jueves, julio 21, 2005

Les avantages du progrès

Hace aproximadamente dos años (semana arriba o abajo) me encontraba por primera (y probablemente última) vez en mi vida en la provincia de Ciudad Real. Atónito observaba como un tipo orgulloso me mostraba unas torres, acabadas en unas antenas colocadas en su parcela. Ese tipo era el dueño de la casa adyacente me explicaba a mí y a otros que me acompañaban, lo chanantes que eran sus torres y cómo eran lo mejorcito que podía permitirse cualquier radioaficionado a la última. En ese instante recuerdo que pensé que llevaría a alguién a tener semejante hobbie, y de qué coño hablarian unos radioaficionados con otros ¿no tenían telefonos?, ¿internet?...


Ese pensamiento de duda me duró milesimas de segundo ya que ese tipo, me tenía literalmente comiendo de su mano. El día antes, justo el día que me lo presentaron, se había casado vestido de Elvis. No contento con dejarnos asistir a dicho bodorrio, nos surtio con toneladas de caviar cómo explicarnos a Be., Gu. y a mí, cosas como las diferencias entre las diferentes biografias publicadas sobre Elvis y convenientemente cotejadas en cuales, (usando palabras textuales) - se echaban más mentiras. -. No me veo capaz de transcribir la cantidad de cosas chanantes que pasaron ante mis ojos en aquel fin de semana y que quedan grabadas a fuego en mi caprichosa memoria. Aunque pueda parecer lo contrario, no tengo más que palabras de agradecimiento y parabienes diversos con ese muchacho y sus padres, que nos invitaron al día más feliz de su vida solo porque ibamos a la facultad con su otra hija. Seguramente la mejor boda a la que asistire en mi puñetera existencia, mas que nada porque no conociamos a nadie y nos daba todo igual.



Hoy me he acordado precisamente de esas torres, de cómo todos los adelantos más o menos científicos terminan antes o después convirtiendose en artículos de ocio. Esta reflexión a la que he llegado ha sido a causa de ver como mi hermano configuraba y probaba el nuevo GPS que tiene que instalar en su coche. Verle correr por toda la casa de un lado para otro, mientras comprobaba como se registraban sus movimientos por sátelite me ha causado verdadera pena. Aún no he visto a nadie jugar con penicilina(*), pero todo se andará...

5 comentarios:

  1. (*) Aunque si he visto jugar con otros fármacos y derivados. Por ejemplo, también tengo noticias de banda que hace cosas raras con mercromina. pffffffffffffffff

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  2. ¿con mercromina o cristalmina?
    Creo que hay cuatro tipos de personas:
    1.Los que se echan mercromina roja (valga el pleonasmo) para que su herida llame más la atención, recreándose en un medicamento naïf y ochentero(todo el mundo sabe que los noventa fue la década del yodo. Pero consiguen que sus cuentos bloggeros tengan esa mezcla de ternura y ferocidad que tanto nos gusta a algunos.
    2.Los de la cristalmina, que son unos sosos y pretenden que sus costras se vean "tal cual son".
    3.Los del yodo...siempre correctos, sin más.
    4.Y un tipo especial, los que se arrancan las costras y se las comen (o por lo menos lo han hecho en su infancia)...

    Caperucita feroz

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  3. ¿La mejor boda a la que has asistido o asistirás?

    Decidido, te tacho de la lista de invitados.

    Pd.- Tenemos que quedar que el otro dia hablé con el Guadalupo y me comentó que le apetece volver a quedar.

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  4. A Caperuzita: Ah, pues vale.


    A Radagast: Mi abulense amigo, como no vayais tú y tu txurri disfrazaos de pagüerpacs creo que os quedareís en un segundo plano. En caso de cumplirse dicho requisito asistiré encantao, este invitado o no.

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  5. La familia materna de Gachas procede de Royal City. Gachas ha sufrido y padecido muuuucho yendo a Royal City en la infancia. De ahí su aversión por la secazón.

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