martes, febrero 21, 2006

La ignorancia es un arma.

Martes, a mierda te hartes!
Ayer me desperté pizpireto y así porque sí decidí acudir a mi clase de francés a la que llevaba un par de días sin acudir. Cual fue mi sorpresa al llegar cuarto de hora tarde, abrir la puerta y ver a todo el mundo callado, reclinados sobre sus mesas y concentrados sobre un papel. Un solo pensamiento pasó por mi mente – Putain! – me había olvidado completamente que en Febrero tocaba un examen blanco de esos.


Para el que no lo sepa un examen blanco es una prueba a mediado de curso que en realidad no cuenta como nota parcial, final ni nada y que solo sirve para que todo el mundo vea el nivel que lleva. Una iniciativa respecto a la que me posiciono completamente en contra. En mi opinión un examen debe contar siempre, además su estructura debe ser un misterio hasta el último momento para el alumno como una especie de Grial maligno y por su condición desconocida pueda dar lugar a sentencias de justificación posterior tan clásicas como: - Se ha pasado tres pueblos!


En fin pues me senté y comencé a rellenar huecos con mi francés coloquial de tres al cuarto, sin acordarme de cómo se escribían las declinaciones de los verbos, innovando subjuntivos y usos desviados de tiempos pretéritos, inventándome mientras escribía dobles consonantes, acentos normales y acentos raros según me parecía mejor. Hasta aquí todo era un caos aunque aún podía salir a flote con mucha desvergüenza. Pero el verdadero caos llego cuando tocó el turno de la prueba de comprensión oral.


Una prueba donde nos daban dos textos para leerlos y después contestar a unas preguntas sobre los mismos. Por un lado toco uno sobre la educación en los colegios gabatxos que no revestía ninguna dificultad, pero el otro fue una verdadera putada. Se trataba de una lista de productos de belleza que venían descritos por sus componentes (que si aceite de albaricoque malayo con oligoelementos y demás chorradas, crema marroquí de pollas en vinagre etc…) y una breve y difusa disertación sobre su aplicación. A continuación otra lista con el nombre genérico del producto (nutritiva, hidratante, antiarrugas etc… o eso induje yo). La prueba era asociar el nombre genérico con el producto, algo que me costaría trabajo asociar en mi propio idioma pues es algo de lo que no tengo ni puñetera idea. Levante la vista del papel y vi a las muchachas, seguramente hartas de leer en el baño prospectos y etiquetas de estos productos de marcas francesas y como a diestra y siniestra rellenaban con pasmosa facilidad. Como si fuese a acabarse el mundo. Por otro lado miraba a los tíos poner los ojos en blanco de concentración, bizquear y ver como caían gotas de sudor frío por sus rostros. Cruce mirada cómplice con un tío con barba a mi lado con pinta de tener la espalda peluda y nos cagamos en todo.


Seguramente para un pavo francés es normal dominar todas las cremas (recordemos que son todos maricas pffffffffffff) pero un macho ibérico no. Qué injusto es el mundo moderno. Ale, después de estas reflexiones de mediopelo sobre la guerra de sexos derechito que me voy a firmar un contrato de guionista para Globomedia. Que puta pena todo!

Mañana más!

2 comentarios:

  1. Parece mentira que tu no utilices cremitas.

    De lo mejor que has escrito por cierto

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  2. Mis libros de texto de inglés hablaban de cosas como que Gran Bretaña era el país con mayor número de estrafalarios. El de francés, cómo no, de sus colonias de ultramar.
    La cosa va de cosméticos, se ve.

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