lunes, agosto 25, 2008

¿Y qué hago yo ahora sin olimpiadas?

Me levanto dolorido tras la barbacoa que celebré ayer en mi hogar y cuando enciendo la tele soy consciente de que hoy no podré tener la televisión encendida de fondo – mientras hago cualquier otra cosa – enterándome de las evoluciones de las más peregrinas disciplinas olímpicas. No veaís que bajón. ¿Y ahora cómo relleno el tiempo de mi última semana de vacaciones? Lo peor es que tendré que esperar otros cuatro años hasta Londres (entonces seguro que voy a verlas en directo y no como el fracaso de planificación e infraestructura vacacional de este año).

En cualquier caso estas olimpiadas me han resultado francamente flojas, sobra decir que me importa un bledo el medallero español (a pesar que me considero fan de los equipos de hockey hierba y balonmano). La gran decepción ha sido sin duda la gimnasia artística. Aquello que en mi opinión es la disciplina que debe marcar cual es el grado más alto de perfección humana. En esta ocasión no ha dado la talla. La perfección creo está más en hacer cabriolas en el aire (o en el agua, o saltando desde un trampolín intentando salpicar lo mínimo) buscando hacer figuras perfectas mucho más que en las disciplinas que versan sobre la búsqueda de la máxima velocidad en una distancia determinada.

A la hora de buscar culpables sobre mi subjetiva decepción ante la gimnasia artística, no sé muy bien como explicarlo. Se aúnan varios factores: la falta de verdaderas estrellas, el bajón de las tradicionales potencias soviéticas (Rumania, Rusia y todos los países de la extinta URSS) y un notable bajón de competitividad. Para muestra un botón: Como es posible que el equipo femenino de EEUU (La Liurkin, Swan Jonhson y cia.) ganase la plata, cuando sus componentes tuvieron taco de fallos y hasta caídas de culo de Alicia Sacramone. La respuesta es sencilla, el resto eran malísimas. Por suerte, China sí se toma en serio esto. Sus gimnastas tienen pinta de estar dopadas hasta las cejas para no crecer y por ello están bajo sospecha. ¡Como debe de ser! M.B. dice que no puede haber verdadera gimnasia tras el declive del comunismo. En parte estoy de acuerdo, pero por otro quiero ser optimista y espero que las cosas vuelvan a su cauce y surjan nuevas megaestrellas (masculinas y femeninas) para las próximas citas.

Por otra parte, la gimnasia rítmica sí ah estado a la altura. Los países más molones eran las potencias. En equipos quedaron en podio Rusia, China y Bielorrusia. En pruebas individuales, la indiscutible crack ucraniana Anna Besonova barrió con las rusas Kabaeva, Kapranova, la bielorrusa Zhukova y alguna otra las cuales se disputaron los primeros puestos. En una liga de tercera división, se encontraba 'nuestra' Almudena Cid cuya cruzada encabezada por PDR, se trataba de aspirar a ser la décima compitiendo con la gimnasta iraní y una china torpe. Una muestra de mediocridad ensalzada a mayor gloria de la raza hispánica. Con las necias impresiones de medio pelo de alguien que poniendo una pierna a la pata coja se marea, acerca de deportistas de élite, me despido hasta la próxima. No sin antes añadir este video con un minuto final de caviar a espuertas.

3 comentarios:

  1. Siento tanta pena por Almudena Cid, como se recrea en su propia mediocridad, como trata desesperadamente de hacerse un hueco en el show Business, su osadía de considerarse una “estrella” y para guinda, que le brinden un reportaje en el país digital, dónde si no, para explicar como ella misma se cose y diseña los modelitos con mucha pedrería que saca en las competiciones, haciendo un guiño en el bordado que representa el “ave fénix”. Cuánta falta de pudor!… Afortunadamente ni Olga Kapranova, Alina Kabaeva o Anna Bessonova se conforman con un diplomita... Son más conscientes que la propia “Almu” de la calidad de su gimnasia, para regocijo de los aficionados, y saben que aunque se les enredara la cinta con doble nudo o se les escapase la pelota fuera del tapiz seguirían aspirando a podium, cosa que por otra parte nunca sucederá, simplemente porque son eslavas y no de Cabo verde, son del Este por antonomasia, donde la plata es un fracaso, donde aunque se castiguen ellas mismas por un error ya se encargará la entrenadora de darles un par de hostias literales, no metafóricas ni morales, para que no vuelva a suceder y donde sonreír significa condescendencia y no la clásica inconsciencia de las deportistas occidentales. A una olimpiada no se va a "disfrutar", se va a ganar!

    Lejos han quedado los tiempos en que occidente demonizaba a los países del Pacto de Varsovia, contándonos que aquellas bellas gimnastas, hieráticas y majestuosas eran obligadas a embarazarse previamente a la competición para así ganar a golpe de hormona y más tarde forzadas a abortar… Y para humillarnos surgían atletas como Alexei Nemov, Svetlana Boginskaya, su homónima khorkina o Nadia Comaneci, entre tantos otros, con dieces como soles, desafiándonos en lo más profundo de nuestro ser, ridiculizando nuestros principios y nuestra manifiesta debilidad capitalista.

    Dios, cuanto echo de menos la guerra fría!


    M.B.

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  2. Deberia borrar el comentario anterior inmediatamente el amigo M.B. deja tan a la altura del betún mi entrada que no debiera permitir la odiosa comparación. Al menos me congratula que use mi bloj como pista de pruebas para derramar todo ese caudal de lujo opinante.

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  3. A mi me ocurre lo mismo que a Pablo, ¿y qué hacemos sin los Juegos Olímpicos? Siempre me queda una especie de "mono" que tarda bastantes días en desaparecer.

    Respecto al comentario del otro anónimo me gustaría apuntar un par de cosas. Decir que en parte tiene razón pues en España nos pasamos tres años pensando solamente en el fútbol y el cuarto, cuando llegan los Juegos Olímpicos, nos acordamos de lo demás. Y que nuestro espíritu competitivo es bastante difuso y siempre tiende a quedarse a medio camino.

    Pero por otra parte considero que la plata o el bronce no son ningún fracaso; a veces cuesta tanto ganarlos y reportan tanta felicidad como si fueran de oro.

    Por último recordarle que Nastia Liukin es hija de famosos gimnastas emigrados desde el antiguo Telón de Acero a Estados Unidos. O que mi amada Bogiskaya, que también vive allí desde hace tiempo, se infló (como otros tantos gimnastas) a hacer tours por el sanguinario mundo capitalista y a ganar un buen dinerito. ¿Sabia que Svetlana Khorkina trabaja en la Duma rusa gracias únicamente a los servicios prestados al Estado durante su brillantísima carrera como gimnasta?; ¿podríamos imaginar eso mismo en el malvado Occidente?

    Y es que entre las leches, como soles, que repartían, o quizás repartan todavía, por aquellas tierras (y otras situadas en el extremo oriente) y que el malvado capitalismo atrae extrañamente a todo el mundo, echar de menos conceptos autoritarios y sus nefastas consecuencias queda, cuanto menos, un pelín ridiculo y casposo; eso considerando que no se trate de otra forzada pose.

    Gracias

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