martes, julio 15, 2008

The hills are alive with the sound of music.

Ya estoy de vuelta de mi excursión de unos días por Viena. En una primera impresión que resultó desoladora, mi visión de todo lo austriaco no pudo ser más que fatal. Un paupérrima fotocopia de Alemania (donde no he estado nunca, atención a la osadía de mi compración)que no le llegaba ni a la suela de los zapatos. Es decir lo que pienso de Portugal comparada con el resto de países de la Península Ibérica. Poco me importaba que fuese la cuna de ilustres personajes como Mozart, Klimt, Sissi emperatriz, Egon Schiele o Anton Polster. Todo lo que ví en un primer momento fue cutrerio y afloró un ponzoñoso desinterés por mi parte. Yo no soy una de esas personas que puedan animarse por el simple hecho de viajar y hacer de cada de diferencia cultural, barrera idiomática o absurdo turístico; un festín de alegría y jolgorio personal. Y el primer par de días no encontré ningún asidero al que agarrarme y disfrutar de mi viaje. Como ya habré dicho en alguna ocasión tengo fobia a los museos y exposiciones (y también en menor medida en centros comerciales), lugares donde por motivos seguramente psicosomáticos me producen inexplicables síntomas como bajadas de tensión y mareos repentinos. Una de las taras que me impide acudir a la piedra filosofal del turista medio situado en un lugar donde no tiene claro que hacer. Por suerte vivimos en un mundo globalizado por las multinacionales y la mera visión de locales céntricos copados por sus buenos Starbucks, Pimkies o Zaras consiguen reconfortar al más pintado.


Aunque mi desánimo desapareció en seguida al segundo día. Siendo el motor inmóvil de mi universo vacacional la posibilidad de hacerme dueño de la ciudad montado en las dos ruedas de mi propia bici (de alquiler). Desde el momento en que mis pies dejaron de andar para pedalear a la par de los automoviles y tranvias del lugar, encontré mi lugar en el universo y mi actitud pasó a ser de un optimismo embriagador. Una cosa que me llamó la atención por omisión es cómo en Austria cayó el mito personal de la superior belleza centroeuropea. Esta opinión parte de mi completa fealdad y aún así inmodestia para opinar de cualquier cosa. Parafraseando las inmortales palabras de Carrie Bradshaw, la tónica general era de belleza tipo impresionista: De lejos se intuye una belleza aparentemente impresionante de cerca se vislumbra un borrón y las consiguientes imperfecciones que tenemos todos los mortales. Pero vamos la media de belleza/fealdad como en todos lados, cada vez tengo más claro que lo de Praga es de mentira.



  • Cabalgata del Orgullo Gay Vienés 08: Un ejemplo de como buen turista que soy, acudo a eventos que no pisaría en mi país ni loco. Una lista que podría ser interminable.



  • La Noria del Prater: Emblema del parque de atracciones estable de gran tradición. Con su algodón de azúcar, coches de choque, tiro al blanco, caballitos pony y demás atracciones de medio pelo. Un lugar que en mi opinión es capaz de ridiculizar a cualquier cine pornográfico en un concurso de emplazamientos sórdidos.



  • Impresionante cartel para recordar de un Kino (cinematógrafo) local.



  • Mi balance de mi viaje por Viena que se salda con una calificación media de Suficiente Alto. Para concluir, seguramente dando nueva cuenta de mi ignorancia suprema, diré lo decepcionante que es encontrar merchandising a punta pala de Sissi o de (inexplicable para mí)de 'El tercer Hombre', mientras que me llama la atención la ausencia de recuerdos de lo que debería ser el verdadero orgullo y paradigma de ser Austriaco. Yo al menos, me habría dejado un pastizal en souvenirs.

    3 comentarios:

    1. Pues a mí me gustó más Viena que Praga, no sabría decir por qué. O sí. Praga me pareció un decorado para turistas (luego cambié algo mi opinión) y Viena, una ciudad moderna donde vive gente centroeuropea superguay. Si de verdad quieres conocer las peculiaridades de los austriacos y, sobre todo, de los vieneses, te recomiendo que leas el blog Viena Directo. No tiene desperdicio.

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    2. Bueno amigo Luisru, esto es como todo, a mi me chifla lo Checo y Viena me fue un poco indiferente. Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunas. (me encanta esta perla de sabiduria popular)

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    3. Hoy he entrado en tu blog saltando desde otro y tengo que decir que:
      A.- Suscribo tus primeras impresiones sobre Viena, y también prefiero Praga.
      B.- El año pasado estuve en Austria visitando todas las localizaciones accesibles de "Sonrisas y lágrimas" en Salzburgo y alrededores, incluyendo paseo en coche por las montañas con CD de la banda sonora de la película a un considerable volumen .
      Muy divertido.

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