viernes, septiembre 22, 2006

Enamorado de la moda juvenil

Ayer en el trabajo me dejaba la piel como de costumbre visitando internet con Sa., una vez hastiados de Youtube, volviamos a los clásicos y buscando fotos grandes mitos mediaticos en posados para revistas del corazón tipo Pronto, Diezmi u Hola y con la maldad de la que solo puede hacer gala un vecino nos dedicabamos a despollarnos a costa de poses, modelitos noventeros y enormes bisuterias de iconos tales como Leti, la Pantoja, Las valverde, la Siñeriz, la Jesulina, el gato, las azucar moreno y sobretodo el book de Terelu imitando famosas de hollywood.


Al escuchar nuestras risas se acerco Al. un compañero de una generación anterior que nos relató la triste historia de su mala pata. A él que le tocó vivir en plenitud los ochenta y primeros noventa. Nos contó como era aterrador encontrarse con que los objetos de su lujuria generacional iban ataviados con una estética donde las desórbitadas hombreras, los pantalones con la cintura a la altura de las costillas (Cachuli's way of life), maquillaje con rodillo, los flequillos más bizarros y los cardados imposibles estaban a l aorden del día dispuestos a destrempar al más valiente. Nos contaba como él desdeñaba toda esto y con nostalgia recordaba la estética inmediatamente anterior donde imperaban minifaldas, campanolos y los ombliguillos al sol. Para más 'inri' explicó que un tiempo despues se había encontrado con alguna de las ochenteras de las que había ninguneado y de las que había pasado completamente, para ver como una década de moda había transformado en churris para caerse de espaldas. El colmo de la mala suerte.



La única conclusión que saco de todo esto es que hay que tener suerte hasta en el periodo en que nos toca vivir. Y en el caso de fantasear con haber pertenecido a otra época siempre hay que mirar hacia el futuro, porque cuando alguien dice en voz alta lo que le hubiese sublimado vivir en la Edad Media, la corte francesa del Versalles del XVIII o el Egipto de los faraones... pienso en que no es humanamente posible echar marcha atrás viviendo sin papel higiénico, agua corriente o penicilina para combatir una buena disenteria o una insignificante peste negra, además de miles de pequeños detalles cotidianos en los que prefiero ni pensar.


Mañana me toca boda... un saludo!

1 comentario:

  1. jo, es todo mas bucolico que como lo planteas.
    si hasta maria antonieta tenia converse jejejejeje.
    bss

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