sábado, septiembre 10, 2005

Die Gerburt der Tragödie

Ayer vi en televisión una noticia digna de la premisa principal de una película familiar Disney con actores reales. En una maternidad situada en un punto al azar de la geografía hispana habían sufrido un grave error y habían cambiado a los recién nacidos de dos familias distintas. De no ser por la perspicacia de una de las abuelas, se las habrían dado con queso. Ahora se han realizado sendas pruebas de ADN y ambas familias clavaran sus denuncias contra el centro sanitario. Un caso del que reconozco su gravedad, pero lo que me llamo especialmente la atención fue la entrevista realizada a la abuela que resolvió el entuerto. Una mujer que una vez resuelto todo, procedía a ejecutar un largo lamento en una tono falsísimo y fuera de lugar. Efectuado de un modo plañidero que venía a imitar al que realizaría una mala actriz en la escena en la cual le matan a un hijo. Todo esto por poner delante una cámara de televisión a quién no se debe.


Esto cualquier otro día me hubiese causado cuanto menos un leve momento de gozo, pero ayer me hizo concluir lo patético que resulta el lamentarse gratuitamente y hacer épica de nuestros males. Un proceder que lamentablemente abunda en nuestra sociedad, ya sea por acaparar atención o simple justificación de nuestras respectivas cagadas. Bien a gusto le hubiese calzado un buen par de bofetadas a esa vieja llorona. Yo al menos no quiero errar en esto. Para este año que comienza (aún yo cuento que las temporadas empiezan en septiembre, como la Liga y los cursos escolares) mi propósito a cumplir es intentar dejar de lamentarme inútilmente, en vez de buscar soluciones a los problemas.


A plus!

1 comentario:

Lo + seguido