martes, febrero 03, 2009

Todo da lo mismo.

Oigo dos fragmetos de conversación en la renfre que me subyugan. Entrando en acción definiré a mis protagonistas como dos 'Chonis de Facultad', es decir lo que yo entiendo por algunos ejemplares que hay en las distintas universidades españolas y que están allí por que es lo que hay que hacer y por como se expresan o sus temas de conversación findesemanera uno podría confundirlos perfectamente con por ejemplo fruteros, torneros fresadores o dependienta de frutos secos (dignísimas todas).


Fragmento 1.
PAQUIRRÍN - No soporto la gente que va todos los días con los cajcos puestos.
TECHI - Sí y no es bueno para el oído.
PAQUIRRÍN - Desde luego yo cuando me acerco a un desconocido para pedir un cigarro, directamente se los quito.
TECHI - ¿Qué?
PAQUIRRÍN - Les quito los cascos para que me oigan.


Fragmento 2.

TECHI - Eso es parecido a 'diario de un Skin'
PAQUIRRÍN - Yo me lo leí en un rato. Pero yo estoy muy acostumbrado a leer.
TECHI - Yo también leo rápido pero cuando llego a lo del medio.


También quiero comentar como por una peregrina recomendación llego a un escritor polaco desconocido para mí. Aunque no encuentro el libro que me recomendaron, ('El árbol') lo encargo, y me llevo uno de cuentos que sí estaba allí ('La Vida difícil'). Al subir en el autobus hojeo el contenido y leo el primer relato de solo dos páginas de extensión. Quedo impresionado y decido copypastearlo aquí.

LA REVOLUCIÓN

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo... Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

SLAWOMIR MROZEK.

2 comentarios:

  1. Hola Pablito. Gracias por tus diálogos de calle, inolvidables. Respecto a Mrozek, solo puedo decir que es un grande. "El árbol" está genial, pero "La vida difícil" no le va a la zaga. A veces casi alcanza la altura del checo aunque eso es mucho decir. En cualquier caso, cojonudo la verdad.

    ResponderEliminar
  2. Qué relato más brillante, me ha encantado.

    ResponderEliminar

Lo + seguido