miércoles, noviembre 12, 2008

Cumplir propositos de enmienda.

-No volveré a dejarme convencer para hacer el payaso en espectáculos ajenos– MB. dixit.

Muchas veces tendemos a malinterpretar esos confusos sentimientos que son la timidez o la vergüenza propia confundiéndolos con las ocasiones en que uno dibuja una línea imaginaria en el suelo y se compromete a no cruzarla llueva o nieve en pos de mantener la poca dignidad que a uno le queda. Hoy me ha tocado sufrir una situación de este tipo. No creo haber leído nunca nada más claro sobre este tema que este añejo posteo del difunto bloj de MB, así que lo dejo como bibliografía esencial.

Comenzaba la jornada llegando a la colocación y nada más cruzar el umbral de la puerta de la sala de profesores era consultado por si me apetecía perderme mis clases del día a cambio de irme a una excursión del Departamento de Música como acompañante/guardian. Ni un segundo he dudado en dar el sí. El destino era un concierto didáctico de flamenco para adolescentes en un teatro de un centro cultural de la Comunidad. En resumen os podeís hacer una idea: Cómo se toca un cajón de madera, si pones clavos en los zapatos haces más ruido al taconear y otros conocimientos esenciales en la educación de un escolar. Explicados por una bailaora de origen italiano ¿? - definible por una inexplicable ausencia de gracia al bailar -que abandonó su Milán natal por amor al flamenco. El climax de la actividad ha sido cuando el cuadro flamenco invitaba a subir a distintos niños al escenario para bailar torpemente unas sevillanas. Ocasión ideal para que esos yonquis de las llamadas la atención que son los adolescentes, hiciesen el tonto un rato delante de todos los demás. Pero ¡oh horror! Después de un par de rondas de niños, se anunciaba desde el escenario que era el turno de que bailasen los profesores. Uno de esos momentos en los que sabes que estás en el lugar y en el momento equivocado.

En décimas de segundo, visto y no visto la profe de sociales y gimnasia toda resuelta ya estaba en escenario. Yo me intentaba esconder y miraba para el lugar del profesor de música esperando que él apechugase con ‘su’ excursión. Pero resultó ser otro pusilánime que intentaba escaquearse como yo. En segundos un centenar de alumnos estaban dados la vuelta sobre sus asientos dirigiendo sus miradas hacia mí y coreando mi nombre. – Pablo, Pablo, Pablo...- Sus mefistofélicos rostros rezumando pura maldad estaban iluminados por la tenue luz de sus teléfonos móviles. Los cuales empuñaban dispuestos a grabar la actuación para colgarla en YouTube lo antes posible. Mientras algunas de mis frases dichas en clase era repetidas con especial inquina: - Pablo ¿no decías que en tu clase nunca hay vergüenza? - La presión no pudo conmigo y sin inmutarme me arrellané en mi asiento poniendo mi sonrisa más estúpida y esperando a que pasase ese momento de tensión. Por suerte también iba otro instituto y otros profesores más lanzados/inconscientes procedieron a sacarme del apuro. En resumen estoy contento conmigo mismo pues he sabido decir sin dudar –¡Y una polla!- en el momento adecuado.

Ósculos.

1 comentario:

  1. Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que ser.

    Sartre, Jean Paul

    Muy bien!
    M.B.

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