domingo, julio 03, 2005

Tuentiforauerpartipipol

Este fin de semana he tenido algo mucho mejor de lo que podría proporcionarme cualquier plataforma de televisión digital, cinematógrafo, concierto músical para condonación la deuda externa a los países africanos, circo o cualquier proforma de entertenimiento prefabricado que se os pueda ocurrir. Mis vecinos adultos se han ido a la playa dejando a su primogénito de 19 años e hija menor de 16 solos en casa. Esto ha digievolucionado en una megafiesta de barbacoa y piscina repleta de jovenzuelos todo el fin de semana. Fiesta a la que yo he asistido en cierto modo, bajo una sombrilla y en una tumbona, escondido al otro lado de un aligustre y cotilleando conversaciones ajenas con la trompetilla a pleno rendimiento. Es decir lo que hago en la Renfe pero tumbao y sin salir de casa. Como un marqués!


Voy a poneros en antecedentes sobre nuestra familia Flanders particular. Mis vecinos menores desde que alcanzaron la edad del pavo han sido constante motivo de chanza familiar. Algunos ejemplos: Recuerdo aquellos primeros tiempos adolescentes en que el chico se quedaba solo y aprovechaba para poner música (OrejaVanGogh, Cantololco etc...) y cantarla a voz en grito, y que por misterios de la ingeneria de tabiques chaleteros a nosotros solo nos llegaba su inocente voz a capella... Nosotros despollados de risa dudabamos si las nuevas generaciones preferian hacer eso a masturbarse compulsivamente como la gente de bien. La chica, de pequeña fue una valiente promesa de la gimnasia artistica de la que la gran Paloma del Rio hubiese podido decir tantas cosas, hasta que harta de la presión y de pasar hambre, lo dejó todo para poder ir el sábado a pulirse la paga semanal con las amigas catorceañeras al Burguer(qué gran época que hemos vivido todos!). El chico de natural inocente ha sido siempre mi favorito. De pequeño cuando vinimos a vivir aquí hace mas de una década se nos revelo como un joven fan de Michael Jackson, que lo imitaba bailando a la mínima ocasión. Con el estirón hormonal la inocencia no menguo en absoluto. Aún soy incapaz de contener la sonrisa cuando rememoro como hace un par de años (quizá mi etapa favorita) el muchacho se flipo con la serie "Un paso adelante" ("1,2,3" para el público francés). Abducido por el jip-jop se apuntó a clases de baile con la esperanza de entrar en la serie pasando algún casting. Y un día su madre llamó a nuestra puerta, a sabiendas de que yo era un chico universitario que me sabia mover lejos del municipio y que seguramente podría ayudarles en una duda que tenían. Pffffffffffff Al parecer querian comprar ropa txanante y moderna para poder impresionar en el casting y había oido leyenda de un lugar de moda llamado "El mercado de fuencarral". Yo lejos de sacarles de su error, les anime a acudir a dicho emplazamiento y no les aclare que no tenía ni puñetera idea del tema sobre me hablaban (cosa del todo obvia viendo mi vestimenta habitual). Que los jovenas sufran los mismos errores de sus antepasados.


En resumen, he pasado el finde escuchando conversaciones juveniles verdaderas. Algo diferentes de las conversaciones juveniles de treintañeros, aunque tampoco mucho, en realidad son más o menos calcadas cambiando los contextos sociales. He estado disfrutando de algunos clásicos imperecederos: Música a todo trapo y como los jovenes cantaban las canciones de 'Offspring' o del rey del pop 'Jacko', es decir susurrando na-na-na-na la mayor parte de la canción y gritando los estribillos que sí se sabian. Escuchando bonitas disertaciones sobre que chica de la panda tenia mejores 'berzas', o crueldades generacionales varias. Como cuando una muchacha a mitad de la tarde anunciaba su despedida y la anfitriona le preguntaba que si se iba ella sola. Al responder que sí, mi vecina con sumo desdén concluia: -Vale.- Y según salía por la puerta todas las demás como una horda de hienas procedian a despellejarla viva. ¡Caviar beluga!


Mañana más.

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