viernes, diciembre 12, 2008

¡Qué vida tan sencilla la tuya, mi amigo autómata!

- Qué vida tan sencilla la tuya, mi amigo autómata. -
El último mosquetero (2007) - John Arne Saeteroy 'Jason'

La voz de Klaash estaba ajustada para que sólo pudiera oirla yo -
Superman #10 (Octubre 1987)

Forzándome a escribir para no tener más abandonado si cabe el bloj, lo único que me apetece mencionar de mi agónica última semana de trabajo, es como el pasado miércoles fruto del azar me encontraba en un edificio del centro de Madrid dispuesto a participar en un estudio de mercado. Una actividad que realicé con interés en mis ya lejanos años de universidad y en la que por una compensación económica era capaz de asegurar que era consumidor de los productos más dispares. Pues bien, un grupo de jóvenes de veintimuchos/treintaypocos opinábamos un poco las tonterías sin sentido que nos salían de la polla acerca de diferentes proyectos de campañas publicitarias a cada cual peor sobre una conocida marca de bebida alcohólica. Mientras al otro lado de un espejo quién sabe cuánta gente estaría despollandose de las paridas que deciamos. Tras haber dejado claro que el formato en el que un jovenzuelo pizpireto y espabilado hijo del baby-boom monta una fiesta de la nada - repleta de tías buenas y en cualquier contexto de su existencia - nos parecía un concepto más viejo que el respirar, llegó el momento de las campañas a la búsqueda de lo original dando lo mismo de siempre. En esta tanda creo que viene mi momento cumbre de esta semana en donde descubrí que yo estaba allí por mediación del destino y para dar mi sincero parecer.

La idea de spot que nos presentaban consistía en un estudio de grabación en Miami, se abría una puerta y debían aparecer los White Stripes. Él cogía la guitarra y la otra se sentaría en la batería. Antes de empezar aparecía Beck cortando menta, picando el hielo y todo el proceso de preparación de unos mojitos con la marca de ron que estaba detrás de este invento. A continuación aparecería uno de los dejcamisados de los Red Hot Chili Peppers para unirse con el bajo. Inmediatamente después a le tocaría aparecer a un componente de los Foo Fighters y después anosequién que haría un dúo cantando con Jack White. Y justo cuando irían a empezar esa Jam Session de vete a saber qué mierda, y a la postre aparecería Jimmy Page con la guitarra en ristre antes de fundirse en negro y soltar alguna frase del calado de -ahora empieza tó lo bueno – y seguidamente el nombre de la marca.

En esos instantes yo ya me había retorcido en mi asiento preparado para decir algún exabrupto en contra de semejante idea buscando el público rockdeluxe. Un sector social que opino habría que ningunear a todos los niveles. De repente el chico de mi lado dijo que le parecía un spot chupi porque conectaba con todos los grupos que aparecían representados y dotaba a la marca de un aire fresco de actualidad. Me contuve dejando que los demás dijesen comentarios más favorables, menos favorables o de (bendito) desconocimiento de quienes eran esas gentes; hasta que tomando el turno de palabra y consciente de que grababan todo lo que estaba diciendo solté la que considero mi frase de la semana: - A mí ese dream team de lo mercadofuencarraleño no me puede asquear más. – y acto seguido arrellanandome en el asiento dejando claro que no tenía más que decir a ese respecto. Me mola porque es probable que nadie de los presentes tuviese alguna idea de qué estaba diciendo y porque queda constancia de mi parecer. Después de eso seguimos un rato más y al salir me obsequiaron con un sobre con 60 euros. Dinero (junto con algún excedente de mi cumpleaños) he despilfarrado hoy en caprichos absurdos en la fnac: dvds de Reservoir Dogs e Iron Man (en realidad iba por la trilogía del Dólar de Sergio Leone pero no me ha convencido la edición), la nueva novela de Will Ferguson y el nuevo disco de Christina Rosenvinge. Todo con pasta como que no era mía. ¡Así da gusto consumir!

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