viernes, septiembre 01, 2006

Spanischer Stolz

La semana pasada veia en Madrid directo (o programa similar) a unos agricultores que se quejaban de como eran victimas del constante saqueo de los vehiculos que pasaban junto a su sembrado junto a las carreteras. Los coches paran y cogian un saco de tomates, melones o lo que fuese menester sin pagar un solo real por ello. La queja era más amarga pues al parecer no solo se trataba de pequeños hurtos sin premeditación, sino que lo realmente grave era la gente que iba con una furgoneta la cargaba y después iba al mercado a vender la mercancia sacandose un dineral con un coste mínimo.


Esto vino a mi memoria cuando Ef. una compi germana me explicó este fin de semana como en su pueblo hay un campo de flores sin vigilancia junto al cual se puede ver una tabla con la lista de precios de las flores y una caja junto al cual se puede dejar el dinero por las flores cogidas y retirar el cambio si fuese necesario. Es más me dijo que un lugareño jamás podría hurtalas pues su sentimiento de culpa al hacerlo pesaria mucho más. Lo que más me chocó no fue solo que me perjurase que toda la gente del lugar respetase a la hora de pagar las flores cogidas o que no cogiese más flores de las que pagase, o lo que me pareceria más habitual pasar y coger el dinero que hubiese dejado un primo que pasase antes o cualquier triquiñuela que cualquiera de nosotros justificaria y se enorgulleceria de su acto contra un tercero mucho menos 'avispado' bajo la bandera de la expresión 'picaresca española'.


En estos momentos es cuando tengo más claro lo cutre que es es ser Español (bueno o francés o portugués o italiano, etc... que me temo actuarian igual.)porque se que yo y la sociedad que me rodean actuarian como así (salvo contadisimas excepciones). Por esto y muchas otras cosas lo meridional me resulta siempre sinónimo de ser más cutre. Y ahora después de escribir esto me voy en un rato a sentir el orgullo patrio de animar a la selección de baloncesto para ver si llegan a la final.

Agur

4 comentarios:

  1. Este blog es absolutamente genial.
    La entrada de la "premier ligue" casi me hace llorar de la emoción...
    Un saludo!

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  2. Amigo Sebas: agradezco de todo corazón tus palabras, en la última semana he recibido un par de comentarios como este que me han animado mucho. Pues cuando más tengo la sensación de no tener nada que decir, no aportar nada y estar quemadisimo con esta historia del blog, llegan este tipo de elogios. Pues gracias.

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  3. Jo, yo recuerdo cómo flipé en Amsterdam, donde había -al menos cuando yo estuve allí, hace ya de eso cinco años largos- varias lineas que recorrían el centro sin vigilante alguno, y que por tanto ponían bien fácil el meterse en el tranvía sin pagar (los conductores de tranvias no cobran en Amsterdam, y tienes que abonar el trayecto con una tarjetita que tenias que comprarte previamente). Pues bien, yo siempre pensé que nadie pagaba allí, y mira que el tranvia iba lleno siempre, hasta que un día entró un revisor y me sorprendí cuando vi que ABSOLUTAMENTE TODO EL MUNDO sacó un billete válido. Yo tuve que darme prisa y cancelar mi tarjeta correspondiente en una máquina, disimulando como pude, es decir, haciéndome el despistado.

    Luego lo hablé con holandeses y me dijeron lo mismo, aunque no haya vigilancia ni "tiquetero", todo el mundo paga el viaje en tranvia por lo mal que se sentirían. Curiosa lección que no dudo cambió mi personalidad para siempre.

    Jo, es un placer leerle, sigue chaval, que ya ves que yo estoy un poco desanimado con el blog de momento.

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  4. En el palacio de Dolmabache, una mujer (la única española, aparte de mi por ahí) se empeñó en pisar el mosaico del siglo XV para acercarse a hacer fotos aunque la guía se desgañitaba diciendo que NO SE PODÍAN PISAR. Ella susurró a su amiga,"yo quiero hacer fotos". Curiosamente esa misma frase le dijo un señor con bigote y de claro acento ibérico a su mujer haciendo fotos con flash a las cariátides del museo del Akrópolis (que parte de la frase NO FLASH no entendió?)... Luego me enteré que se apellidaba Martos. Desde entonces denomino Martos a este tipo de turista que tanto me avergüenza y que nunca es holandés ni germánico (mención aparte merecen los cerveceros tedescos de la costa dorada en Agosto). Y por extensión, me avergüenzo de que descubran que soy española: intento callarme y no decir ni pío si hay algún Martos cerca para que no me metan en el mismo saco.

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