lunes, julio 25, 2005

Curso básico de interpretación de sueños VII

Aquí vamos de nuevo a contar chorradas que he soñado recientemente.



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Las cordenadas temporales se ubicaban en la ciudad de Londres, donde estaba el hogar de mis abuelos (en la vida real situado en Aluche). Allí iba con mi primo O. y otro colega de un pasado olvidado. La casa de mis abuelos en Londres (joder es que suena tan raro... ójala fuese así) nos servía para hacer una escapada findesemanera mientras ellos estaban en España. El caso es que tras haber pasado todo el día pateandonos la ciudad llegabamos al cálido hogar con la intención de descansar un rato antes de volver a salir. Pero una vez dentro, eche un ojo a la chepa en busca de mi mochila y desde ese instante todo se transmutó en un clima de puro terror. Ya que no estaba donde debiera, por lo que me la habían guindado o la había perdido.



Al parecer dentro de la mochila estaban mis documentos de identidad, dinero, tarjetas de crédito, billetes de avión de vuelta y todo aquello que me separaba de ser un 'ilegal' en tierra extranjera. La histeria se apodero de mis actos. Zarandee a mis compañeros de viaje en busca de información - Recuerda, ¿Dónde es la última vez que la has visto? - Dando vueltas a mi cabeza sin perder un instante salí corriendo para ver si se me había caido en el camino. Nada en las escaleras, el portal, la calle, la estación de metro de Trafalgar-escuer (nostamal la keli de mis agüelos) hasta que saliendo del metro por último pregunté en un kiosko de prensa (tipicamente español) y lo hice en español. El kioskero me hizo ver que no entendía ni jota y tuve que replantear mi pregunta en inglés. Tras este incidente de desubicación lingüística me dí por vencido y regresé al hogar.



Allí estaban mis dos compañeros con la mochila despollandose de risa. Se trataba de un bromazo que me habían gastado. Lejos de la reacción lógica de asesinarlos in situ, me sentí tan aliviado que únicamente me dediqué a abrazar la mochila entre lágrimas de alivio, recuperarme de las recientes taquicardias y aguantar estoicamente mi condición de pardillo para el resto del viaje. Pero a partir de este instante es cuando el sueño se vuelve realmente interesante, pues propongo con mi primo recoger un poco la casa. Cuando llegamos al dormitorio de mis abuelos en el hueco detrás de la puerta encontramos un inmenso montón de restos de paella. La primera reacción fue dudar de los hábitos higiénicos de mi propia familia, es decir llamar a mis abuelos 'guarros' con todas las letras. Pero mi primo sacó la excéntrica idea de que eso era precisamente comida que había dejado mi abuela en el suelo para nosotros. Y alargó la mano en busca de un bogavante que le devolvía una coquetona mirada de complicidad.



Al cogerlo y viendo que le faltaba la parte posterior (la cola) y tenía signos inequivocos en la cabeza de haber sido succionado con sumo placer por alguién, la teoría se desmoronó y el asco que sentimos nos hizó bordear los límites del vómito. Entonces como chicos responsables nos pusimos a limpiar esos pútridos restos de paella con nuestras manos metiendolos en bolsas de basura. En un instante miré mis propias piernas y comprobé como tenía los pies, la sandalias y las pantorrillas llenas de restos descompuestos de paella. Esa imagen me hizó sentir una arcada de asco tan vívida que me desperté en ese momento.



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Con esto termino por hoy. Agur

1 comentario:

  1. Ir corriendo por Londres en estos tiempos,sin saber el mínimo inglés para entender que a tus espalda la poli te está gritando que te detengas...quieres que te vuelen la cabeza?

    c.s.v.

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