sábado, marzo 05, 2005

Qué coño es la retrocontinuidad?

El segundo día de este extraño finde, comenzó con la vista relampago al Reina Sofía para ver el Guernica, comprobar que debe ser un sitio genial para ligar con extranjeras (para aquellos que tengan facilidad para estas lides entre los que lamentablemente no me incluyo) y acto seguido fuimos a tomar un café con unos colegas del rollo de la noche pasada.


Me gusto taco como un conocido y su primo estaban super-preocupados por encontrar algún modo de educar a la hija sordomuda de su cha-cha extranjera. Que hasta ahora solo podía comunicarse por señas. Su preocupación le había llevado a comprarle unas cartas con letras del abecedario y dibujos ilustrativos (ibid. la T y un dibujo de un tomate) y como eso no creaba más que otros problemas, ya que cada letra tenía distintas tipologias y por ejemplo la efe se podía representar de varias maneras distintas). Esta conversación me pareció realmente naïf y posmoderna. Estaba embelesado con la disertación, pero lamentablemente el camarero tuvo un traspies y derramo todo nuestro pedido (incluyendo un empalagoso batido natural de fresa) sobre uno de ellos. Después llegó más gente y la conversación derivó a otros temas de menos interés.


Después nos disgregamos y yo me fui con algunos selectos de cañas y tapeo por la zona centro. Terminando en el mítico bareto "Los amigos" que cada día me parece más genial. Después de comer y beber como marquesos fuimos a un concierto de Cooper, a los que no tenía el gusto de conocer. Y que sin ser el acabose, se ganarón de sobra el precio de mi entrada. A la salida el cansancio acumulado hizo mella en mí y tuve que replegar al hogar. Mi avanzada edad no perdona.


Mañana más.

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