sábado, mayo 17, 2008

Who will watch the Watchmen? (epílogo 2: Ciudad sin ley)

Hoy me he levantado pronto con la intención de preparar el tema 61, pero de camino he reparado en que no podría pasar la mañana muerta pues necesitaba desesperadamente cortarme el pelo. Últimamente mi progenitor me había hablado toda suerte de beldades de una nueva peluquería (descubrimiento suyo), únicamente para hombres, donde además de disfrutar de un ambiente viril donde me imagino podrás esperar tu turno leyendo el Marca, el interviú o revistas de motos, el peluquero ofrece el servicio de afeitado y te recorta el bigote y la barba si así lo precisas. Uno de los objetivos no cumplidos de mi vida es conseguir que me afeiten a navaja, en una barbería tradicional. Una de esas super viejunas que abundan en mis recuerdos infantiles del madriz cañí y que ya no localizo, todo lo bueno ser pierde, aquellas con sillones-armatoste de cuero y sendas columnas tricolor a los lados de la puerta. Cuando he ido a preguntar a mi progenitor no le he localizado y he tenido que posponer mi segurísima visita a ese local, para repetir en mi insulsa peluquería unisex, donde paradójicamente siempre abundan las hembras humanas.


Allí me planté a la hora que me habían reservado, previa llamada telefónica, y me sumergí en medio del tema recurrente del municipio: la corrupción de la policía municipal. Como es habitual en mí me he dedicado a ojear un libro mientras tomaba notas mentales de todo lo que oía y a riesgo de resultar cansino voy a intentar a hilar y recomponer ‘artísticamente’ los highlights de la explayada conversación de treinteañeras cosladeñas (peluqueras y clientas) que he escuchado:

Sra. A: Tengo tol día al R. (cónyuge de A) hipnotizado con el caso.
Sra. B: ¿Y eso?
Sra. A: Se traga todos los reportajes. Está todo el tiempo buscando novedades. Y cuando se entera de algo, me manda un mensaje al móvil.
Sras B y C: ((risas acompasadas))
Sra. A: Hasta me escribe los nombres y apellidos. Y ahora le ha dado por meterse en la página de Mutua Madrileña con los DNIs, para buscar que coches tenían. Y en otra página de opositores a municipal.
Sra. C: Será para ver si las oposiciones son fáciles.


(aquí hago un inciso en pos de aclarar la posible verosimilitud del relato, pues no entiendo cómo el R. podría meterse en información a mi juicio confidencial y lejos del alcance del usuario medio de Internet.)


Sra. A: Lo que quieras, pero si quieres enterarte de algo, ni periódico ni nada, llama al R.


[...]


Sra. A
: La papeleta que queda ahora va a ser en las fiestas de Coslada.
Sra. C: Con tanto niñato que les dirá de todo a los municipales y se les encararan.
Sra. B: Es que la gente no va a saber diferenciar que no todos los policías estaban en el ajo.
Sra. A: No me extrañaría que se negasen a ir a las fiestas.
Sra. B (apoteósica): Vamos a convertirnos en una ciudad sin ley.


[...]


Sra. C
: Pues parece que los comercios no sólo eran extorsionados sino que lo peor era que apareciese la familia del Ginés que si tenías un restaurante se presentaban a comer y no te pagaban nada.
Sra. B: ¡Qué faena!
Sra. C: Imagínate que viene toda la familia a la peluquería y te tiras toda la mañana trabajando para nada.
Sra A: Quita, quita, yo por suerte nunca tuve ningún problema. Pero como llevo viviendo aquí toda la vida, cunado iba al instituto y salía por aquí, sabía que iba por ahí pegando gente. Pero sólo pensé que era un chulito.
Sra. B: Yo es que vivo aquí desde hace sólo tres años y no sabía nada.



Próximamente más (y sin nada que ver con esto)

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