martes, junio 21, 2005

Canción triste de Jil estrit

La actividad que me había propuesto para salir de casa y que la bendita polución madrileña llenase mis pulmones era ir a cortarme el pelo. Es mi deseo que mientras tenga tiempo suficiente y ganas, continuar acudiendo a la peluqueria de mi prima-tia-algo (¿cómo se llama la prima segunda de la madre de uno?) como he venido haciendo desde siempre. Sencillamente porque es el sitio donde más me gusta como me lo cortan. Aunque tenga que desplazarme hasta la exótica Entrevías (me niego a denominarlo Asamblea de Madrid) Lo cual me produce un extraño placer, ya que es una barriada que me agrada. En esta época del año los jubilados (que son legión) a primera hora de la mañana pasean a sus anchas con sus trajes veraniegos, sus gorrillas (o palpusas los más radicales) mientras canturrean entre dientes coplillas radioléeras.



Una vez dentro de la peluquería fui vilmente colado en medio del tinte de otra clienta que estaba a medias. Como es habitual en mí, al estar en una época de mi vida en la que no puedo justificar de cara a un familiar bajo ningún concepto que diablos estoy haciendo con mi vida, recurro a la táctica de apabullarles con toda suerte de proyectos abstractos de futuro, que espero que maquillen el hecho de mi patente inútilidad vital.



Una vez pasado este tramite, la otra clienta entró en nuestra conversación. E hilando un tema sobre otro sacó a colación que el perro que tenían sus suegros en Ávila, iban a tener que sacrificarlo por que sufría probremas de corazón. Por lo que el pasado fin de semana ella y su marido habían ido al pueblo para despedirse del txutxo. Entonces nos ha narrado con perfidia como a su conyuge le caían los lagrimones como puños al estar con el perro por última vez. Mi prima-tía ha declarado que es algo puede comprender muy bien e incluso yo reconozco que un perro es algo sagrado, por lo que llorar por esto es de lo más digno. Por supuesto, la narración de los hechos no ha causado el efecto deseado. Como un rayo la mujer ha intentado volver a dar la vuelta a la tortilla de la comprensión, haciéndonos ver que la realmente sensible era ella y como no puede evitar llorar por cualquier cosa. Como por ejemplo no podía evitar llorar con los resúmenes del nuevo Operación Triunfo, con cita textual: - Pero es que me da una pena ver que no los cogen, incluso a los malos. - He mirado para arriba bujcando una mirada complice y ver quién aguantaba más tiempo antes de despollarse de risa. Lo dicho, Entrevias es un barrio que mola.

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