miércoles, abril 23, 2008

No tienes que ser parte de una minoría para ser víctima del odio.

¿PREPARADA PARA REUNIRTE CON EL HACEDOR?

La semana pasada, leí en el Asbury Press un artículo que me produjo gran desazón. En cierto sentido era la clase de noticia que solemos leer todas las mañanas y que después de causarnos impresión, aunque no muy honda, da paso al horror y nos deja mirando al cielo durante un largo momento, hasta que volvemos a la variedad de nuestros asuntos –cumpleaños de famosos, resultados de partidos, óbitos, nuevas ofertas inmobiliarias- que nos arrastran a nuevas preocupaciones, y a media mañana ya la hemos olvidado.

Pero, bajo el escueto titular MUERTE EN LA ESCUELA DE ENFERMERÍA, el artículo describía en detalle una jornada normal en el departamento de enfermería de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de San Ysidro (campus Paloma playa), en el sur de Texas. Un estudiante de enfermería descontento (siempre son hombres) entró en la facultad por la puerta principal, y se dirigió al aula donde él debía de estar en esos momentos realizando un examen: filas de estudiantes con la cabeza inclinada, concentrados en la tarea. La profesora, Sandra McCurdy, estaba mirando por la ventana, pensando en quién sabe qué: en el pedicuro, en un día de pesca con su marido, con el que llevaba veintiún años casada, en su estado de salud. La asignatura, tal como de forma burda y nada sutil quiso el destino, se llamaba “Agonía y muerte: ética, estética y prolepsis” algo sobre lo cual los enfermeros necesitan saber.

Don-Houston Clevinger, el estudiante descontento –un veterano de la marina, padre de dos hijos-, ya había sacado malas notas en el primer semestre y probablemente no iba a aprobar el curso, con lo que quizás tendría que irse a casa a McAllen. El tal Clevinger entró en la silenciosa y solemne aula donde se llevaba a cabo el examen, y avanzó entre los pupitres hacia la parte delantera, donde la señora McCurdy, con los brazos cruzados, miraba abstraídamente por la ventana, tal vez sonriendo. Y alzando una Glock de nueve milímetros del centro del espacio que había entre sus ojos, le dijo:

-¿Preparada para reunirte con el hacedor?

A lo que la señora McCurdy que tenía cuarenta y seis años, era una excelente profesora, jugaba estupendamente a la canasta y había sido enfermera de la Fuerza Aérea en la Tormenta del Desierto, contestó guiñando sus ojos de color hierba doncella sólo dos veces:

-Sí, creo que sí.

Con lo cual el tal Chevinger la mató de un tiro, se volvió hacia los perplejos aspirantes a enfermeros y se metió un balazo en el mismo sitio.

Estaba sentado cuando empecé a leerlo: […]

Richard Ford. Comienzo de su novela ‘Lay of the Land (Acción de Gracias)’


Hoy día de San Jordi y por extensión día del libro, elijo transcribir el comienzo de mí última lectura.Podría tirar de mi 'clásicos canónicos' y poner alguno de mis comienzos de libro predilectos: el de 'Orlando' de Vivi Woolf, el lírico primer parrafo de 'Lolita', o también la chocante primera escena descrita en 'Corazón tan blanco' (algo similar a la elegida hoy) o cualquier otra que decidiese pasando revista a las estanterias de mi 'biblioteca'. Finalmente escojo este fragmento para volver a declarar (dar el coñazo) mi filiación por las novelas de Richard Ford protagonizadas por el personaje Frank Bascombe. Mientras leo esta última entrega tengo la constante impresión de leer algo que me trasciende, me emociona, me reconforta y me ayuda a comprender el mundo que me ha tocado vivir con una suerte de TOLERANCIA (con mayúsculas) alejada del fariseísmo al que yo tiendo a caer. Por libros y momentos así es por lo que me fuerzo a leer en los periodos que menos me apetece.

2 comentarios:

  1. Gracias por el de la policia Yidish de michael chabon!

    Los libros estos me los tendras que dejar, que en la biblioteca de al lado de mi casa no los traen. Panda de cutres

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  2. Yo elijo el libro y tu señora esposa apoquina la pasta, así no hay forma de fallar y vuelvas a tener un libro de Jorge bucay en tus manos sosteniendo tu mejor cara de poker. Un trago que no deseo ni a mi peor enemigo.

    Los de Ford, te los paso pero vamos teniendo una biblioteca municipal al lado y pudiendo hacer desideratas non-stop para ahorrarte una pasta. Parecer mentira que hayas estudiado lo que has estudiao.

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