jueves, agosto 25, 2005

Y esa sonrisa de pandillero juvenil.

Ayer tarde cuando cruzaba la calle con los txutxos para llevarlos al campo de enfrente, me sorprendí con una voz que reclamaba mi presencia. Encontré un tipo trajeado saliendo de un coche al que no reconocía, un par de segundos de asimilación resultó ser un antiguo compañero de instituto. Mucho más viejo y gordo. Saludos y los habituales interrogatorios del tipo quéesdetuvida? Me informa de que casualmente ha quedado con otro excompañero a tomar unos tintos de verano en la terraza de al lado. En el horizonte aparece el otro, así que les digo que en cuanto termine de sacar a los perros me reuniré con ellos.



Se trataban de un par de gañanes de la peor calaña con los que me junte mucho tiempo en mis dos últimos años de instituto, casualmente aquellos en que mi status de repetidor me hacia acreedor de cierto caché en las jerarquías adolescentes. Una época que ahora se me hace muy lejana y sobre la que habitualmente no rememoro demasiadas cosas. Quizá sea debido a que todos mis contactos de aquella época ya no forman parte de mi vida actual. Así que esta parecía una buena ocasión para tener unas cañas de revival.



Después de la tópica actualización de currículos (o el plural era curricula, bah como si importase algo) pasamos a comentar hazañas bélicas de aquellos tiempos. Escuchaba historias de personas perdidos en el recuerdo, nombres sin rostro, rostros sin nombre, etcétera… y criticando a machete de aquellos de los que si nos acordábamos perfectamente. Siete u ocho años me separaban de aquellas experiencias que me parecen tan lejanas y mientras atendía a los relatos una sola reflexión surcaba mi mente: Pero cómo podía ser yo tan hijodeputa! No es quiera hacer épica fácil de mi pasado como suele hacer todo quisqui (de puertas a afuera) en estos casos (cosa que me parece tope patetica). Además por el contrario siempre he pensado que la visión de uno mismo siempre esta considerablemente distorsionada, y en mi memoria no había recordado nada de mí mismo que no entrase dentro del perfil del NERD (pardillo inadaptao). Bueno todos tenemos un poco esa visión de nosotros y no importa el status social que tuvieses para los demás (cuánto daño hizo “The Breakfast Club (El club de los 5)” para esta cosmovisión). Pero una etapa de mi vida en la que al menos en la imagen exterior, trascendí todo aquello para convertirme en uno de los "mayores" que repetían curso.



En resumen que el repaso a bastantes de aquellas acciones de mi pasado (algunas delictivas, otras simples putaditas inocentes) me sorprende cómo era yo en aquel entonces y lo muchísimo que he cambiado a todos los niveles. Pero eso no es nada cuando comprobaba la evolución de mis compañeros por un lado R. (el trajeao) que era la persona mas cabrona que he conocido nunca y del que no había que fiarse jamás, se le veía relajado con novia formal, con su hipoteca, currando en una ETT (donde sin duda descarga toda su mala sangre), y por otro estaba J. al que se le notaba feliz recordando aquellos tiempos, y cuando la conversación derivaba a otro tema hacia lo posible por encauzarla y rememorar aquellas chorradas.




Muy triste en este último caso porque me dió la sensación que aquella había sido la etapa mas txanante de su vida, ya que desde entonces estaba estancado, la misma novia de aquel entonces, un mismo curro desde el fin del instituto y los mismos ambientes. Joder si yo no hubiese dedicado todo ese tiempo a vaguear, realizar una inútil licenciatura y cambiar toda mi vida social de aquel entonces de por seguro que habría protagonizado un caso escabroso de "Gente" en el que desde una azotea con un cetme habría provocado una masacre antes de terminar con mi propia existencia. Así que la conclusión que saco es que aunque mi vida universitaria que ahora concluye haya sido un autentico fiasco de aprendizaje a nivel académico (‘inútil’ es una palabra que se queda tan corta) a día de hoy no puedo estar mas contento con la ‘madurez’ de mi personalidad. Por supuesto mañana mismo puedo cambiar de opinión en esto último.



Pero como es injusto renegar de aquella etapa institutera, en la que me lo pase rematadamente bien. De entre aquellas anécdotas que tienen que ver en su mayoría con putear y reírnos de otros más débiles, que como diría Pumares: “contaré en mis memorias”. Hoy comparto una de mis predilectas que sin duda es la broma más blanca por su inocente resolución, pero que capta a la perfección el espíritu de nuestro proceder habitual. El protagonista era un chico con el revelador nombre de Carlitos, un chico que era puro candor e inocencia, la faz repleta de acné, ese vestir intemporal con los vaqueros muy por encima de la cintura y el niqui metido por dentro. Autentica carne de colleja.



Pues bien se trataba del primer día de COU para Carlitos que cometió el error de sentarse en la penúltima fila al lado de dos chicas. Justo en la fila de detrás estaban los tres mayorzotes (para los que COU no era precisamente una novedad) y en los pupitres de izquierda y derecha gente de la misma cuerda (mi puesto). Pues bien en el momento de la presentación cuando la tutora procedía a pasar lista de los asistentes. Cuando de la nada surgieron cienes de manos desde todos lados que inmovilizaban los miembros de Carlitos y atenazaban su boca para que no emitiese sonido articulado u onomatopeya delatora. Llegó entonces el momentos en que Carlitos fue nombrado, un par de veces hasta que la profesora completamente en babia le dio por ausente, mientras el se retorcía y por su rebeldía recibía por igual collejas y ligeros puñetazos en el estomago a modo de apaciguamiento. Pasados un par de nombres, cesó la captura de Carlitos. Y este se levanto llamando la atención de la profesora para que rectificase su ausencia. A lo que la profesora le preguntó porqué no había contestado las tres o cuatro veces que le había mencionado en voz alta. Carlitos quedó mudo y todo rojo, coaccionado por miradas de agresión que le rodeaban. Y eligió sabiamente quedar como un empanao ante toda la clase antes que soportar otras consecuencias. Cada vez que recuerdo esto no puedo evitar partirme el pecho de risa. Para concluir, decir que Carlitos le echo dos cojones y al día siguiente volvió a sentarse en el mismo sitio, por lo que se ganó nuestro rendibú.



Pasado mañana más!


P.S. Joder, revival del instituto. Prometo que es la última vez que hago este tipo de post. Conociéndome que este bloj caiga más y más bajo es algo a lo que os tendréis que resignar, pero nunca más recurriré a esta basura.

5 comentarios:

  1. Lo que creía: otra vez ese falso sentimiento de culpa. Otra vez haciéndote pasar por ex-verdugo. Bahhh, Pablito ¡qué no nos la das!. Los que te conocemos, sabemos que ,en realidad, ese Carlitos eras tú...ja, ja.
    P.P

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  2. jeje, yo también pasé por mi particular proceso de exorcización de los años de instituto pasando por el desierto de la licenciatura. Hoy, cada vez que me cruzo con uno de mis colegas adolescentes, me entra un no se qué por las tripas y, con todo el egoismo de que soy capaz, siempre pienso, ¡vaya panda de gañanes! ¡Ay!

    Las pocas veces que he hablado con ellos he sentido miedo, pero miedo de verdad ante lo que pude haber sido de no haberme 'descarriado' en el último año de la secundaria.

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  3. Me ha gustado mucho esta historia. Pobre Carlitos.

    S.

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  4. Comparada con la tuya, mi etapa en el instituto parece un episodio de Dawson Crece!

    Apartense! Estoy en el consejo escolar!!!!

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  5. Yo guardo buenos amigos-as de esa época, desde algún "Carlitos", hasta más de un "Pablito" ;)
    Un beso :)

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