viernes, julio 17, 2009

I’m not easily offended, it’s not hard to let it go

Hoy, siguiendo con el ciclo Brat pack que me estoy metiendo entre pecho y espalda estos días tenía entre mis manos la carátula del DVD Maniquí. Lejos de hilar pensamientos sobre la impecable filmografía de Kim Cattrall (sobretodo en la década de los 80) o pensar ¿qué pasó con Andrew McCarthy? Me he detenido a pensar en la palabra del título y cómo en una ocasión fue motivo de incomunicación personal con otro ser humano a quien quiero recordar hoy. Una vez más la magdalena se hundía en el té retrotrayéndome una anécdota del pasado que seguro importa bien poco. o dicho de otro modo, otra batallita del yayo Pablo. De esto hace 5 años.

En aquel entonces ejerciendo de vándalo en Francia, trababa relación con el que hasta hoy ha sido mi único colega vietnamita. Un jovencito de exquisita educación el cual era mi vecino de residencia y sobre el cual me llamaron la atención varios aspectos de su existencia. Por un lado estaban sus metódicos hábitos culinarios. Ya que se pasaba el día entero (hablo de horas) en la cocina preparándose complejísimos platos para comérselos él solo en su habitación. Un segundo aspecto era la conflictiva relación que tenía con sus colegas del Pacífico asiático (no me atrevo a jurar que fuesen todos vietnamitas, seguro que se colaba algún camboyano...) que venían de vez en cuando. En esas ocasiones discutían todos apiñados en la cocina, hasta que finalmente entre varios hacían llorar a mi colega. Por más que pregunté jamás conseguí saber qué cojones pasaba. Lo cual me tenía intrigadísimo. El último aspecto que me fascinaba era su nombre, ya que se llamaba Xian y según él lo articulaba era idéntica pronunciación que la palabra gabacha ‘Chien’ (chucho en francés). Tildarme de lo que queráis, pero tener un colega asiático al que denominar ‘perro’ y presentar tal cual a los demás me parecía algo ultraguay. Como de película de kung-fú.


Me acuerdo de él, porque recuerdo una vez que me lo encontré un sábado sobre las once de la noche, solo en la sala de televisión de la residencia. Casualmente fue el día que emitían la gala de eurovisión. Ni corto ni perezoso me senté a su lado dispuesto a tener la torpe y tópica charla que tienen dos personas que no comparten un idioma común, sobre todo yo que no tenía ni puñetera idea de gabatxo. En un instante apareció Anne Igartiburu para dar las votaciones de España. Yo henchido de orgullo patrio, con un codazo complice le expliqué que esa 'jai' era española y socarrón le espetaba que dónde estaban las churris vietnamitas. Él me contestó que era muy guapa y empezó a decir que la pobre Anne era una estupenda - manecan - una palabra en francés que por supuesto no entendía y en esta ocasión la tradución por el contexto no me sacó del apuro. Después diez minutos de confusión en los que yo entendía (vete a saber porqué) que Xian creía que Anne Igartiburu era un travesti y (aún más sorprendente) en plan garrulo me empeñaba en sacarle de su error, haciéndole saber que la Anne era un verdadero mujerón ibérico. Al final resultó que quería transmitirme su aprecio por la hembra española que le parecia una top model, es decir un 'mannequin' y se sorprendia antes mis constantes referencias a que no se trataba de un hombre. Bueno hasta aquí esta estupida anécdota. A la prochaine!


Montaje que me chifla de escenas del Bratpack sobre el último hit de Phoenix.

2 comentarios:

  1. Ah, pero ¿Anne no es un travesti?

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  2. en la facultad de medicina te explicaban un tipo de hermafroditidmo poniendo a esta señora de ejemplo, siempre desde el puro dime direte, nunca desde la prueba científica...
    De paso te felicito por el blog, que me gusta visitar de vez en cuando.

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