martes, agosto 26, 2008

Cada vez me quedan menos dedos.

Con la suma estupidez que me caracteriza, presumo para mí mismo que puedo contar con los dedos de mis manos las películas que me han llegado a hacer saltar una lagrimilla (esto no significa que sean las que más me emocionan). Hoy cuento un dedo menos gracias a un deuvedé de esos promocionales de los períodicos que rondaba por casa. Aún con su plástico intacto. Sin motivo aparente me he puesto a ver la película en cuestión, por su considerable fama después de veinte años y por picar el billete de haberla visto. Aunque me ha parecido en conjunto notable pero irregular, tiene un climax final tan apabullante que me ha desarmado. La peli es Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore. cuando me pasan estas cosas me alegro pues lejos de sentirme estupido, me gusta ver que con la causa adecuada se me remueven las visceras pertinentes. No me pasa demasiado a menudo.



Ennio Morricone es el amo y sin duda responsable en un 80% de mi arrebato emocional.

2 comentarios:

  1. Yo la vi hace tres o cuatro años, por razones parecidas a las tuyas, ¡y aluciné! No me esperaba una película que me llegara tanto.
    En cuanto al signore Morricone, ¡qué decir de uno de los mejores compositores de bandas sonoras, junto con Williams y Hisaishi! (hay otros muchos muy buenos, pero estos tres son los mejores)

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  2. Totalmente de acuerdo, con el agravante de que para mí ha sido la ÚNICA que arrancó esa lagrimilla. Sólo esa escena final con esa música merecería estar en el olimpo del cine...

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