jueves, marzo 09, 2006

Formas de la globalización y el progreso

  • "He aprendido que hay diferentes intensidades del azul más allá del azul muy, pero que muy intenso. He comido más comida y más elegante que en toda mi vida, y la he comido durante una semana en la que también he aprendido la diferencia entre ‘bambolearse’ por culpa de la marejada y ‘dar cabezadas’ por culpa de la marejada. He oído a un cómico profesional decirle a la gente sin ninguna clase de ironía – Pero en serio.- He visto trajes de chaqueta y pantalón de color fucsia, cazadoras de color rojo menstrual, anoraks de color marrón y púrpura y zapatillas deportivas blancas sin calcetines. He visto corredoras profesionales de blackjack tan encantadoras que te dan ganas de ir corriendo a su mesa y gastarte hasta tu último centavo jugando. He oído a americanos adultos y boyantes preguntar en el mostrador de atención al pasajero si hay que mojarse para bucear, si el tiro al plato tiene lugar al aire libre, si la tripulación duerme a bordo y a qué hora es el Buffet de medianoche. […]

    En una semana he sido objeto de mil quinientas sonrisas profesionales. Me he quemado y he mudado la piel dos veces. He tirado al plato en el mar. ¿Es esto suficiente? En aquellos momentos no parecía suficiente. He sentido todo el peso del cielo subtropical como si fuera una manta. He saltado una docena de veces al oír el ruido tremendo, parecido a una flatulencia de los dioses, de la sirena de un crucero. He asimilado los rudimentos del mah-jong, he visto parte de un torneo de dos días de bridge contrato, he aprendido a ponerme un chaleco salvavidas encima del esmoquin y he perdido al ajedrez con una niña de nueve años. He regateado por baratijas con niños desnutridos. Ahora conozco todas las razones y excusas imaginables para que alguien se gaste tres mil dólares en un crucero por el caribe. Me he mordido el labio y he rechazado hierba jamaicana de un jamaicano de verdad. En una ocasión, desde la barandilla de la cubierta superior, bastante abajo y lejos a la derecha del casco, vi algo que me pareció la aleta característica de un pez martillo, confundido por la estela niagariana de la turbina de estribor.

    He oído – y no puedo describirla- música reauge de ascensor. He aprendido lo que es tenerle miedo a tu propio lavabo. Me he acostumbrado al movimiento del barco y ahora me gustaría desacostumbrarme. He probado el caviar y he estado de acuerdo con el niño sentado a mi lado en que es apestoso. Ahora entiendo el termino ‘libre de impuestos’. Ahora conozco la velocidad máxima de un crucero en nudos (aunque nunca conseguí entender qué es un nudo). He probado los caracoles, el pato, la tarta de merengue, el salmón con hinojo, un pelicano de mazapán y una tortilla hecha con lo que supuestamente eran restos fósiles de trufa etrusca. He oído a gente en hamacas decir con total sinceridad que lo peor no es el calor. Sino la humedad. Me han cuidado de forma absoluta, profesional y tal como me habían prometido de antemano. Con humor sombrío he visto y registrado todas las modalidades de eritema, queratosis, lesiones premelanómicas, manchas de la vejez, eccemas, verrugas, quistes populares, panzas, celulitis femoral, varices, postizos de colágeno y silicona, tintes baratos, transplantes capilares fallidos. Es decir, he visto casi desnuda a un montón de gente a quien habría preferido no ver en ningún estado parecido a la desnudez. Me he sentido tan deprimido como no me sentía desde la pubertad y he llenado tres cuadernos.
    "


  • David Foster Wallace en 'Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer'.



    Hoy en la fnac las novedades editoriales me apabullaban; una nueva edición de las 'short stories' de Cheever en dos volúmenes que deberé cotejar para saber si merecen adquirirse o me conformare con la selección que sale en 'la Geometría del Amor' (me temo que la mayoría de los cuentosestarán repetidos...), con lo que si he picado es con los dos tomos en bolsillo de 'Los mitos griegos' por envidia cochina y los tres tomos de la trilogía de 'Los Sonámbulos' ('Pasenow o el romanticismo; Esch o la anarquía; y Huguenau o el realismo'.) de Hermann Broch, recién publicados en bolsillo. Así pues cuando pagaba con la tarjeta de crédito en la caja, el jovencito de turno con su chaleco petado de chapas me hacia una pregunta que me descolocaba: - ¿Cuál es su código postal? – Por una vez y sin que sirva de precedente no conteste automáticamente a lo que se me preguntaba. Con curiosidad preguntaba para qué se necesitaba ese dato, si yo había dado mi DNI y jamás me habían preguntado por eso. Seguramente me entro el pánico y me sentí humillado como un gitano/sudaca/yonqui/etc... al que pasan los billetes de cinco euros por luz ultravioleta para comprobar que no sean falsos.


    El muchacho pensándose que ya le iba a salir respondón, me dijo que podía negarme a decirlo si quería, pero que a partir de ahora me lo iban a pedir en muchos lados. En ese instante para que el chico no pensase de mi que era un antisistema, ni un jipi, ni nada... raudo procedí a decirle mi código postal y entonces me explicó que era solo para hacer estadísticas ¿? Por alguna razón este episodio me afecto y me llevo a tener un bajón de reflexión respecto a donde nos lleva el mundo actual, el progreso y todas estas cosas sobre las que no tengo ni conocimientos, ni capacidad de análisis o reflexión... Quizá todo lo que conlleva la globalización en todas sus formas, cosas tipo poder sacar dinero de un cajero con una Visa electrón de tres al cuarto en la ciudad más perdida del tercer mundo, no sean siempre positivas... Ahora por egoismo y debido a este nimio incidente tengo mis dudas sobre este punto. Solo me queda posicionarme o bien hacer como que me importa un bledo o que finja que me preocupa verdaderamente. Cuando decida cual de las dos me parece una postura más cínica será la que elija. De momento ya me he aprendido el código postal de Cuenca capital para poder mentir en la próxima ocasión.

    Mañana más.

    5 comentarios:

    1. todos a dar el codigo postal de cuenca a ver si les abren un fnac alli.

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    2. eseselplan...

      Yo voy a decir 16003 donde se situa la calle Radio Nacional (por ejemplo)!

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    3. A mí llevan años preguntándomelo en el IKEA, es por simple estadística. Les afecta a la hora de abrir nuevas sedes o enviar catálogos de promoción... en fin, nada de lo que debas preocuparte.

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    4. ¡Nunca facilitar el código postal! Como en la vieja mili: voluntario ni pá mear. Es evidente que nadie que no lleve un tricornio y te coja en acto delictivo te lo puede pedir y mostrarse molesto porque no se lo des.
      Algo similar sucede cuando en un hotel o en un banco van a fotocopiar mi dni sin permiso. Al momento suelo solicitar que destruyan la copia. No hace falta ser jipi o antisistema para evitar que nos controlen cada vez más.

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    5. Joe! Ma encatao el principio del cuento ese que has puesto, Yo quiero irme de crucero y hacer todas esas cosa y más!!. Bueno, todo menos ver lo de la celulitis, las varices y otras huellas del paso del tiempo en el cuerpo ajeno(bastante tenemos cada uno con lo nuestro pa encima verlo también en el cuerpo del vecino).
      En cuanto a lo del código postal, no es solo porque un día estuve en su pellejo, pero pido desde aquí, cuanto menos colaboración y simpatía con las cajeras de cualquier tipo y clase de comercio.
      V.B

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