lunes, mayo 09, 2005

A veces las falsas esperanzas es lo único que tenemos

Como ya debierais temer al ser hoy lunes lectivo y al haber ido a la facultad tocaría mi tópica entrada sobre el autoacabamiento, la vejez, la soledad entre tantos jovencitos a los que aventajo en experiencia(por decir un eufemismo cualquiera). Pero no ese palo no lo tocaré hoy ya que ha sucedido todo lo contrario, he salido del centro docente de educación superior más animado que nunca.


La razón es que hoy me he encontrado con gente de mi quinta, en este caso Pa. a la que obviamente ya daba por casada con hijos, con una situación de explotación laboral encauzada etcétera, etcétera. Como ella es de las que se licenció con rápidez (al sexto año o así) esperaba que hubiese sentado la cabeza. Me ha enseñado su título de licenciada, que es lo que había ido a recoger y repasando los conocidos comunes, en este caso todos licenciados, me he percatado que todos sin excepción siguen igual, sin trabajo, sin futuro, sin nada que llevarse a la boca en el pernicioso mundo real. Puede que sea que yo sólo soy cápaz de entablar relaciones con gente tan disfuncional como yo, pero en cualquier caso como dice la sabiduria popular "mal de muchos consuelo de tontos", y yo al menos siento que he hecho algunas cosas más que mucha de esta gente. Dejadme regodearme en mi propia autocomplaciencia.

Después he ido a Moncloa a una de los muchos negocios de repografía para fotocopiar unas cosas. Lugares que me producen una extraña suerte de fascinación. El típico sitio donde trabajan las típicas niñatas que se creen supermonas pero que al menos a mis ojos son unas horteras, bordes rozando lo maleducado y encarnando todas las acepciones que se me ocurren de la palabra vulgar. Sí, estas en lo cierto en el platonico mundo de los ideales encarnarian el manido tópico de la Ordinaria de instituto. Quizá ayudase mucho a mi percepción de la realidad que en el gárito sonase una canción de Melendi.


En definitiva para un autentico pesimista nato como yo, el tener un día en que lo que me embarga es el sentimiento de ser mejor que muchos hace que considere que ha sido un buen día. Además de vuelta a casa me encuentro con que la piscina esta a punto de llenarse y por tantola temporada se ha vuelto a abrir. Todo guay, si no fuese por mis achaques alérgicos.

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