jueves, enero 19, 2006

Señas de identidad

Ayer fue el entierro de una persona de mi familia materna, había fallecido la madrina de mi progenitora, es decir mi tia-prima-abuela-algo, alguien a quién creo haber visto dos o tres veces en mi vida y todas siendo menor de 10 años. Alguien por quién motivos ajenos a mi acudí a oír su ‘panegírico’ Harto estoy de presumir de mis raíces madrileñas profundas y cómo los rastros de sangre provinciana al menos no tienen raigambre hasta tres generaciones pasadas (mis tatarabuelos), pero también es cierto que hay una información sobre mi estirpe que tiendo a ocultar… Si, amigos mi familia palmó en la guerra del ‘trantaisai’, es decir que eran una banda de rojos y la rama materna especialmente, ya que tenían convicciones comunistas. ¡Menudo mapa genético! Si algo me enorgullezco de mis progenitores es que supieron desmarcarse de todo aquello (ya fuese por rebeldía, ya fuese por sensatez) para convertirse en todos unos pequeñosburgueses como dios manda! Bueno esto no es ninguna sorpresa ya que los que supieseis de mi añejo origen matritense (lo que para mi es sinónimo de raza aria) supondríais que venia de una familia obrera o ‘comepatatas’ (expresión que usaba Scott Fitzgerald para referirse con desprecio a sus antepasados de medio pelo y que por supuesto me encanta) si hubiese sido madrileño de derechas ahora viviría en el Barrio de Salamanca como mínimo… Por suerte o por desgracia no es así, y somos gente de extrarradio.



Al grano, pues por primera vez en mi vida asistía a un entierro civil. - ¿Y qué coño de diferencia hay con uno con cura?- Os preguntareis. Pues es lo contrario de las bodas. Si bien las bodas civiles son un completo coñazo carentes de todo el aparato barroco de postmodernidad que impera en las bodas religiosas convencionales, el entierro civil si que tiene la chispa que le falta a un entierro católico normalillo. Para que lo sepáis todo empieza con un grupo homogéneo de jubilados que hace piña en las primeras filas, solo para que su líder suba al estrado y haga un solemne recordatorio de las excelencias del finado/a. Y al concluir este su alegato todos juntos levantaron el puño en alto y cantaron la Internacional! ¡¡BESTIAL!! Por desgracia de mi núcleo familiar cercano (es decir la gente de la que sabía el nombre) nadie se sabía la letra para acompañarlos. Por alguna razón sé que esta experiencia es una de esas que me van a marcar de por vida y desde ayer no paro de darle vueltas a esas imágenes y hacer algo creativo con ellas, al menos escribir una novela que empiece así o al menos un cuento.


Deu

3 comentarios:

  1. Que relato más oscuro y siniestro. Se me han puesto los pelos de punta.
    Ah!! por cierto, siento lo de tu tía...eso.


    Saludos.

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  2. joder, qué caña! te pasan unas cosas de flipar...

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