martes, julio 05, 2005

The amazing adventures of Lift-man

La mini-crisis de hoy viene causada por mi peculiar situación laboral o más bien a su ausencia. A estas alturas ya no voy a engañar a nadie, estoy cobrando el paro y bien a gusto que estoy sin hacer nada de provecho. Pero esta idilica situación tiene un serio incoveniente; soy incapaz de desechar el complejo de culpa judeo-cristiana que se me inculcó gracias a una educación católica (jamás podre agradecer esto lo suficiente). Así que de vez en cuando me dedico a bucear por las páginas de infojobs por si me encontrase con el trabajo de mis sueños. Obviamente no es así y me encuentro miles de cosas para las que no estoy cualificado y muchas otras de teleoperador y comercial que no me interesan en este momento (ya vendrán las épocas de carestia).



Aún así la culpa hace que me inscriba en alguna oferta aún sabiendo que no me va a interesar. Este ha sido el caso de hoy. Una simpática muchacha me ha llamado para concertar una entrevista para un puesto de teleoperador. Las condiciones eran tope prometedoras: 40 horas semanales, turnos rotativos de mañana-tarde-noche, dos findes currados por mes, y pagando lo mínimo que estipula el convenio colectivo de teleoperadores. Pero aún quedaba otra condición interesantisima, no había horarios fijos ya que me encargaría de suplir a los demás compañeros, lo cual era genial ya que según me ha explicado (cuando la he interrogado al respecto) esto conllevaba que una semana podía currar dos o tres días y compensarlo a la semana siguiente dandome un palizón currando nueve o diez dias seguidos.



Wow! ¿Cómo decir que no cuando casi gano más pasta sin hacer nada? Pues bien fácil. La muchacha ha sabido tocar justo la tecla adecuada, cuando me ha explicado que lo que tendría que hacer era currar en servicio técnico de reparación de ascensores. La mente se me ha quedado en blanco ante la perspectiva de poner añadir otra sandez mas a mi ya de por si graciosísimo curriculum vitae. Así que tenía concertada la entrevista para mañana. Cuatro décimas de segundo después de colgar me he arrepentido hasta sentir asco de mí mismo. He mirado el numero grabado en la memoria del móvil y he llamado para anularlo alegando falsas excusas. Ahora me vuelvo a sentir culpable por mi absoluta vagancia y desinterés por curros de medio pelo. Aún así no me juzgueis duramente, si hubiese sido verdaderamente trabajar de ascensorista pongo la mano en el fuego que curraria incluso como becario sin cobrar un maravedí. Eso si que debe ser un curro txanante!

7 comentarios:

  1. Ese tipo de trabajos ni dignifica ni resuelve nada. Tienes mi apoyo incondicional.

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  2. Sé firme y no dobles la rodilla ante los remordimientos. Escapa mientras pueda, como dicen los gitanos "Si el trabajo es salud, viva la tuberculosis".

    Saludos.

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  3. unos días viendo mi "frenético" ritmo de vida harán que te avergüences de sentirte culpable por tan poco
    c.s.v.

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  4. por cierto que a mi también me encantaría ser ascensorista,pero con algunas condiciones:tendría que ser un ascensor de los antiguos,con rejas a través de las cuales se pueda ver bien el hueco de la escalera;y de ningún modo me pondría el uniforme de oficial austro-húngaro.
    c.s.v.

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  5. Total, que debido a tu abrumadora vagancia finalmente nos quedamos sin resolver uno de los grandes misterios de la humanidad: ¿¿Como diablos meten los ascensores por la puerta??

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  6. Creo que te vendría bien trabajar en un Bingo. Tendrías un montón de historias tristes que contar y además estarías todo el día tocando(te) las bo... ¡qué suerte la de algunos, aaay!

    Ida.

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  7. Ningún “trabajo ennoblece o dignifica” a no ser que tu tradición judeo-cristiana sea tan vehemente como la de Dña. Teresa de Calcuta.
    No te engañes Pablo (ni tú Nexus), en general el trabajo siempre envilece. Además esa frase debió de inventársela algún amoral aristócrata (protestante), para aprovecharse de tipos con sentimientos de culpa como tú.

    Marxila Ficina.

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