, mis intenciones eran frustradas por múltiples motivos y visto con recelo y desconfianza por otros humanos (es decir, mis progenitores). Al final se resolvió el misterio que hizo despertarme con taquicardia a las ocho de la mañana. Al coger al conejillo de indias en un último intento de fuga, acercándose con aviesas intenciones a la otra jaula, el conejillo intentarme dar un mordisco reconociéndome como su enemigo. Yo lograba zafarme del mordisco conejil, pero me percataba de que había algo irregular. Al fijarme descubría que el roedor tras sus característicos dientes delanteros (los paletos de toda la vida) tenía dos colmillos de vampiro. En ese intante me despertaba saliendo de la tremenda tensión del sueño.

Me fascina como soy capaz de tener los sueños con las historias más bobas del mundo y que (seguramente) sean el reflejo de mis más hondas preocupaciones. Pero eso sí, a saber cuáles son.

Hasta la próxima.

1 comentario:

  1. Pues una película sobre hamsters vampiro con algún trasfondo social oportunista te podría sacar del apuro...

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