domingo, diciembre 18, 2005

Nuevas crónicas de bajón

Este findesemana mis actividades lejos de cambiar mi ciclo habitual de desanimo (neutro/depresivo/muydepresivo/suicida/y vuelta) no han hecho más que acrecentarse. Toda esa mierda de insatisfacción constante que cada vez me llevan a pensar a que debo tomar medidas extremas para cambiar esta situación: Huida a cualquier otro lugar, hacerme cooperante, apuntarme a una secta o incluso algo más radical y bochornoso como ir a terapia. Cualquier cosa que me saque de mi estado victimista actual. El viernes había quedado con los compañeros de mi anterior trabajo para cenar y salir. Hicimos el plan típico de "tengo relación formal y salimos con otra pareja" de ir al Vips y cambiamos la opción de ir al cine por la de ir a tomar unas copichuelas en un garito pachanguero de Huertas. Donde cuarentones/as de juerga navideña junto a jovenzuelos macarras latinos y ordinarias de instituto formaban una preciosa amalgama. Lo mejor era el discjockey que tenía una pinta que no soy capaz de describir con justicia, pero que me daba la impresión de que todas las canciones que iba a poner eran versiones de temas pop español cantadas por artistas sudamericanos con bigote y adquiridas en musícasetes de gasolinera. A pesar de lo genial de su aspecto, fue una situación que me recordaba vividamente porque no me gusta salir en fin de semana porque me aburro como una ostra. No es porque no me gustase el garito, si fuese a uno con ambiente más afín me pasa tres cuartos de lo mismo. Creo que descontando las opciones fiesta en piso, concierto, cine, teatro y poco mas... prefiero quedarme en casa mirando al techo. Hace bastante tiempo que ya se me ha pasado el arroz de salir por salir.



La tarde de ayer continuo el descenso a los infiernos de cosas que no me apetecían hacer y después de un montón de tiempo iba al cine. Había quedado con la échange gabatxa de este año, que es triste reconocerlo pero que si ella no me llamase seguramente ya habría pasado al olvido. Pero bueno como creo que es una chica que no tiene muchas amistades madrileñas, lejos de sus compañeras de piso, despierta las ínfimas muestras de humanidad que aun creo conservar y accedí tras docenas de aplazamientos a acompañarla a ver una película que quería ver. Pelicula que de mutu propio bien a gusto habría envejecido sin saber ni de qué trataba. Así que mientras otros, mucho mas solidarios, veían a Txarlín hacer de telonera de la cabezona de Amaral y su compi el caraempanao. (qué puta vergüenza de país!) yo visionaba una película de nacionalidad hispano-argentina titulada ‘Hermanas(¿puede haber algo que eche mas para atrás?). Al final aunque no la recomendaría a nadie ni a mi peor enemigo, no me resultó tan decepcionante como esperaba, algunas buenas escenas y lo peor como siempre Ingrid Rubio que me cae fatal. Después fuimos a tomar algo rápido en un bareto de mala muerte, yo pedí una caña y la moza francesa preguntó que tipo de zumos tenían. El camarero dijo que solo de tomate y melocotón. Ella eligió y cuando regreso puso las consumiciones diciendo. – Una caña y un zumito. – Diciendo esta última palabra con todo el desdén que pudo. Cosa que me hizo bastante gracia por todo lo que implicaba. En fin, espero que el Atleti me de una inesperada alegría esta tarde de domingo.


Deu

2 comentarios:

  1. "La cabezona de Amaral y su compi el caraempanao": has dado en el clavo!! Jojojo!!! Yo lo que más echo de menos de Madrid son precisamente las noches de juerga... aunque siempre fuera de Huertas, claro, porque así no hay quién se anime... ;-)

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  2. Dejate de historias y depresiones varias y desnudate en mi cama antes de mirar al techo.

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