sábado, abril 05, 2008

Aurea mediocritas

En muchas ocasiones me arrepiento de las cosas que escribo. La mayoría de las cosas que hago me dejan insatisfecho y sé con total seguridad, sin falsa modestia, que son una puta mierda. Y que ni siquiera atesoran el valor de hacerme gracia a mí mismo. Aunque por otro lado he tenido que hacer un pacto para hacerme entender que es mucho mejor para mí seguir escribiendo cualquier cosa que ir dejando que mi carácter holgazán se apodere poco a poco y termine eliminando una de las cosas que me gusta hacer: escribir (y además para que me lean).

Sin embargo en ocasiones me doy cuenta que las cosas tienen que ser así. Uno no puede dar siempre en el clavo. Atinar no es fácil y para hacer algo que merezca la pena hay que equivocarse muchas veces. Todo esto me decía a mí mismo ayer mientras leía en la´página de opinión del diario Público este artículo de Espido Freire:

  • DEMETER 04 Abr 2008 06:00


  • Nunca existió el barco fantasma Demeter, aunque Bram Stoker lo convirtió en un navío de horror, que arribaba sin tripulación a las costas inglesas con el veneno del vampirismo en su interior. Drácula, el mismo ser malvado que invocaba a lobos, murciélagos, gatos salvajes y cuervos, y los llamaba hijos de la noche, se ha convertido en estos días en una figura más compadecida y seductora que odiada y maldita. El escritor Fernando Marías ha editado una colección de cuentos en la que diversos autores reinterpretan su obsesión por Drácula; y otra vez la plaga de vampiros sobrevolará los hogares de lectores.
    Respecto a los hijos de la noche, también se han dulcificado. El pobre lobo, perseguido y acosado, se encuentra ahora en trance de ser protegido. Imitamos a los murciélagos, en nuestro afán de emitir ondas invisibles para comunicarnos. Y los gatos son, por suerte, una mascota cada vez más querida y más apreciada en los hogares.
    La empresa Bayer iniciaba ayer una campaña para concienciar a los dueños de los gatos de la necesidad de desparasitarlos: al igual que los vampiros invadían la noche y se convertían en un peligro invisible, la zoonosis aparece como uno de los miedos tangibles del ser humano. Al gato, en su estela de animal maldito, despreciado y maltratado, se le ha cargado la etiqueta ominosa de transmitir la toxoplasmosis. También la lechuga mal lavada lo hace, y no se les prohíben a las embarazadas las ensaladas. Sólo los gatos infectados, en un periodo determinado del año, pueden hacerlo, pero el pánico a que, durante un embarazo, el feto sufra daños por esa enfermedad es una notable causa de abandono o sacrificio de gatos. Algunos ginecólogos aún no recomiendan algo tan sencillo como hacer una prueba de toxoplasmosis al animal, o no facilitan la información adecuada.
    Los vampiros morían por una estaca en el corazón, cosa que generalmente también mata a quien no lo es. Algo así ocurre con los gatos: mueren, como si estuvieran malditos, por la ignorancia y el fanatismo.


    En serio, aún me cuestiono si puede ser real que el argumento/tema de éste texto sea hacer un símil entre matar vampiros y desparasitar gatos alemanes como una de las injusticias y lacras de la sociedad en la que vivimos y por supuesto es un tema de total interés general. ¡Qué genialidad! Espido, te has ganado una vez más mi total admiración y un link a tus artículos en lugar preferencial en ésta humilde bitácora para poder seguirte de cerca.

    1 comentario:

    1. Después de leer artículos como éste, me arrepiento solemnemente de haber estado ninguneando el talentazo oculto que está produciendo el mainstream literario patrio en los últimos años/lustros. Qué txanantada!

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