domingo, septiembre 18, 2005

Nunca debió amanecer para el pequeño Bobby.

Ayer comenzó la nueva temporada de conciertos, que se inicio con el visionado del espectáculo de Un pingüino en mi ascensor en la sala Clamores. Al los asistentes habituales a este tipo de eventos, M.B.y Be. había que añadir el debut como nuevo residente madrileño de R. el modernillo que además partía con tremenda ilusión de asistir a uno de los grupos fetiche de su mocedad.



No conseguimos mesa frente al escenario, así que tuvimos que recurrir a la sapiencia del más veterano de la panda que ya sabía qué lugar era el más propicio para tener visibilidad total. La fortuna se alió con nosotros ya que nos situamos junto a la mesa adecuada. Alli se encontraba uno de los ejemplares más hermosos y lozanos de Putoamoensusalsa que yo he tenido la fortuna de ver en vivo. Bien es cierto que a mi parecer todo aquel que sabe bailar sentado debería tener ganado el cielo. Aclarar que bailar sentado no es lo mismo que bailar con una silla como los baquestritbois o la coreografías ochenteras de la Unión, eso es una moñada. Nada que ver con lo que perpetraba este chico que físicamente era de fisiología tipo machote y que solo podía describir como una mezcla entre Jason Statham y Carlos Sobera. En su intento de seducir a las muchachas de su grupo hizo todo tipo de bailes chanantes, gritos y gestos a plagiar... A todo ello lamentablemente las limitaciones mi pobre prosa no puede hacer justicia alguna. Lo único que puedo decir es que en varias ocasiones espectaculares dejamos de aplaudir mirando al escenario y nos despellejamos las manos mirando hacia su dirección. Muchos grupos ganan muchos enteros por la calidad de sus fans, si El Pingüino tuviese una docena de este calibre estaría entre los tres o cuatro mejores grupos de la historia. Aunque no fue así dieron mucho ánimo las bulliciosas juventudes de la primera fila, imprescindibles para todo concierto.



Por lo demás el concierto fue genial, partiendo de la base de que yo me lo pase bomba. Cantaron algunas del nuevo disco que no conocía, tocaron todos los clásicos, entre las que más me gustaron estuvieron "El sangriento final de Bobby Johnson", "Pruebas de Paternidad", "Espiando a mi vecina", "Juegas con mi corazón" o "Mi café". Aunque lo mejor estuvo en los dos bises que se marcaron con "El balneario", "Jota Jota" y un final pletórico con "En la variedad esta la diversión". En definitiva como suelen repetir periódicamente (al menos en Madrid) os lo recomiendo para pasar una velada genial.

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