jueves, julio 03, 2008

Cambiemos el mundo, hagamos lo mismo de siempre.

Las cosas muchas veces no dependen de lo que esencialmente son, sino de cómo nos las presentan. Por ejemplo imaginan que os llaman para ir ésta misma noche al cine y la película elegida es una al azar. Una película de la que ya habéis oído hablar y sabéis que trata los siguientes puntos:

- Un chico joven y pobre extracción social que se muda de su hogar de toda la vida porque su madre soltera ha encontrado un trabajo en otro municipio. El muchacho protagonista entra con mal pie en la nueva escuela donde es acosado incesantemente por los demás alumnos. Sólo encuentra apoyo en la chica guapa de la clase que es rica y esta desigualdad de clase le provoca aún más humillaciones. La sociedad que poco a poco aliena al individuo empuja a nuestro protagonista a entablar lazos afectivos a un estrafalario viejo con graves problemas de alcoholismo que explota laboralmente a nuestro menor de edad, ante la pasividad de su ocupada madre.


Con semejante sinopsis cabría esperar lo peor de lo peor, una loncha de cine social centrada en el problema actual de turno. En este caso el acuciante tema del Bulling, salpimentado con las eficaces especias de los males de toda la puñetera vida, como haría la apetecible firma de un Quen Lotx o un Fernando León de Aranoa. Dónde desde la perspicaz perspectiva de un genio (como los dos anteriores u otro similar) se hace un sesudo análisis de un problema social del que nadie se ha concienciado antes y que dejará al espectador con la agria sensación de que el mundo es una mierda y él no se había dado cuenta antes de que esta película le abriese de par en par los ojos.


Por suerte en la vida y en el arte no todo depende únicamente de este tipo de tendencias. Y se puede contar la misma historia sin tener que masticar al espectador hasta el más mínimo detalle de lo que tiene que pensar para ser una persona mejor. He ahí la diferencia y razón por la que considero que hay tanta basura dentro de la etiqueta del mal llamado cine social. Pura masturbación autocomplaciente que por equis motivos está muy bien vista, mientras que otros productos de similares características con etiquetas más frívolas no reciben el mismo trato benévolo. Por esa razón soy enormemente reacio a ver películas en cuyo argumento me vendan que trata sobre la lapidación de una niña, lo chungo que la gente pase hambre en el tercer mundo, el racismo y todas las intolerancias hacia lo diferente, no tener trabajo, sufrir una violación, etc... Y alargar lo que se quiera decir en una cíclica paráfrasis de horita y media de obviedades.


Por otra parte cada vez estoy más a favor de las películas de ficción totalmente convencionales También abordan los mismos materiales dramáticos y los problemas del mundo pero que tienen la enorme virtud de no machacar, ni dogmatizar más allá de la mera invención. Recordemos el argumento del principio y apartemos el interés en lo dicho pasándolo a una segundo plano. Ahora focalicemos el interés de nuestra película dramática en veinte últimos minutos de caviar a espuertas con un obvio y esperado final feliz. El Resultado podría ser esto:


AUTÉNTICA MASTERPIECE


Ahora haced un ejercicio de abstracción y reflexionad. ¿No serían mil veces mejores películas como por ejemplo, ‘Princesas’ si terminase en una climática competición de karate entre prostitutas poetisas?


Conclusión: Me repito más que el ajo. Todo este post se me ocurría ayer mientras veía Karate Kid Uno y me percataba de que era superprofunda. El aburrimiento me sienta fatal.

2 comentarios:

  1. anónimo tributariovie. jul. 04, 06:00:00 p. m.

    algo me ha hecho saltar la barrera.

    uno de tus mejores posteos hasta la fecha. y haylos mu güenos.

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  2. Querido anónimo tributario: Hay que saltar sin miedo esas barreras, si no lo hace por mi humilde persona, hagálo por los mejillones pejcados en batea. Me alegra que le guste el post y como bien dice igual que hay momentos guays nel bloj también conviven con toneladas de escoria. Pero hace tiempo que tomé la determinación de la escritura cuantitativa sobre la cualitativa. Es decir: 'burro grande...'

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