domingo, mayo 29, 2005

La Marca del mutante

Rápido y fácil.


Hoy en el trayecto Atocha-Sol de metro me he encontrado nada mas pasar las puertas correderas con una muchacha treinteañera que ha llamado mi atención nada más entrar. Quizá por que iba enfundada en un ceñido traje de licra color blanco, que ha llamado mi atención porque a pesar de que sus pechos no eran excesivamente prominentes, iba marcando como un "ejemplar" autentico. Es decir empitonada o dicho de otro modo igualmente soez con los pezones duros como gomas de borrar.


Una vez mis feromonas habían hecho el trabajo localizador, me he percatado de que la acompañaba un maromo de cuarenta y algunos, más feo que picio, con un traje de nylon veraniego (chaqueta y pantalones color crema) que aprovechando la barra se arrimaba a la gatxi tanto como podía. En ese momento aposte a que bajarían en Anton Martin sin duda rumbo a la Filmoteca (como después pude constatar).

El tipo, que entraría en cualquier descripción de cuarentón intelectual, sabía jugar con maestría todas sus bazas para llevarse a esa moza al catre usando todas sus armas. Sin duda sabía que si quería mojar tenía que usar la táctica ruín de pavo culto y sensible. Yo que aún tengo mucho que aprender, mientras hacía como que leía un tebeo sin pasar una sola página en todo el trayecto, iba tomando notas de cara al futuro.


Mi héroe de la tarde sabía que su misión era escuchar los speechs de la muchacha y contestar siempre de modo conciso y de forma interrogativa. Con lo que lograba dar la impresión de estar atento, perceptivo y aportando sus ideas en una fluida conversación(totalmente de pega). La mujer hablaba de su trabajo en una finca de cultivos y horticultura en general. En el momento que yo llegaba ella explicaba toda serie de prejuicios contra los trabajadores temporales que allí recolectaban o veté tú a saber qué... Al parecer había mucha imigración. Él únicamente decía la palabra precisa para que ella no sintiese que era un soliloquio en este caso
-Entonces, de Rumania? -

Ella por fín se sentía comprendida y alegaba que sí, pero lo que más abundaban eran los gitanos, que tenían el serio inconveniente de que no respetaban el lugar donde habitaban y lo dejaban todo hecho un asco. Él (en este momento ya sabía que estaba ante un maestro del díficil arte de la ruindad)la interrumpió para soltar
- Sin duda una lógica reacción a la violencia sufrida.
- y acto seguido callandose como un ermitaño.


Ella divagaba sintiendose segura y feliz sobre todo tipo de nimiedades laborales; que si antes cultivaban secano y regadío pero que ahora los responsables sólo estaban interesados en regadió, rotaciones de cultivos por barbecho y todo tipo de vanalidades. Él totalmente crecido y sabiendose triunfador solo soltaba sentencias tales como
:- Y también guisantes? -

- El otoño es la época de la calabaza? -


En Anton Martín se apearon sin duda con la intención de tragarse alguna obra fundamental de algún cineasta del tercer mundo, pero yo con una sonrisa de autocomplaciencia volví a sentir que adoro las cordinadas espàcio-temporales que me han tocado vivir.


P.D. Como yo con esyo tengo bastante de buen grado os cedo las anécdotas sobre los buenrrrollistas solidarios o la explicación embutida con calzador sobre lo qué es un Gay Temático...

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