miércoles, agosto 31, 2005

La última meada en la piscina.

Con este sugerente título quiero dar a entender que oficialmente se acaba el verano. Mis progenitores han regresado al hogar. Por un lado me putea porque no hay nada más bello que la soledad (a pesar de al paradoja de que se trate de su propia casa) pero por otro lado a veces hacen cosas por las que se ganan mi cariño, como hace un momento mientras mi progenitor veía las modelis (carne de anuncios en prensa de relax) del sorteo del cupón de la ONCE y según iban diciendo los números, él las ponía de gilipollas pa’ arriba por no haber dicho los suyos. Conmovedor.



A partir de mañana, dejaré el ambiente de extrarradio para acudir diariamente a la biblioteca de la facultad donde encadenare jornadas intensivas de estudio. A pesar de que he estado yendo a la biblioteca del municipio día si, dos o tres días no… Creo que necesito darme un buen tute de estudio intensivo para mi único examen de septiembre.



Lo único que echare en falta de mis jornadas de ‘estudio’ veraniegas es la cafetería donde iba a desayunar puntualmente a las once de la mañana, hora en la que aparecía un ciclista talludito (cincuenta y muchos) todo colorado, empapado en sudor y con notorias dificultades a la hora de respirar. Cada día entraba enfundado en sus mallas de ciclista e inalterable solicitaba el mismo desayuno día tras día: Una caña doble y un pincho de tortilla. Yo y el resto de parroquianos (las panaderas en su hora de break, la típica familia con pinta de andar en su propia casa que desayuna cada día de bar, algún jubilado y yo) le teníamos como un verdadero ídolo y cada vez que entraba hacíamos silencio para ver que nuevas traía. Voy a echarle de menos.


Mañana más.


Soundtrack del día:
La Costa Brava "Costabravismo (el experimento es el experimento)"

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo + seguido