martes, abril 15, 2008

La gente está zumbada (I)

Inicio una serie de relatos sobre experiencias personales (acecidas casi siempre en trayectos de transportes públicos) donde constato una máxima que TODOS deberiamos conocer: 'La gente está loca'.


Encontrábame yo uno de esos días que salgo pronto del trabajo y la una y pico del mediodía esperaba tranquilamente el autobús en la 'Cruz' de Ciudad Lineal. Era un día soleado de aquellos en que apetece estar por la calle vagueando sin ninguna preocupación. En la fila del autobús estabamos cinco personas. Por un lado cuatro hombres de los más variados estratos, edades, condiciones físicas y aspectos pero que en ésta ocasión nos comportamos como un único ser. En el otro lado y delante en la fila, junto a todos los demás, se encontraba una muchacha. Una chica joven de veintimuchos o treintaipocos que sin lugar a dudas podía ser calificada como una mujer atractiva.

En un momento de la espera, según creí en un primer momento motivado por el calor, la muchacha en cuestión, decidió quitarse la chaqueta vaquera que llevaba puesta, quedandosé en una liviana camiseta que dejaba entrever nuevos trozos de piel al sol. Este acto rutinario provocó que ella fuese el centro visual del resto de integrantes de la fila. Ya fuese por aburrimiento, admiración, deseo o cualquier otro motivo; mas estas razones en pocos segundos se transformaron en un único sentimiento común.

Sucedió que la muchacha al quitarse su chaqueta no optó por doblarla sobre uno de sus brazos, sino por realizar un acto en mi opinión completamente psicopático. Extendió la prenda con las dos manos y sigilosamente se acercó a una asquerosa paloma que picoteaba en sus cercanías. Como un rayo se abalanzó hacia el ave tirando su chaqueta con la esperanza de apresarla. Por supuesto el pájaro escapó volando y la muchacha haciendo un gesto de decepción recogió su chaqueta del suelo.

Voy a dejar de lado por un momento que no se me ocurre ninguna razón por la que un ser humano civilizado del siglo XXI quiera apresar un nido de infecciones como es una paloma de ciudad que no me cause cuanto menos el mayor de los desprecios. Lo que si me llama la atención es cómo los cuatro hombres que segundos atrás observábamos la belleza de una persona y segundos después compartiamos también una misma sensación de asco, una total ausencia de lujuria, una mirada complice de unos para con los otros y además una reflexión común: - Pobrecita, está loca.-

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