martes, febrero 14, 2006

Post del día de San Valentin

Creo que convertí a Virginia en mi esclava sexual. Tal como suena. Ahora bien, una esclavitud aceptada de buena gana, una esclavitud que hace del tirano que la ejerce un esclavo también, aunque un esclavo con los privilegios del mando. Sé que puede parecerles una declaración desalmada, pero no he venido aquí a impartir una conferencia sobre las buenas costumbres, ni mucho menos sobre la supuesta alma inmortal y bondadosa que todos albergamos. Además para que se produzcan las relaciones de esclavitud ha de haber un esclavo y un esclavizador. Virginia era mi esclava y yo quien llevaba la voz cantante. Poco más o menos eso es lo que ocurre en todas las parejas que conozco: uno manda y otro obedece. La mayor parte de las veces es así. Yo no he inventado el mundo, ni la esclavitud, ni el corazón del ser humano.
en 'Los Reinos de la casualidad' de Carlos Marzal



No soy proclive a escribir en los días festivos haciendo de este hecho tema del día, pero hoy me he levantado más blando que la mierda de pavo y por tanto...


Ayer mientras iba en el metro a trabajar vi como una pareja se sentó delante mía, sacaron un ejemplar de la revista El jueves(lo cual dice tanto sobre ellos), en el que por la proximidad pude cotillear había un chiste gráfico en el que en vez de hacer una caricatura de mahoma aparecía el típico truco de unir la imagen por puntos numerados, entretenimiento que aparece habitualmente en las revistas de variedades y pasatiempos para rellenar huecos. La pareja en cuestión se rieron con el chiste y pasando a otro nivel de comprensión, procedieron a sacar un boli y unir con líneas los puntos hasta sacar la imagen, pasándolo pirata juntos.


Seguramente en ese mismo momento alguna pareja de quinceañeros en un cine estará viendo algún clásico del cine de terror, procurando descalzarse tanto de zapatos como calcetines para poder hacer tontos jueguecitos con sus pies sacando ventaja de la clandestinidad que les procura la oscuridad.


En otro lugar puede que un fornido celador llegue cansado a su hogar tras haber pasado toda la jornada transportando muertos arriba y abajo... llegue a casa y antes de desfallecer en la cama, con la cabeza ya sobre la almohada decide dedicar un último instante alcanzando su teléfono móvil y haciéndose una foto a sí mismo fingiendo estar dormido. Acto seguido se la enviara a su txurri, que por azares del destino residente en otra ciudad añadiendo que esa foto se la sacaron sus compañeros de piso mientras dormía.


En otro lugar un jovenzuelo sin tener un maravedí, debido a una precaria situación familiar de la que se avergüenza (hasta el punto de dejar a sus colegas esperando en el portal para que no vean lo que ocurre dentro) recorre el cementerio local buscando unas flores que no estuviesen lo suficientemente mustias como para poder agasajar a su chica.


En otro lugar una técnica informática súperprofesional que en su empresa es temida por todos debido a su fama de fría y calculadora, una autentica bussineswoman viborejca capaz de todo por ascender que en secreto recuerda melancólica la noche de reyes en que su pareja contrato a una actor para que se presentase a medianoche en su casa disfrazado de Rey Melchor e interpretase su papel delante de ella dándole su regalo en persona...




Si volvéis a leer la cita con la que comenzaba el post, observareis algo que refleja a grandes rasgos mi opinión sobre las relaciones sentimentales en general... En las escenas siguientes, completamente ficticias, surgidas de mi pobre imaginación y contrastadas con los vagos recuerdo de otras similares protagonizadas por mi mismo andando acaramelado, agarrado de la mano de alguna pobre infeliz... puedo sustraer la esencia común que paradójicamente parece desdecir mi opinión. Cuando observo desde fuera este tipo de escenas de atolondramiento vital, no lo puedo evitar, la pura envidia me corroe.




P.D. Si vuestros planes os lo permiten hoy tenéis una jugosa oferta de actividad de ocio buenrrollista para calmar vuestros instintos de violencia gratuita.

5 comentarios:

  1. No sé si este comentario saldrá publicado, porque me parece que los otros dos que hice han desaparecido, pero...

    Un post absolutamente genial el de hoy, Pablo, incluso diría que poético, desde la cita inicial (veo que te has adentrado en los vericuetos de Marzal, muy bien hecho).
    Posts como los de hoy son los que hacen que servidora te lea todo los días.

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  2. A mi también me ha gustado mucho tu post (no lo escribiré tres veces), tomare nota de la novela de Marzal (aunque es muy gorda ¿no?). Pero no me ha quedado claro, ¿leer El Jueves es bueno o malo?

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  3. Al final salieron por triplicado, mi darse por satisfecho con uno solo, gracias Don Héctor por sus afectuosas palabras. Por modestia decido suprimir los dulpicados.


    Idem por los elogios también compañero Callejón, sobre la revista ElJueves no considero que sea ni bueno, ni malo... simplemente es una fase. en tono confesional diré que Makinavaja me parece lo más y me sigue molando LaParejita. Y los libros cuantos más gordos más buenos ¿no?

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  4. Gracias por la visita y el enlace, majete.

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  5. A mi un mensajero de mi oficina me trajo un penacho de flores arrancadas de cuajo de la mediana de la autopista... me las dio todo sonrojado y aún colgaban las raíces manchadas de tierra. Las acompañó con una bonita nota en cartulina lila con faltas de ortografía.
    Fue muy tierno y embarazoso a la vez.

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