lunes, julio 21, 2008

Relato inútil de verano.

Tenemos dos tortugas. No tienen nombre y sólo las diferenciamos porque una es más grande que otra. Durante el verano campan a sus anchas dentro de la piscina de ocho por tres que hay en la parte de atrás de la casa familiar. No sé quien nos dijo que las tortugas aguantan bien el cloro y se comen algunos de los bichos que allí caen. Ni se nos pasó por la cabeza que esto no pudiese ser verdad y allí están aguantando el tremendo calor veraniego. Aún así nos parece que esa situación es algo antinatural e intentamos paliarlo del modo más torpe posible. Por un lado mi madre las saca de vez en cuando y las pone en la pila de la cocina en donde les da algo de comer. El otro día la sorprendí desmenuzando en trocitos minúsculos unas colas de gambas – ¡que peló segundos antes1 -. Cuando le inquirí porque no le daba comida para tortugas me contestó que las gambas se estaban poniendo malas.

Me podría parecer una conducta anómala, sólo que mi comportamiento hacia la situación de las tortugas es tanto o más irregular. No me inquieta que no se puedan alimentar como dios manda, lo que impacienta es saber que las pobres están todo el día bajo el agua sin posibilidad de salir a la superficie. Es decir, que no puedan respirar. Sí, lo sé no tiene ningún sentido, pero mi lógica funciona a sus propias revoluciones. Así que cada día mientras me estoy bañando en la piscina, me sumerjo hasta el fondo y saco las tortugas al terrazo para que puedan darse una vuelta un par de minutos. En una de estas ayer, en un despiste, se me ejcapó la más pequeña ocultándose en el jardín entre la densa espesura de la parte inferior de las arizónicas. No estoy preocupado, porque sé que antes o después volverá a aparecer tan pancha en nuestro jardín o en el de la vecina adyacente. Quién por cierto fue la benefactora de nuestras tortugas. En un primer momento ella tenía cuatro y en algún momento indeterminado del pasado decidió regalarle dos a mi madre para que cada una tuviese un par de tortugas en el fondo de su piscina. Quiero decir siguiendo los sacros dictados de la mentalidad clónica vecinal que reina en las urbanizaciones de chalets de extrarradio, también conocida también por el más pedestre: ‘culo veo culo quiero’.

El otoño pasado no recuerdo en qué circunstancias las dos tortugas se extraviaron y estuvieron en el jardín hibernando hasta mediados de febrero. Cuando con una semana de diferencia, primero una y luego otra aparecieron para que pudiésemos reubicarlas en su alojo invernal. ¿Un terrario? ¿una pecera? ¿un barreño con agua? Pfffffff Niñerías. Durante los meses de frío destinamos la bañera del cuarto de baño de la buhardilla para que las tortugas puedan estar a sus anchas. Total dicho cuarto de baño no lo pisa nadie.

Bueno, tenía necesidad de escribir alguna cosa sobre mi familia y sus excentricidades. Esta semana ha sido un poco dramática para la mayoría de ellos y me he decidido por esta historia en la que quedamos como unos auténticos paletos disfuncionales. A mí estas cosas por increíble que parezca me reconfortan y me ayudan a encontrar un lugar en el mundo.

4 comentarios:

  1. Cuando era adolescente, cada año por estas fechas, me preguntaba por qué a mí era al único que le parecía una buena idea construir una piscina en la parte de atrás de la casa. En lugar de eso mi padre plantó una higuera que cuidaba con sumo celo, tanto que creció y creció de una manera un tanto anormal, copando cada vez más la zona soleada del jardín. Pronto comenzó a dar unos primeros frutos que consumíamos con la complacencia de la familia que se autoabastece, pero pronto la producción del macizo sobrepasó nuestra capacidad de ingesta, por lo que pasamos a la fase de obsequiar a vecinos y familiares con nuestra organic food, a los cuales hastiamos enseguida, incluida la amiga de mi madre que hace su propia mermelada. Hace unos años descubrimos que mis cds estropeados, cuando reflejan el sol, logran ahuyentar a los únicos predadores de la cosecha, los pájaros, que ya ni se acercan al huerto deslumbrados por la tecnología reciclada. Huelga decir que la colecta de higos se ha multiplicado, pero ya no sabemos que hacer con tantos. A pesar de todo esto mi progenitor sigue ocupándose todos los días de su árbol fetiche.

    Paralelamente, en la zona de sombra, mi madre cultiva pilistras, que es una planta muy popular en los patios típicos andaluces. La mano de ella con la jardinería no le va a la zaga a la de su marido y dichos vegetales rebosan de las macetas king-size, teniendo que ser divididas en dos y trasplantadas a otros recipientes donde vuelven a desbordarse y vuelta a empezar. Las vecinas flipan con su tamaño y número y no dudan en halagar a mi madre con la esperanza de que les regale una. Ella muy orgullosa de su trabajo se hace la dura y solo accede a dicha petición en contadas ocasiones, tipo la boda de la hija de alguna de sus amigas o algo así.
    Con el relato de las tortugas me he conmovido y he recordado aquellas mañanas de verano cuando me levantaba tardísimo y con resaca y mi madre me sacaba a la mesa del jardín el cola cao y las tostadas en mi taza favorita de duralex color ámbar, y yo desayunaba observando la decoración del vergel, rodeado por las viejas tinajas gigantes, antaño cargadas de vino y los antiguos utensilios que utilizaban mis antepasados para la labranza, que ahora cuelgan de las tapias; yugos de bueyes, azadas y horquillos de esos que portan los campesinos en las películas clásicas de vampiros, y cuidando con esmero de todo aquello a mis padres, afanosos y totalmente disfuncionales también. En una época en la que mi familia no vive sus mejores momentos, quiero aferrarme a la paz de aquellos días, rabiosos de vida y esperar lo mejor.

    Miguel

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  2. Sólo hay una cosa en el mundo mejor que una higuera: los higos.

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  3. Estimat Miguelón: pedazo de tocho te marcas a las cinco y pico la mañana. Como se nota que para los profesores durante el estío 'todos los días son nochevieja'(cita célebre).
    Lo de los productos autoabastecidos es una parcela que también tenemos cubierta, pues el vecino de enfrente también es horticultor aficionado como tu progenitor y con los mismos problemas de sobreproducción. Gracias a dios como buenos vecinos siempre tenemos la buena disposición de ayudar. Hoy casualmente, de dicho origen ha aparecido en la nevera una fuente de hermosas brevas de quitarte el hipo (un par de las cuales acabo de ingerir).


    Amic Kankoat: que gran perla de sabiduría que también suscribo.

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  4. Dales un nombre a esas dos criaturas

    csv

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