domingo, diciembre 04, 2005

Un certain équilibre

Hoy toca contar qué es lo que hice el jueves (llevo varios días de retraso). Pues bien en contra de lo que muchos supondréis que se debiera hacer un día de cumpleaños, no quedé con ningún colega para tomar nada, ni fui a hacer un cenas&cines con ninguna ‘jai’ a la que quisiese embaucar, ni en mi casa hubo una fiesta con globos-payaso-piñatas-mediasnochesmortadela- pony-tarta… Pues nada de esto ocurrió pase la mañana en el curro y por la tarde hice un viaje hasta el universo particular de Alutxe, donde residen mis abuelos. Visita que hacia a pesar de mi reciente desidia para cualquier actividad conocida, ya que me sentía por un lado culpable de llevar mucho tiempo sin ir a verlos y por otro incitado por los recientes relatos de mi progenitora sobre la delicada salud de mi abuelo J. en los últimos días.



Así que allí me planté con la trágica idea de que podría ser una de las últimas ocasiones de charlar con mi abuelo. Por suerte las imágenes apocalípticas embutidas en mi mente vía maternal, eran un tanto exageradas. No era más que el enésimo intento de chantaje emocional por su parte, solo que esta vez había dado en la diana y conseguía su fin. Como la etapa que mis abuelos eran un medio por el que lograr paga extraordinaria (cuantas veces reflotaron mi economía adolescente) quedaron atrás, ahora he decidido pasar a la etapa de tener que gastar yo en ellos a modo de compensación. Previo paso de la pastelería insignia del C.C. Saninacio: “La Greca”, aparecía por la puerta de su hogar con una bandejita de pasteles surtidos para convidar (verbo que solo empleo en contexto aluchense) que sabia harían las delicias de mis golosos agüelos. Mi abuelo, que ya es muy mayor, aunque muy débil estaba sentado en su sofá y en cuanto aparecieron los pasteles recupero fuerzas de jabato.



Allí estaban los dos como cada tarde enfrente del TV, en lo que muchos concebiréis en vuestra ignorancia como un fin vital de lo menos estimulante, fabulando que vosotros no caeréis en rutinas simulares sino que aprovechareis el tiempo para leer, pintar, esculpir, viajar por el mundo, escribir vuestras autobiografías, apuntaros a ONG’s o cualquier absurda ambición que os ronde por vuestros púberes y reblandecidos cerebros. Hipotesis que se confirmo con lo que vi en casa de mis abuelos, cuando después de preguntarnos que tal todo, hablar de parientes y poner a parir juntos al Atleti que cada año desilusiona más, pasamos a lo realmente guay: ver la caja tonta y comentar juntos lo que veíamos.



Mis abuelos reparten la programación vespertina evitando todo programa de cotilleo (deben ver bastante poco Tele5) y dividen la tarde en dos franjas delimitadas, la primera correspondiente, a priori, a mi abuela se dedica en completo al seguimiento de la telenovela de turno, aunque ella se queda frita a la primera de cambio y es mi abuelo quien sigue el argumento. La segunda franja la dedican a los concursos, ya sea La ruleta de la Fortuna de Fernando Esteso o Bigote Arrocet, Pasapalabra de Silvia Jato, Alla tú (las cajas) de Jess Vazquez, Lingo con Ramoncín, Alta tensión con Constantino Romero o últimamente Metro a Metro donde mi abuelo puede tirarse el pisto sobre su conocimiento de antiguo empleado de la E.M.T sobre el callejero madrileño. Pero el otro día me sorprendí porque en cuanto llego la hora en que comenzaba el programa de Anabel Alonso procedieron a no hacerme ni el más mínimo caso y quedar hipnotizados delante de la pantalla.



Un programa del que conocía su existencia pero que nunca le había prestado atención. En resumen, chico/a bujca pareja y tiene que ir eligiendo de entre tres aspirantes a los que están al otro lado del muro, haciéndoles preguntas triviales y pasando pruebas absurdas. Pues bien dicho programa entusiasma a mis abuelos que pasan un rato despollandose de risa y criticando a los jovenzuelos que con veinte años tienen que recurrir a la televisión para ligar. Mi abuela Ca. preocupada como siempre en la gente que va a aplaudir dudando si les pagaran o no, mientras que mi abuelo J. solo me repetía la frase de justificación: - Esta muy entretenido. – Además se refieren a la presentadora Anabel Alonso como la “Escuerzo”, palabra que no se que coño significara pero me pareció total. Además el programa que vimos era especialmente genial ya que iban los tres aspirantes y la muchacha electora acompañados todos de sus madres, que no solo tenían el deber de defender a sus retoños, denostar a los rivales y en el caso de la madre de la chica también tenía capacidad electora para el futuro noviete de su hija. Después en una prueba metían a dos chicos con la chica en un cuarto oscuro ¿? Y colgaban con un cordel una pieza de fruta desde lo alto, para que con las manos en la espalda y oscuras intentasen morderla, todo para que se diesen de cabezazos y algún que otro bocado. Yo miraba a mi abuelo J. que se descojoba de risa y con toda la ilusión me explicaba que esa misma prueba ganaba mucho mas los días que en vez de manzana les hacían comer a oscuras chocolate con churros y quedaban hechos unos cristos. En fin que yo creo que a su modo mis abuelos se lo pasaban genial.



Todo esto lo cuento para hilar mi reflexión de todo a 100 para hoy, que es romper una lanza a favor de la calidad de nuestra televisión hispana. En la que tengo fé ciega ya que será todo lo basura que se quiera pero que alcanza unos niveles de diversión muy difíciles de superar. Yo desde aquí me cago en todos aquellos que claman al cielo por una televisión mal llamada 'cultural', llena de baleses, documentales sobre abejorros, películas suecas, cuartetos de violin a todas horas y series dramáticas de sosez suprema tipo ‘A dos metros bajo tierra’. Elecciones que son aplastantemente minoritarias. A todos esos ‘listos’ quisiera verlos alcanzar su sueño y responsabilizarse de su hazaña. Solo para acto seguido verles linchados por la furiosa turbamulta del pueblo rabioso, anhelante de su sano y simple entretenimiento.





Dentro de un rato, más

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