miércoles, diciembre 28, 2005

Yo soy la justicia

Montábame a media tarde en un bus urbano de Coslada para no mojarme y regresar a mi hogar. Cuando al subirme veía a media docena de pasajeros, un par de quillazos de 16 años, los tres rumanos aislados cumpliendo la media de inmigración en los transportes públicos y una señora mayor de pie sobre la que se clavaban todas las miradas...



Protagonista por meritos propios, estaba gritando en todo momento y profiriendo insultos que podría resumir en la frase - ¡Qué vergüenza! – El blanco de sus iras era el conductor que al parecer era un sinvergüenza y culpable de todos sus males. Aproximadamente 6 o 7 paradas de insultos, a retazos me enteré de que iba la historia. Al parecer la señora había estado hora y media esperando en una parada del polígono industrial, por donde no había pasado ningún bus en todo ese tiempo. Lo que había sucedido es que por obras las autoridades pertinentes habían cortado una calle aledaña resultando que el bus se saltaba esa parada dando un rodeo. Todo parecía usual excepto en que al parecer nadie se había acordado de poner un cartelito avisando en dicha parada, total solo era un día frio y lluvioso de invierno.



La señora por cada uno de sus poros supuraba rabia pues el conductor no había hecho ni puñetero caso a sus quejas y se había negado a darle su “numero” para denunciarle a posteriori. Toda suerte de argumentos chanantes se sucedían: que si el autobusero no era más que un plebeyo que comía de sus impuestos, y que se iba a cagar cuando llegase el metro a Coslada iban a ir todos a la calle o la amenaza jurídica de la señora que sabía que eso era un atropello pues ella sabia de leyes porque su hija estudiaba para abogada. Todo hacía indicar que la rabieta terminaría ahí y en cualquier parada la señora se bajaría concluyendo la diversión de todos los voyeurs de transportes públicos. Pero la señora guardaba un as en la manga y era extraño que estuviese agarrada a la barandilla de la salida posterior parada tras parada sin apearse en ningún momento.



El plan se llevo a cabo justo cuando llegamos a uno de los puntos neurálgicos cosladeños, la parada del lago por donde pasan cuatro o cinco líneas de autobuses y sinfín de vehículos por minuto en un solo carril. En esa parada la señora se volvió infinitamente mítica a mis ojos, cuando como solo hacen los grandes, se tomó la justicia por su mano. Aprovecho la apertura de puertas traseras para lanzarse como un jabato sobre las escaleras y quedarse en el punto donde se cerraban las puertas. Patidifusos todos inquirimos a la señora intentando adivinar sus intenciones. Con firmeza había tomado la resolución de interponerse con su propio cuerpo para evitar la salida del bus y así ganar tiempo para que su marido llegase y pusiese los puntos sobre las íes.



Desde ese momento se montó el rosario de la aurora, todos contra la mujer que se defendía como una leona y cada vez que alguien se acercaba gritaba que no se atreviesen a tocarla. Los quillazos, pedían al conductor que cerrase las puertas y amenazaban a la señora tratándola con el cariñoso mote de "Vieja" con empujarla si no se quitaba. Yo intentaba convencerla diciéndola que llegaba tarde a currar, cuando realmente lo único que quería era echar mas leña al fuego (pfffffffffffff) y todo el mundo que pasaba por ahí se unía a la gresca. Mientras los coches se iban acumulando tras el bus y los cláxones sonaban cada vez con más insistencia.



Hasta que por fin llego el marido, al que en mis más húmedas fantasías había esperado un garrulo violento, pero que por desgracia fue bastante pacifico aunque en todo momento defendió a su santa esposa. Se dirigió al conductor y le pidió los papeles para hacer una reclamación. El autobusero se los dio y contestó con total ruindad viendo que se le había ido de las manos que en ningún había negado la hoja reclamaciones a su mujer, sino que (atentos a la treta) lo que se había negado es darle su numero. Algo a lo que no estaba obligado pffffffffffffffffffffffffffffffffff Entonces el señor se puso a rellenar la hoja y cinco minutos después salió con su mujer del bus (aun parado) entre los abucheos de todo el mundo y con una larguísima cola de tráfico parado. Yo me quedé mirando el tocho de 800 páginas de los cuentos de Txejof que acababa de pillar y me decía a mi mismo que hay cosas verdaderamente vitales que no se pueden aprender en los libros.



Joder, cada vez disfruto más de los transportes públicos. ¿Ay, conductores de turismos no sabéis lo que perdéis!


Ciao

4 comentarios:

  1. Pablo, ¡qué de cosas extrañas te toca vivir! O quizá será que las platicas de una manera demasiado divertida.
    ¡Saludos!

    PD. ¿De verdad bloqueó la puerta ella misma?

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  2. El transporte público da una verdadera dimensión del ser humano. Es el único tipo de viaje que me parece válido, pues aunque el trayecto físico sea breve, el interior es un puro florecer de experiencias. He dicho.

    Felices cosas a todos.

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  3. En Alcobendas, un grupo de marus que iba pa Lamoraleja secuestró un bus, hartas ya de que pasara cuando le daba la real gana. Hubiera dado un brazo por haber estado ahí. Son mis heroínas.

    El transporte público es un gran filón

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  4. Me he tronchado de la risa, sobre todo porque conozco muy bien los transportes públicos de Coslada y San Fernando y puedo asegurar que son un universo aparte.

    Un saludo

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