lunes, octubre 17, 2005

This side of (lost) paradise

Llevo un par de días conteniéndome, pero es inevitable, tengo que volver a contar otra batallita del trabajo. Lo siento, parece que no tenga mucha más vida de lo que ocurre en mi actividad laboral, pero aunque así sea me parece todo tan de ‘película de Fellini’ que no me queda mas que transcribirlo para la posteridad.



Creo que es otro indicio de lo aleatorio de la naturaleza humana ver como en una empresa donde no hay el más mínimo indicio de estrés, ni competitividad, ni nada que pueda fomentar el malrollo entre los currelas es precisamente donde se genera. Yo como la mayoría de los nuevos hemos decidido no tomar partido y hablar con los dos bandos indistintamente. Por supuesto nos queda el placer de ver desde la barrera los mejores quites.



El viernes pasado tuvimos una reunión del turno de noche para decidir si salíamos una hora antes (que supuestamente nos debían aunque no estaba del todo claro) o si lo dejábamos para otro día. Nos pusimos todos en círculo para votar y tal. Cuando después de haber hecho corros de grupos reducidos y parecía claro que nadie se quería quedar una hora más, se procedió a la votación. Entonces todos votamos que sí, excepto dos chicas que expresaron su negativa y que pretendían quedarse hasta las siete. Casualmente se trataban de esas dos veteranas que se llevan a matar con el otro grupo de trabajadores que ya curraban el mes pasado y no se porque me daba la impresión que solo llevaban la contraria por darse el inmenso placer de tocar las narices del personal.



Entonces el coordinador dijo que como éramos mayoría pensaba pirarse, apagar luces, cerrar la puerta y si quedaba alguien llamaría a seguridad porque era ilegal que quedase gente fuera del turno de trabajo. Fue cuando surgió de la nada una figura legendaria, se trataba de una chica que entró el mismo día que yo. Una chica de corte bakala de extrarradio, físicamente mona y neumática, pero más ordinaria que un saco de ladrillos y que había hecho buenas migas con uno de los dos bandos asumiendo por simbiosis el rencor contra el otro grupo (sin haber intercambiado ni un saludo con ninguna de ellas). Así que empezó a berrear y dijo:

- Pues se llama a seguridad y que las saquen de aquí a palos! –



Por supuesto cada vez que lo recuerdo me parto más y más la caja de risa. Ay, juventud!

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